Buenas,
Seguimos con la campaña de
“El Anillo Único, Segunda Edición; Relatos de las Tierras Solitarias” y ya la
cuarta parte. La profecía de Rael se va cumpliendo, el Ojo del Arquero ya asoma
en el cielo y los personajes viajan a rescatar a un vecino de Bree a la ya
conocida Tharbad, nido de víboras.
Si vas a jugar esta
aventura/campaña como jugador, no sigas leyendo, por favor, o te arruinaras la
experiencia.
Este rolato lo realiza Manolo
(Bruno Bajoárbol) desde un punto de vista de narrador omnisciente en tercera
persona:
... ... ...
PRÓLOGO I:
La tierra no tiene rey... Sin rey ni leyes, los hombres
deben hacer su propia justicia y, con demasiada frecuencia, no la aplican con
sabiduría, sino con fuerza bruta.
PRÓLOGO II:
En Tharbad, encrucijada del sur de Eriador, Gwilleth (o
más bien, la mujer que se hace pasar por Gwilleth) encendió por cuarta noche
consecutiva la vela, colocándola en el alfeizar de la ventana en ruinas de lo
que hace siglos debió ser una casa de pescadores. Comprobó que la carta seguía
oculta en la vieja chimenea. Ese maldito Jon no aparecía, tres noches sin
responder. O Gurnow le había cogido, o ignoraba, adrede, su llamada o había
muerto... solo la última opción dejaba fuera de peligro a Haleth/Gwilleth, así
que planteó como escapar de Tharbad y volver a su amado norte...
... ... ...
En la posada del Poni,
entre jarras espumosas y risas estridentes, los héroes compartían relatos de
antiguas gestas. La atmósfera era cálida, pero el clamor de la plaza irrumpió
en la calma del lugar. Era domingo de mercado y, desde fuera, llegaban gritos
airados y maldiciones.
Durthor, el enano guerrero,
y Ramnulf el Joven, el guardián beórnida, salieron al encuentro del alboroto.
Ante ellos se extendía una muchedumbre iracunda que clamaba por la sangre de
"Jon el Salteador", el bandido capturado en su anterior aventura y
entregado a las autoridades. Entre la multitud, Twyc Hojaverde, alguacil de
Bree, alzó la voz. —Bien merecida tiene la soga —dijo—, pero pensad en Borlas,
el zapatero, que languidece en una oscura mazmorra de Tharbad sin juicio ni
justicia. Si Jon dice ser amigo de Gurnow, podríamos canjearlo por el pobre
hombre.
Durthor y Ramnulf hablaron
con firmeza, logrando apaciguar a la turba. Twyc, conociendo su valía, les
confió la tarea de escoltar al prisionero y negociar con Gurnow, pues ellos ya
habían tratado con el Capitán del Puente y eran veteranos en las artes del
comercio y la espada. Los héroes aceptaron sin vacilar.
Tomaron el Camino Verde
hacia el sur. Seis días de viaje los esperaban. En el segundo día, el astuto
Jarno, acompañado por el inquieto Bruno, encontró un sendero oculto que les
permitió atravesar tangencialmente las Quebradas del Sur, ahorrando camino.
Cuatro días después, las lluvias habían convertido el camino en un lodazal, y
Naelorin, el sabio elfo, erró en la elección de la senda. Perdidos en veredas
fangosas, los héroes terminaron exhaustos.
Al quinto día, cuando
ruinas de númenoreanas se alzaron al este como testigos de un pasado glorioso,
la melancolía anidó en sus corazones. Jon, aprovechando un descuido, pensó en
escapar, pero la mirada acerada de Jarno y Bruno le hizo desistir. Esa noche,
junto al fuego, el pícaro Jarno logró sonsacarle la verdad al bandido: había
traicionado a Gurnow tras robarle un pequeño tesoro. Una bruja montaraz lo
había usado como espía, pero el ambiente en Tharbad se volvió irrespirable, por
lo que huyó al norte y volvió a la vida de bandido, sirviendo a Osmer el
"Mago".

Alcanzaron las Piedras
Vigilantes, donde, según Naelorin, antaño los elfos de Eregion celebraban
festines nocturnos. Allí aguardaba Orothel, la montaraz que había empleado a
Jon y a la que conocían de la aventura con Nelly Brazoslargos. La mujer les
explicó que esperaba noticias de su espía en Tharbad, pero Jon nunca había
acudido. Después de debatir muchas estrategias, decidieron dejar a Jon con
Orothel mientras entraban en la ciudad para negociar la liberación de Borlas
sin entregar al bandido. Además, debían contactar con Haleth, la hija de
Orothel, quien se hacía pasar por Gwilleth, exploradora de Tharbad.
En la ciudad, el teniente
Tom Cobrizo les garantizó una audiencia con Gurnow. Pasaron la noche en la
Posada del Puente, pero Ramnulf, el beórnida, cayó enfermo y hubo de recluirse
en su habitación. Mientras tanto, Jarno y Bruno desafiaron el toque de queda
para dejar mensajes a Haleth en los puntos de encuentro acordados.
Cuando al fin se
encontraron con Gurnow, Jarno distinguió a Haleth disfrazada entre los
cortesanos. Con sutiles gestos, la dúnadan le indicó que guardara silencio. Los
héroes negociaron una entrega especial de sidra Bajoárbol, tras lo cual, sin
más rodeos, comenzaron la ardua tarea de conseguir la liberación de Borlas.
Gurnow se mostró reacio, pues valoraba el arte del zapatero, pero tras una
intensa negociación, aceptó liberarlo por 10.000 peniques de plata, que Durthor
y Naelorin pagaron con dinero y joyas.
Al anochecer en uno de los
puntos de encuentro, Haleth les reveló que seguiría espiando mientras Jon no
fuese entregado y la mascarada de Gwilleth se mantuviera. También hallaron una
misiva suya, fechada un mes atrás, dirigida a los montaraces.
A la mañana siguiente,
escoltaron a Borlas fuera de la ciudad con la compañía de Thurnow, el hijo de
Gurnow. El zapatero narró sus desventuras, mencionando un cliente que le
encargó unas botas amarillo brillante, por lo que había venido a Tharbad para
compra el cuero.
De regreso en las Piedras
Vigilantes, liberaron a Jon con la promesa de que abandonaría el bandidaje.
Orothel leyó la nota de Haleth, que hablaba de un hombre llamado Déor,
sospechoso de haber tratado con enanos, entre ellos el hermano forajido de
Floki, amigo de Durthor. Orothel pidió ayuda para cazarlo, y los héroes
aceptaron.
Mientras Borlas regresaba a
Bree con Jarno como escolta, ya que que se sentía responsable de su vecino, el
resto siguió la pista de Déor por el río. La primera noche, en el cielo
nocturno, un resplandor verdoso surcó los cielos. No era una estrella. Era el
Ojo del Arquero. El recuerdo de la profecía de Rael llenó de inquietud sus
almas.
Continuaron la caza y al
sur del Ángulo encontraron la barca de Déor oculta entre matorrales, el rastro
seguía rumbo noreste, por los agrestes andurriales hacía las montañas. Ramnulf,
Durthor y Orothel siguieron el rastro con habilidad y se dieron cuenta que había
una partida de orcos que también seguían, por delante de ellos, a Déor. En un
momento dado, el grupo de orcos se dividía en dos, parte de ellos cambiando de
ruta hacia el noroeste. El resto continuaba persiguiendo a Déor.
El rastro los llevó a una
colina donde hallaron un cadáver con un bastón de endrino clavado en el suelo y
un jirón de tela negra. Cuando se acercaron, el cuerpo resucitó con bramidos
oscuros y nigrománticos. Desde la base de la colina, orcos y trasgos emergieron
y atacaron. Eran trece, contra solo cinco héroes.
Lucharon con fiereza.
Orothel mató al caudillo, mientras Durthor caía inconsciente y Ramnulf, herido,
daba cuenta del último enemigo. En la cueva de los orcos hallaron parte del
tesoro de Moria y un medallón de hierro oscuro con un ojo sin párpado, un amuleto
de enviado de Mordor que Naelorin destruyó en la forja de Bree. También
encontraron un medallón de caparazón de Fastitocalon, similar a los que vieron
entre los Losoth en la Isla de la Madre y cuyo significado era “amistad”.
Intentaron seguir el rastro
de Snava y sus orcos, pero el sendero se perdió en la inmensidad de la tierra y
ni con ayuda de Orothel y los montaraces lo lograron. Sin otra opción,
volvieron a Bree, donde descansarían antes de proseguir la búsqueda de Amon
Guruthos...
... ... ...
EPÍLOGO:
Dîs, hija de Thráin, se asomó al balcón de su mansión en
las Ered Luin, esculpida y pulida en la misma roca de la montaña. Desde allí,
la vista se extendía sobre el valle que ascendía desde el oeste, pero su
atención no se posaba en la tierra.
En el cielo nocturno, libre del resplandor de la luna
nueva sumida en su letargo, una estela espectral hendía las alturas de norte a
suroeste. No era un simple fulgor errante, sino un resplandor verdoso que
trazaba un arco ominoso en su descenso, semejante al eco de una muerte
olvidada. Algo antiguo despertó en su alma al contemplarlo… No era una estrella
común. Era el Ojo del Arquero, y con él traía pesares.
Seis noches llevaba cruzando el firmamento, y si las
nubes o el brillo de la luna no lo velaban, parecía dispuesto a seguir
dibujando su estela sobre el satén negro de la noche por mucho tiempo más…
Entonces, recordó la conversación con Tarkún, el Mago
Gris, dos días atrás, cuando había cruzado sus salones desde el este. Una
colina negra, solitaria en el infinito blanco del Forochel… ¡Maldición! ¿Por
qué aquel recuerdo le quemaba la mente?
Alzó de nuevo la vista al cielo, y una chispa se encendió
en sus ojos. Sin dudarlo, tomó su chaqueta de lana de cabra y partió rauda
hacia la fría cámara de registros…
... ... ...
Y finiquitado el rolato de la
aventura “No atacar sin motivo”, nos quedamos en las puertas de las dos últimas
de esta campaña. Tengo muchas ganas de jugar y resumiros las dos últimas (sobre
todo la última que me parece dificilísimas y épica en igual medida). Además, ya
tengo entre mis garras el suplemento de Moria, con lo que ya sé a futuro dónde
va a encaminarse la campaña general :)
A continuación los
personajes, en el estado actual después de las subidas y cambios de la Fase de
Comunidad:
Aventureros de Sombras sobre Eriador V.11.
Marcados
saludos.-