Aventuras en la Marca del Este, un retroclón español de la caja básica de D&D.

El Clan del Lobo Gris, aventureros proscritos, los últimos de su clan.

Estas son las crónicas de nuestras aventuras, con este magnífico sistema.

viernes, 28 de enero de 2011

Primera Aventura

Buenas,
Pues nada, al final estrenamos Aventuras en la Marca del Este. Para tan fasto evento, decidí comenzar con la clásica “La Fortaleza en la Frontera”, con mi copia de Dalmau. Éramos siete, yo y seis jugadores. Dos veteranos (Pufo y Fabi), dos con un par de años de experiencia en el rol (Miri y Manolo) y dos novatos para los que esta partida era la primera y segunda, respectivamente (Natalia y Pablo).
Les deje empezar con nivel dos y se hicieron los siguientes personajes:

- Miri: Robbert Reed, un mago bastante completo (buenas características), pero con pocos recursos mágicos (vamos, como cualquier mago de nivel bajo), pero se las apañaba bien con su ballesta ligera y su bastón (y sus bonos de DES y FUE de +2/+1).

- Natalia: Omadon, un paladín muy resistente y carismático, y con un puntito canalla. Aunque en el fondo cede a su parte buena (y de hecho salvó a Kinino de una muerte segura), hábil con su escudo y su bastarda.

- Pufo: Keldon Barandor, un explorador rural-rural, bajito (1,60m), cejijunto, con acento muy rural, vamos, que acabamos imaginándonoslo todos como Bonilla (el actor). Es bueno, sobre todo, con el arco. Lo que no le viene mal, por ser un poco cobarde.

- Manolo: Kinino, un ladrón hábil y sobre todo fuerte (17), un elemento indeseable de los bajos fondos de Robleda. Lucha con una daga de plata y un hacha de mano, una en cada mano.

- Pablo: Luzandoriel, un elfo de Esmeril, noble y recto, hijo de un Gran-Guardia de Esmeril, aunque un poco usurero. Igual de hábil con la magia que con su espada larga y su arco.

- Fabi: Alexander, pelirrojo clérigo de Velex. Serio, responsable, hijo de una de las más importantes familias de Marvalar. Apertrechado con su armadura completa y su fe.

Bueno, el caso es que muchos hacía tiempo que no nos veíamos. Y hubo un cachondeo general y la verdad es que nos costó avanzar. Nos lo pasamos muy bien, nos reímos mucho y todo fue muy divertido, pero avanzar, lo que se dice avanzar, no avanzamos. Así que lo dicho, ya que me leéis todos:

“EL PRÓXIMO DÍA MENOS CACHONDEO Y MÁS ROL :P”

Bueno, os dejo con el resumen “rolatado” que ha hecho Miri:


Todo comenzó una tarde soleada. Nuestros héroes, después de una intrépida aventura, iban camino de Robleda, guiados por su compañero Keldon, que les terminó por extraviar en Bosqueacebo. Viendo el retraso que esto les iba a acarrear, decidieron acudir a la mítica Fortaleza de la Frontera, cuando de repente, oyeron un ruido extraño que les despertó curiosidad.

Su sorpresa fue encontrar a cinco hombres lagarto asaltando dos carros de comida y a las familias de granjeros que los llevaban a través de un pantano justo a medio día de viaje de la Fortaleza.

Por supuesto, nuestros jóvenes aventureros no podían permitir tal aberración, por lo que decidieron entrar en acción y llamaron la atención de los asaltantes para que dejaran a los campesinos seguir su camino, pero lejos de hacerles caso, uno de los hombres lagarto remató a un valiente campesino que intentaba defender a su familia.

Los primeros en cargar fueron Alexander, el clérigo, y Kinino, el ladrón, quienes no obtuvieron mucho éxito en su valiente hazaña. Al ser parados y esquivados por las criaturas del pantano, los dos bravos aventureros se dispusieron a encajar el ataque de los hombres lagarto.

Desde lejos, Omadon, valeroso paladín de Marvalar, se dispuso a usar su arco largo, pero en vez de detener a los hombres lagarto, el Sol le cegó y su flecha se clavó en la pierna de Alexander.

Ahora es el turno de los híbridos, y uno de ellos golpeó a Kinino, que, en lugar de lamentarse, le dio con su espada al líder de los asaltantes.

El mago Robbert y el elfo Luzandoriel, que estaban a unos 20 metros en la retaguardia ajenos a todo lo que estaba sucediendo, se dieron cuenta del peligro que asolaba a sus amigos y se unieron a la batalla. El mago lanzó un conjuro de Dormir, dejando tan sólo despiertos a dos de los siete hombres-lagarto, quienes, en lugar de acobardarse y huir, se embravecieron y volvieron a la carga.

Uno de ellos decidió atacar a Kinino, al que dejó moribundo. Alexander atacó al lagarto que acababa de dejar K.O. a su amigo, pero falló. Keldon también lo intentó, pero de nuevo, fue un ataque en vano. El elfo Luzandoriel, antes de que se despertara el líder de sus enemigos, decidió rematarle con su hacha.

El joven paladín, preocupado por su pícaro compañero que se hallaba tendido en el suelo malherido, salió corriendo en su busca y le intentó curar con su Imposición de Manos. Mientras tanto, Robbert sacó su arco intentando proteger a sus compañeros de aventuras asestando un flechazo en el hombro al lagarto que se disponía a rematar a Kinino, lo que enfureció de nuevo al enemigo, que en lugar de rematar al ladronzuelo inconsciente, decidió atacar al joven que le estaba intentando curar, Omadon.

El otro asaltante atacó a Alexander y consiguió darle, aunque simplemente le causó una herida leve.

Nuestro valiente elfo, finalmente decidió que era mejor atacar a los enemigos que estaban despiertos, puesto que les estaban causando muchos problemas a sus compañeros, así que se acercó al que acababa de golpear al clérigo de su grupo, y de un hachazo consiguió matarle. Entre tanto, Keldon, nuestro explorador, sacó su arco y remató al ya herido híbrido que quedaba en pié.

Una vez pasado el peligro inminente, el clérigo curó a Kinino, que recuperó la consciencia, y el paladín se curó a sí mismo la herida superficial que le provocó el hombre lagarto.

Luzandoriel remató a los asaltantes dormidos antes de que se despertaran y les registró por si tuvieran algo de valor cuando, para su sorpresa, encontró colgado del cuello del líder dos colgantes de oro que fácilmente podría vender por unas 200 monedas de oro.
Robbert y Keldon se acercaron a hablar con los campesinos y les intentaron tranquilizar, aunque después de lo acontecido, era una ardua tarea.
Alexander encontró a uno de los granjeros moribundo y, tras una oración a Velex, le curó mágicamente la herida. El agradecimiento del granjero y de la mujer no se hizo esperar.

Cuando los dueños de los carros se recompusieron, les contaron a nuestros valientes héroes que antes de que les asaltaran, iban camino de la fortaleza que está al norte a llevar los carros con comida que han recolectado del huerto para venderla. El grupo de aventureros, por supuesto, se ofrecen para acompañarles a dicha fortaleza, ya que ellos también se dirigen al norte.

Después de un largo camino, finalmente, llegaron a su destino, en el que, después de un breve reconocimiento y unas cuantas preguntas y advertencias por parte del Sargento de la Puerta Sabin, nuestros aventureros consiguieron adentrarse en la fortaleza y se dirigieron a la posada, “El Viento del Jabalí”. Después de tal aventura, necesitaban comer y ¿por qué no? Refrescar un poco la garganta con algo de vino especiado.

Entre el vino y el ambiente, nuestro amigo ladrón se envalentonó y decidió hacerse con las medallas que había conseguido su compañero elfo, pero con tanto vino, su destreza debió disminuir, y no sólo se dio cuenta Luzandoriel, sino que también se dieron cuenta dos guardias del castillo y el alguacil Felder, los tres fuera de servicio, que preguntaron a Kinino si estaba intentando robar a su amigo, a lo que él respondió textualmente: “No, sólo buscaba cariño para esta noche”. Como era una defensa poco creíble, la guardia preguntó directamente a la víctima de intento de robo si le estaba molestando el joven ladronzuelo, a lo que el altivo elfo respondió que sí. Los demás miembros de la compañía enseguida intercedieron para que la guardia no se llevara preso a su amigo y consiguieron que le dejaran libre.

Al haber llamado tanto la atención, se acercó un hombre con piel olivácea y pelo muy largo y moreno (parecía medio visirtaní), que se presentó como Izvaral, clérigo, y ofreció a nuestros héroes salvar a una princesa secuestrada que se encontraba en unas cavernas cercanas “Las Cuevas del Caos”. No hay que decir que, llenos de valor, nuestra compañía aceptó tal responsabilidad y quedaron en la salida de la posada al alba e Izvaral dijo que acudiría a la cita con dos acólitos suyos con voto de silencio.

Cuando parecía que los ánimos estaban más calmados e intrigados por el misterioso hombre que les había ofrecido el encargo, los héroes se prepararon para una nueva aventura cada uno a su manera: Robbert estudió su libro de hechizos, Alexander salió de la posada y rezó en la iglesia local, así fue como conoció al Sacerdote Épsilon, un clérigo majestuoso, tuerto y que le expresó la desconfianza que tenía para con Izvaral. Kinino jugó al póker de dados junto con Omadon y el alguacil del castillo, y Luzandoriel salió a tomar el aire y entrenó con el arco con unos soldados de la fortaleza que además, sabían algo acerca de las cuevas a las que se disponían a dirigirse al alba. Éstos, además, le comentaron al elfo que no había sido secuestrada ninguna princesa, sino que fue un hombre el que fue secuestrado y que las cuevas son muy peligrosas, sobre todo los altares de la misma. Cuando obtuvo la información que quería, Luzandoriel se fue con sus compañeros a contarles todo y decidieron ir igualmente a las cuevas, pero estando alerta y sin quitar ojo de encima al hombre misterioso.

En el Viento del Jabalí conocieron a Godar Cervecero, el tabernero, que tras un par de tragos, les contó que, según se dice, hay montones de armaduras mágicas en las cuevas del sur. El hijo del tabernero, Golmar, les contó que un elfo de paso por la Fortaleza, desapareció en las cuevas hacía una luna, más o menos.

Hablaron, charlaron, bebieron, y ya en un ambiente más discernido, se enteraron de que el castellano de la Fortaleza es el Barón Clint Davanae, un hábil guerrero muy bien aconsejado por un extraño elfo y un misterioso escriba.
Para relajarse antes de una más que probable dura batalla, Robbert, Luzandoriel y Omadon le echaron el ojo a la hija del posadero, Janna, que finalmente decidió retozar con Luzandoriel a cambio de una moneda de oro, y a pesar de haber dicho que estaba comprometida con uno de los soldados de la guarnición y seguir siendo dama, a Luzandoriel le pareció que la moza era demasiado diestra en las artes amatorias.

Después de descansar y dormir en la sala común de la posada, nuestros héroes se despertaron y fueron hacia la salida… Una nueva aventura les esperaba...

Gracias Miri, te debo los Px que te prometí :)
Marcados saludos.-

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