Aventuras en la Marca del Este, un retroclón español de la caja básica de D&D.

El Clan del Lobo Gris, aventureros proscritos, los últimos de su clan.

Estas son las crónicas de nuestras aventuras, con este magnífico sistema.

lunes, 2 de diciembre de 2019

Los Pecados del Padre


Buenas,

Pues otro rolato más de la campaña de Symbaroum Salvaje. De hecho, la adaptación de una aventura de Savage Worlds ed. Aventura, “Los Pecados del Padre” a Symbaroum. Dado que en nuestra campaña ya había salido la Cacería Salvaje (AQUÍ), me pareció buena idea volverla a sacar, como sale en la aventura traducida por HT. Además, que me pareció que podía encajar bien con Ambria, en un pueblecito cercano a Davokar.

El “rolato” le toca hacerlo a Sergio desde el punto de vista de su personaje Fenyek, el veterano trasgo (uno de los pocos que queda desde el principio), que terminó la infernal noche en Waldorf con tres heridas y sin Benis (sí, cambié el nombre del pueblo).

Pues nada, rolato de la aventura Los Pecados del Padre, que, si vas a jugar, obviamente no sigas leyendo.

... ... ...

PRÓLOGO

“Preparad para sus hijos el matadero
a causa de la inquinidad de sus padres;
que no se levanten y tomen posesión de la tierra
y llene de ciudades la faz del mundo”

... ... ...

- Ayayayayay. Por los dioses, déjame descansar cerda endemoniada... Vamos a ver Kverula, ¿si te consigo esas berzas que tanto te gustan me dejaras tranquilo? Está bien, tenemos un trato. Ayyyy. Bueno vamos al mercado.

Las heridas que sufrí en el último viaje no se han cerrado del todo y las costuras que mantienen mis tripas en su sitio me tiran cada vez que me muevo. Y todavía me puedo considerar afortunado. Está claro, los trocalengos me traen mala suerte. A ver si Dakeyras, Magdala y Bartelom arreglan sus asuntos y nos acompañan en el siguiente viaje porque creo que los humanos ahuyentan la maldición trocalenga de algún modo. Es eso o ellos se llevan las peores heridas. La verdad es que me vale cualquiera de las dos opciones.

El paseo hasta el mercado resulta dificultoso, largo y más complicado de lo que esperaba. Igual que nuestra última aventura.

Todo empezó muy bien. Era el típico trabajo de guardias de caravana. Teníamos que proteger una caravana que se dirigía desde Fuerte Espina hasta una nueva guarnición que el Duque de Nueva Berendoria había establecido un poco al oeste de Kurun.

El viaje de ida fue tranquilo y rutinario. Llegamos hasta Kurun, cruzamos el río y llegamos a nuestro destino. Grande fue mi sorpresa al descubrir que la guarnición se trataba en realidad de un extenso campamento militar ocupado en su mayoría por mercenarios bárbaros.

Ummm, es muy curioso lo de estos ambrios. Se supone que todos son leales súbditos sujetos a la corona, pero mi olfato me dice que algunos desean estar menos “sujetos”. Angar, nuestro noble trocalengo, tuvo roces con algunos de los soldados. Alguna diferencia política por lo que comentó, vamos cosas de ambrios, bueno y de trocalengos en este caso. Desde luego he dormido en pocilgas donde se respiraba mejor ambiente que en esta supuesta guarnición.

Una vez cumplida nuestro cometido, recibimos la paga acordada y decidimos volver a nuestro hogar, pero aquí fue cuando la mala suerte trocalenga me empezó a perseguir. Poco después de abandonar el campamento descubrimos que un grupo de cinco jinetes nos seguían. Nos desviamos al norte de nuestra ruta original para ver si se trataba de simples viajeros o si tenían un interés especial en nosotros. Por supuesto, los jinetes se desviaron de la ruta y nos siguieron. Durante todo el día intentamos perderlos, pero nuestros perseguidores resultaron ser tenaces y muy competentes a la hora de moverse por los senderos campestres. Finalmente decidimos tenderles una emboscada para terminar con este asunto antes de que nuestras provisiones se agotasen en una larga persecución. Establecimos un falso campamento, aparentemente sin vigilancia. Cuando nuestros perseguidores lo asaltaron, nosotros caímos por sorpresa sobre ellos. Tras interrogar al único superviviente que dejamos, averiguamos que se trataba de un grupo de bárbaros que habían visto como nos entregaban nuestra paga en el campamento. Decidieron que asaltarnos y robarnos era mucho más rápido y fácil de esperar a que les pagasen su soldada.

Apenas un día después de este incidente, nos encontramos con un buhonero llamado Aswyn que recorría las aldeas de la zona vendiendo sus artículos. Resultó ser un buen hombre y decidimos compartir campamento con él. Mientras compartíamos hoguera empezamos a contar historias y como no, de nuevo la mala suerte trocalenga hizo su aparición.

... ... ...

Para cubrirnos de la llovizna y del viento del norte habíamos acampado junto a un enorme y viejo árbol y descubrimos algunas pequeñas estacas clavadas en él. Mi instinto me pedía a gritos que nos alejáramos de allí o que cortásemos ese extraño y solitario árbol. Pero Lynae (trocalenga y bruja tenía que ser) se empeñó en que lo respetásemos. Pues bien, mientras cenábamos junto a la hoguera Aswyn empezó a contar un viejo cuento acerca de árboles donde los antiguos symbáricos practicaban sangrientos rituales de fertilidad para asegurar las cosechas. El ritual consistía en drogar a un voluntario, abrirle el pecho y clavar sus tripas en las estacas. A continuación, el pobre desgraciado corría alrededor del árbol hasta morir. Y cuantas más vueltas diese mejor sería la cosecha. Mientras me alegraba de ser un trasgo (los trasgos no serviríamos para ese ritual) el jodido árbol cobró vida y decidió que seriamos un estupendo abono para sus raíces. Maldita bruja, maldito árbol, maldito Aswyn y malditos todos.

Me costó mucho, pero finalmente acabé con esa endemoniada criatura. A pesar de las protestas de Lynae me hice una buena hoguera con sus restos. Abominaciones arbóreas a mí...

Aswyn nos agradeció que salvásemos su vida y nos indicó que cerca de allí se podía cruzar el río puesto que había un ferry y un barquero que prestaba servicio. Y solo un poco después de cruzar el río podíamos llegar a un pueblo llamado Waldorf, donde podríamos descansar y reponer nuestras provisiones. El pueblo no tenía pérdida, puesto que se extendía a los pies de una ciclópea columna, recuerdo de tiempos pretéritos. La columna era tan colosal que se veía a muchos kilómetros de distancia.

Así nos despedimos de Aswyn y continuamos camino. Cruzamos el río sin problemas y tal y como Aswyn nos había adelantado, la lejana figura de la colosal columna nos guio hasta Waldorf.

Nada más entrar en el pueblo notamos que el ambiente estaba enrarecido. De nuevo la maldición trocalenga.

Al acercarnos a la posada (“La Gran Columna”, pues a los pies de esta estaba construida) encontramos a una multitud reunida a sus puertas. Al parecer la noche anterior se había encontrado el cadáver de una moza del pueblo, una tal Merewina. Todo el pueblo estaba revolucionado por este hecho.

Angar nos abrió paso hasta el salón principal de la posada entre todos los curiosos. Y allí descubrimos el motivo de la aglomeración. La moza que apareció muerta estaba prometida con uno de los caciques de Waldorf, un tal Broga, pero por lo visto la muchacha estaba enamorada de otro muchacho del pueblo. Y el muchacho en cuestión, Hraefen ese era su nombre, estaba en la posada ahogando sus penas en alcohol, acompañado de su mejor amigo Edwin, mientras el resto del pueblo murmuraba a su alrededor, unos considerándole culpable del crimen y otros compadeciéndose de él.



Angar, muy decidido a ejercer sus deberes como noble ambrio, se sentó junto al afligido enamorado y empezó a indagar en las circunstancias de la muerte de Merewina. Averiguamos que el padre de la muchacha, Gifre, había prometido su hija a uno de los hombres más ricos del pueblo, el tal Broga. Pero ella no quería a este hombre, muy mayor y muy conocido y temido en el pueblo por su pasado violento (era veterano de la Gran Guerra) y por el grupo de matones que siempre le acompañaba.

Pudimos sacar en claro que la pareja de enamorados había acordado escaparse del pueblo, pero cuando el mozo fue a reunirse con la moza, la encontró muerta en los establos desde donde iban a partir (pertenecientes a Edwin). Como todas las autoridades del pueblo (incluido el teúrgo de Prios) habían salido en busca de una banda de bandoleros que tenían atemorizada la región, los habitantes del pueblo estaban indecisos sobre qué hacer. Sin embargo, todos parecían seguros que cuando llegase el prometido, éste exigiría el castigo (el linchamiento más bien) del lloroso enamorado.

Por empeño de Angar tomamos la causa del joven como si fuese nuestra y empezamos a investigar para tratar de hallar al culpable. En el establo dedujimos que la muchacha había muerto estrangulada, dadas las marcas en su cuello. También observamos que la chica se había intentado defender y que su atacante seguramente tendría marcas de profundos arañazos. Y por las huellas que había cerca del establo también supimos que alguien muy pesado y con pies pequeños se había acercado hasta el establo para alejarse posteriormente corriendo... El tendero del pueblo nos aseguró que el queso (que entre otras cosas, encontramos en el carromato) se lo había vendido él a Hraefen, y que pareciera que el joven no iba a volver por Waldorf por cómo se despidió.



Como era una mera cuestión de tiempo, el temido prometido, Broga, se presentó en el pueblo. Al poco nos encontramos en medio de una acalorada discusión entre él y Angar. Angar trató de hacer valer su noble cuna (¿os he dicho que es un trocalengo?), el furioso prometido hacía valer su condición de cacique. Y para rematar la situación Angar nos tenía a mí y Lynae, mientras que el enfurecido pueblerino tenía una docena de matones con pinta de viejos soldados. Vamos, todo muy halagüeño.

No sé cómo, pero Angar consiguió tiempo hasta la vuelta de las autoridades, que dada la situación ya fue mucho. El furioso prometido se largó a su finca campestre con su grupo de matones vociferando todo tipo de amenazas.

Durante la discusión observamos que bajo la cota de malla del adversario de Angar se veían unos vendajes, ¿tal vez resultado de los arañazos infringidos por la moza? Lo planteamos, pero todo el mundo parecía aseverar que Broga no podía haber sido, ya que él era el más beneficiado de la celebración del matrimonio, ya tendría tantas tierras (con la granja de Gifre), que podría optar a ser el nuevo condestable de la comarca.

Como no nos fiábamos ni un pelo del prometido, decidimos quedarnos en la granja de nuestro joven amigo Hraefen, pequeña, de una sola sala y con apenas terreno para un pequeño cultivo, unas gallinas y una piara de cerdos. Sin embargo, como soy muy inquieto no podía quedarme esperando acontecimientos, así que decidí ir en busca de pruebas que incriminasen a ese fantoche gritón de Broga.

Al caer la noche Kverula y yo salimos, primero me dirigí a la casa que el cacique tenía en el pueblo. Al no hallar nada útil, me dirigí hacia su finca en el campo, pero apenas me había alejado del pueblo media hora cuando casi tropecé de frente con el cacique y su tropa. Sin ningún disimulo se dirigían hacia el pueblo portando antorchas. Fue fácil suponer a donde se dirigían, así que les seguí sigilosamente con la esperanza de sorprender a ese paleto vociferante y parar así a su tropa.



Por supuesto este grupo se dirigía a casa de nuestro amigo. Cuando iniciaron el ataque vi como Angar salía a defender la puerta de la casa enfrentándose a cinco matones. Otros cinco guiados por el hombre de confianza del cacique, un tal Selwyn, rodearon la casa. Aproveché ese momento para sorprender al paleto. Y de nuevo la maldición trocalenga lo jodió todo. Creo que pisé una rama, porque el tipo se dio la vuelta y consiguió desviar mi lanza, aunque aun así logré herirlo. Y a continuación me devolvió la cortesía, con tan mala fortuna para mí que casi me parte por la mitad. Apenas me sujeté las tripas, y mí pecho ardía como el fuego del Inframundo por la crudeza de su golpe.

Sosteniéndome a duras penas, vi como Angar acababa con los matones de la puerta y fue a hacer frente al cacique. Pero éste demostró ser un cobarde, comenzó a pedir perdón, que se había dejado llevar por el dolor de la pérdida y que se iría, pagando si hacía falto en táleros, su pecado. Angar dudó, y no pudiendo resistir la furia atacó. Pero Broga en verdad si que era un veterano. Resistió el ataque de Angar y a continuación logró herirlo de gravedad.

Viéndome al borde de la muerte, en un arrebato de desesperación, ataqué con toda la furia que pude reunir y logré atravesar con mi lanza el corazón del maldito paleto. Desde su paletilla hasta que mí lanza asomo por su pecho...

Al morir su líder los matones supervivientes huyeron. Cuando vimos aparecer a Lynae acompañada por nuestro joven amigo casi lloré de alegría. Hasta que de nuevo la maldición trocalenga hizo su aparición.

Mientras intentábamos hacer las primeras curas a nuestras heridas y dormíamos un poco, nos despertó un sonido que nos heló la sangre. Hacía muchas lunas que había escuchado ese sonido y recordé una fría noche de lluvia en un camino perdido al norte de Templorrecio. La Cacería Salvaje había sido convocada, pero esta vez nosotros éramos las presas. Quien sabe, tal vez fuese el padre de la moza, que había perdido a su hija, su honor y su dote. Tal vez nos culpaba de sus desgracias y trataba de buscar venganza arrastrándonos al infierno.




Agotados y gravemente heridos, tuvimos que tomar una decisión. Dudando si correr, coger los caballos o guarecernos... en cualquier caso deberíamos aguantar al menos dos horas, hasta el amanecer. Decidimos refugiarnos en el santuario de Prios que se hallaba en el pueblo. Angar dirigió la carrera y nos llevó hasta el santuario. En las calles de Waldorf tuvimos que hacer frente a los primeros mastines de la Cacería. Cuando el primero cayó, se transformó en Gifre, el padre de Merewina. ¡Qué horror reflejaban sus rasgos!

Llegamos al santuario, donde nos hicimos fuertes en una de las celdas para los monjes. Allí, nosotros tres junto con nuestro joven amigo y el iniciado que había quedado a cargo del templo, nos refugiamos e hicimos frente al terror.

Fue una de las noches más largas de mi vida. Mientras en la puerta hacíamos frente a los mastines demoniacos, el Maestro de la Cacería echó abajo el muro de la celda y nos atacó por la espalda.



Heridos y cansados, solo la desesperación nos mantuvo en pie hasta que acabamos con el último de los mastines y con él el Maestro se esfumó, como transformado en cenizas o humo... Menos mal que la mala suerte trocalenga no hizo que estuviéramos solos en la abadía, y el novicio de Prios vio como las bestias se transformaban en humanos... Sí no me da en mí preciosa nariz trasga que nos hubieran tomado por asesinos.

Los pelos se me ponen de punta al recordarlo y desde entonces tengo terribles pesadillas.

Malditos sean los trocalengos y su mala suerte.


... ... ...

EPÍLOGO:

En una pequeña granja al sur de Jakaar, a orillas del Volgoma:

Nigra araba la tierra, en breve se pondría a recoger las berzas y le reportarían algunas monedas en el mercado ambrio de Jakaar... Pero cada vez la costaba más, su redonda panza cada vez estaba más abultada, y el esfuerzo era mayor... Cuanto más desde que Mogga la había abandonado con casi todos los beneficios obtenidos del cofre de la “Dama del Río”... Pero bueno, al menos tenía una pequeña granja, muy pequeña. A veces miraba al lago y echaba de menos sus días de trotarríos, mucho... Pero volvía a tocar su tropa, en menos de una luna daría a luz, y esa no era vida para una criatura... En su fuero interno sabía que iba a ser una pequeña trasgo... Ya sabía hasta el nombre, se llamaría Fenya, en honor a su padre...

Nigga se agachó y levantó con dificultad para echar la última berza al cesto... Pronto sería verano, pronto serían dos bocas a alimentar...

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Bueno y hasta aquí el rolato de esta sesión a la que sobrevivieron no sin bastantes cicatrices nuevas (sobre todo Angar y Fenyek). Creo que la siguiente será una cortita y personal para cerrar el tema del robo de Nigra y Mogga y quizá cierta espada por ahí perdida...

Y, como siempre tras un rolato, el estado actual de los PJs, ahora en vez de ordenarlos alfabéticamente, están ordenados alfabéticamente sí, pero primero vivos y al final los ya muertos:



Marcados saludos.-

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Guardianes de la Codicia

 


Buenas,


Y otro rolato más de la campaña de Symbaroum con Savage Worlds, comienzo, por así decirlo, de la “Temporada 2”. Y para comenzar esta segunda temporada (cerrados ya bastantes hilos en las últimas de la anterior temporada), una aventura cortita (5 horas jugamos) y personal, basada únicamente en el trasfondo de dos de los personajes.


El “rolato” le toca hacerlo a Óscar, y lo hace desde el punto de vista de su personaje Angar de Styrkia, y desde el de Dakeyras llegado cierto punto.


Me encantan estas aventuras con pocos jugadores y sobre temas del trasfondo de los mismos, porque ayuda mucho a explorarlos (historial, motivaciones, relaciones entre ellos, etc.). Bueno os dejo con la lóbrega aventura que les aconteció a estos dos en la ciudad de Kurun, Ciudad de las Siete Calles.


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PRÓLOGO


“Hay en nuestras sociedades enemigos muy espantosos, a saber:

la especulación, el agio, la metalización del hombre culto, el negocio;

pero sobre éstos descuella un monstruo que a la callada destroza más que ninguno:

es la codicia del aldeano”


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ANGAR


Qué magnifico animal, propio de un gran caballero, pero no sirve parecerlo, sino demostrarlo con hechos, pocas horas me separan de mi objetivo, pronto encontraré la espada del Conde Johannes, el mandoble de mi abuelo.


Un sonido de cascos me pone en alerta, la figura de un hombre encapuchado hace presencia detrás de mí.

–Dakeyras, ¿eres tú? La providencia guía nuestros pasos y nos hace compartir camino, me dirijo a Kurun ¿y vos?

–A las buenas de Prios Angar, casualmente negocios guían mis pasos hacia allí, si no tiene inconveniente compartiremos camino, mi arco le será útil en el camino igual que su espada me servirá a mí, si le parece bien.


Y por la casualidad o por la providencia de Prios, dos comparten el camino Dakeyras me pide desviarse del camino, será poco tiempo, pues tiene asuntos que solucionar en la comarca donde se encuentra la aldea de Arruga, me da la impresión de que por alguna razón Dakeyras no gusta de dejarse ver, parece como que oculta algo, pero no me ha dado motivos aun para desconfiar de él. Llegamos Arruga a una humilde posada, como me comentó Dakeyras se puso manos a la obra con sus negocios que al parecer comparte con el tabernero, el asunto trata de vender unas tierras que tiene en propiedad y pretende sacar un buen dinero por ellas, me pareció lícito y que no tenía nada que esconder.





Calentamos nuestros estómagos con unas humildes pero sabrosas salchichas, y probamos una sidra local que no estaba del todo mal, no fue una mala noche. Dormimos a resguardo en la vieja granja propiedad de mí compañero. Sucia y polvorienta, pero cómoda.


Al día siguiente partimos con premura y nos pusimos rumbo a Kurun la ciudad de las Siete Calles. Al llegar tuvimos que descabalgar pues el tumulto de gentes era enorme, una voz se alzaba sobre todo el bullicio, era una voz seria, fuerte, y tajante.


Estábamos siendo testigos de un ajusticiamiento. En una de las plazas se había construido un patíbulo, en el arrodillados con las cabezas en tocones había tres personas, una vieja, un hombre de mediana edad y un joven de unos 18 años. Además, sobre el patíbulo, estaban el Manto Negro Nicomo Lanseli y su verdugo, Argolai. El Manto Negro estaba relatando los pecados de los tres ajusticiados: pactos con las fuerzas corruptas, hechicería, demonología y otras vilezas. Abajo, entre todo el gentío, se podía ver a una comitiva de guardias que controlaban al populacho. De los tres ajusticiados, solo la vieja parece estar calmada y tranquila, el hombre de mediana edad lloraba y vomitaba y el muchacho no hacía más que gritar que era inocente y, tardíamente, renegaba de falsos dioses y solo decía “creer en Prios”.





Una tras otra las cabezas de los condenados rodaron por el suelo, hasta que el arma del verdugo se alzó para dar el golpe de gracia al joven imberbe y fue en ese preciso instante cuando otra voz se elevó sobre las demás... -¡Nicomo Lanseli! ¡Mantonegro Nicomo! ¡Pare esto un momento!


El verdugo detuvo su golpe mortal, y se quedó mirando al Mantonegro. –Disculpe mi atrevimiento, no sé si me recordara, ya nos conocíamos, y me pregunto si no hay cabida para el perdón para una joven alma que se arrepiente de una equivocación- era Dakeyras el que había hablado interrumpiendo la ejecución. -Si, me acuerdo de ti, pero yo soy quien erradica la corrupción allí donde reside, y ya he tomado una decisión- contestó el inquisidor.


Al ver el ímpetu de Dakeyras por salvar al joven del ajusticiamiento, y la negativa por parte del Mantonegro, que si soy sincero no me terminaba de dar buena espina, un verdadero siervo de Prios ha de asegurarse antes de actuar y quitar una vida, intervine, y no sé si fue por mis palabra, o las de Dakeyras pero el populacho se puso de nuestro lado exigiendo y aplaudiendo ante una nueva oportunidad para el joven reo. El Mantonegro no tuvo otra opción que conmutar la pena y liberar al joven bajo juramento de solo adorar a Prios y abandonar falsos ídolos, mantenerle vigilado, so pena de volver con sus huesos al cadalso.


El bullicio del populacho fue inmenso, mi corazón se enorgullecía de un acto tan noble llevado a gran puerto.


Nos despedimos de Nicomo con gran respeto, y la promesa de compartir unos vinos.


Quedaban pocas horas para que el sol se escondiera, Dakeyras estaba interesado en el mercado de la población, pero tendríamos que esperar hasta la mañana siguiente, que según nos comentó una vecina, era día de mercado.


Buscamos un alojamiento, la posada El León Rampante nada demasiado lujosa pero tampoco un cuchitril, no como el lugar donde había quedado con mi contacto. Cuando pregunté por la taberna La Rata Gris, el posadero me miró de arriba abajo y supuso que me importaba su opinión, decidió aconsejarme que no me acercara a ese antro ni a la barriada en la que se encontraba a no ser que buscase problemas, Dakeyras me sonrió y se ofreció a servirme de escolta entre las sombras.


Mi contacto era un tal Vaglio, en una posada de mala muerte “La Rata Gris” por un par de táleros me contó que una tal Giskay sabía algo de la espada, o al menos presumía de ello, “se la puede encontrar en el Borracho del Río, una taberna que al parecer tiene gran afluencia de personas distinguidas” me dijo. No me impuse de una forma tajante y esto hizo que Dakeyras me preguntara por qué no utilicé mi influencia y estatus de noble cuna, le confesé que, aunque de noble cuna no dispongo del favor de mi padre y no me gustaría arrastrar su apellido por lugares como La Rata Gris.


La noche estaba ya muy avanzada y decidimos volver a descansar, había sido un día ajetreado y el camino había sido largo, mañana iríamos al mercado y por la noche veríamos a la enigmática mujer en “El Borracho del Río”.


Con la fresca, nos levantamos, desayunamos algo ligero y nos pusimos en camino, pues no habíamos venido a Kurun a descansar. Acompañé a Dakeyras al mercado, estaba obsesionado por encontrar a un par de mujeres acompañadas por una niña y un bebé, al principio Dakeyras era reacio a contarme quienes eran, pero tras buscar y buscar, me confesó de que se trataba de su mujer y de su hija, acompañadas por una amiga con su bebé, por lo que entendí estaban en peligro. Tan concentrado estaba en la búsqueda que deje que me sobresaltasen las palabras de una voz conocida...


-Angar... ¡Qué sorpresa!, te hacía en Fuerte Espina... hijo mío.- El resto de la comitiva se acercó, entre todos eran como doce personas (dos de ellos esclavos trasgos con la boca cosida -costumbre de mí padre-, seis guardias y dos siervos), los otros dos eran el Conde de Styrkia, mí padre, y abriéndose paso apareció un hombre con aspecto oscuro, peligroso, pero ropas nobles y lujosas.

-Hijo mío, permíteme presentarte al Barón Maximiliam de Yndaros, con su nobleza y sus tierras recién adquiridas, en parte gracias a mí apoyo, para, así, contar con el suyo en la capital, donde es un tipo con habilidades muy... socorridas. Maximiliam, permíteme presentarte a mí hijo, me gustaría decir que mí mayor orgullo, pero en realidad, mí mayor vergüenza...-

Tras un silencio incómodo, Maximilian me saludó y se quedó mirando con altivez a Dakeyras que ya había dado dos pasos atrás y tensado el arco, los soldados de mí padre le rodearon y le ordenaron que tirase el arma, reconocí esa voz, era el capitán de la guardia privada de mi padre, “Dakeyras por Prios desiste de esta locura o te quedaras sin manos para poder tensar de nuevo tu arco”, Dakeyras desistió en su empresa autodestructiva, y al saludarme el conde añadió: -¿Os conocéis? bueno, pero que pequeña es Ambria.


Me arrodillé ante mí padre, le expliqué que estaba aquí por asuntos de gran importancia, pero con su indiferencia y bajo su severa mirada prácticamente hizo caso omiso a mis palabras. Pareciera que lo único que le motiva a hablar conmigo es humillarme en público, al menos se dignó a invitarme a cenar para ponernos al día, cosa que acepté sin dudar.


Algo más tarde y esperanzado, me dirigí junto a mi improvisado guardaespaldas a “El Borracho del Río”, Vaglio no mentía, el establecimiento estaba abarrotado, y los parroquianos ostentaban un estatus superior a la media de las gentes comunes con las que hasta ahora habíamos tratado, me dirigí directo hacia la tabernera, una mujer ya entrada en la cuarentena, ella y su marido llevaban el local y como es evidente de una forma activa y eficaz. La mujer se dirigió a mí para preguntarme que deseaba, pedí una botella de su mejor caldo, y con le vino en la mano le pregunté por la mujer que respondía por el nombre de Giskay, ya que por mi inexperiencia en tratar con tipos como Vaglio tan solo saque su nombre y donde podría encontrarla, pero de hecho desconocía su aspecto físico. Por lo que a mí respecta podría ser esta hermosa tabernera la mismísima Giskay y no saberlo. La tabernera me indicó un reservado de la planta superior y hacia allí nos encaminamos Dakeyras y yo.


Tras dar un par de golpes en la puerta, la voz de una mujer surgió para autorizarnos a entrar en la estancia, prácticamente sin iluminación, estaría prácticamente a ciegas si no fuera por el don que mi maldición de trocalengo me concede, vi a esa mujer pálida como la luna, sus ojos extraños, ojos de un brillo malicioso, con una esclerótica negra como la noche, y un iris de un refulgente amarillo, con un cierto toque serpentino.


-Adelante, adelante. ¿Qué motivos os traen a mi presencia?

-Vaglio me prometió que usted tiene información sobre el paradero de una antigua arma que pertenece a mi familia, a la casa Styrkia, mi nombre es Angar y soy el nieto de Johannes de Styrkia el último portador de Stotandust.

-Eso tiene un precio... Diez táleros, que no son nada para el heredero de tan magnífica casa... Pero antes de negociar, ¿queréis aliviados la sed?

Giskay sacó copas para tres, derramó en una de ellas un líquido rojo carmesí, espeso, demasiado espeso para ser vino...

-Traigo un obsequio una botella de un vino excelente, si quiere degustarlo, por mi parte beberé de este si no le resulta una ofensa, Dakeyras tu ¿Qué opinas?

Giskay olfateo levemente, con un gesto marcado, pareciéndome su nariz respingona más un hocico -Dakeyras creo que este manjar que yo te ofrezco no te es desconocido, y creo que es de tu gusto...

Mi cara debió ser un poema, perpleja cuando vi a mi compañero aceptar una copa de lo que, estoy casi seguro, que se trataba de sangre, y más aún cuando creo que él también conocía de lo que se trataba, y de que lo que nos ofrecía no era vino... aun algo sorprendido y contrito, Dakeyras aceptó con un leve asentimiento, y bebió de su copa el espeso néctar. Para cambiar de tema retome lo que me había traído aquí:

-No dispongo de tal cantidad ahora- Era cierto, pues mis ahorros habían menguado entre comprar caballo, provisiones, posadas y comidas...

-Te daría la información sin que me dieras tálero alguno, pero me deberías un favor, y siendo un caballero estarías obligado a cumplir tu palabra- la oferta estaba sobre la mesa.

-Te ofrezco seis táleros son todo lo que llevo, una pequeña fortuna- mí contraoferta también.

-Acepto las monedas si las acompañas de un par de tus bellos cabellos blancos que brillan a la luz de la luna. Seis táleros y dos cabellos largos que yo misma te quitaré.

Tras unos momentos de reflexión acepté el trato, no sin estar crispado por el hecho de pedirme cabellos, ¿para qué quería este ser claramente ya no humano mis cabellos? Las dudas me seguirán asaltando una temporada hasta que logre comprenderlo o lo olvide...


Al menos este ser bebedor de sangre cumplió su palabra, el mandoble estaba en poder de un cazador de monstruos, que al parecer se a granjeado una buena reputación como tal, el nombre de este cazador de monstruos es Gaedros, se hizo con ella en un túmulo de Davokar, al cazar a una abominación muy peligrosa. Al parecer es de origen bárbaro. Callado, misterioso, pero muy eficiente... no supo decirme más, sobre posibles localizaciones, o viviendas... (aunque más tarde cenando con el mantonegro me dijo conocerle, y que se movía entre Fuerte Espina y Kastor).


De regreso al León Rampante a solo unos cientos de metros de allí, mi atención se posó en un individuo que me chistó pidiéndome fuego mientras trata de encender su pipa, me acerqué a él, claramente era una emboscada. Rápidamente nos vimos rodeados por otros cuatro asaltantes y un sexto que según se acercó venía vociferando a mi compañero Dakeyras. Se trataba de un tal Karlio, al parecer un secuaz y matón de Maximilian, gritaba que de nada le  servirá huir, que había llegado la hora de pagar sus deudas.


Dakeyras no dio tiempo a más estupideces de su arco salió una flecha que fugazmente impactó contra el objetivo, Karlio era una pequeña fuente que intentaba escupir improperios entre borbotones sanguinolentos, ya que la flecha se había clavado en el cuello, no matándole por muy poco. Yo no pensaba en otra cosa que no fuera que no se cerrara su trampa y para ello tenía que causar bajas rápidas y letales. Por eso me abalancé sobre dos de ellos y lanzando un ataque rotatorio con mi arma hice retroceder a uno de mis atacantes, pero el otro no era tan hábil y perdió la cabeza con mí tajo ascendente. El “gancho fumador” se unió a la fiesta e intentó atacarme por la espalda, pero conseguí zafarme de su ataque traicionero y le arrebaté la vida con un nuevo golpe de mi hoja que seccionó su carótida, y terminó alojada entra las costillas del otro desgraciado, tres fuera, en apenas diez respiraciones. Miré por encima de mi hombro y vi que Dakeyras no había estado ocioso, pues en el suelo se encuentra otro de los dos bastardos que apoyaban a Karlio, este por su parte seguía intentando acercarse a mi compañero, no dudé y me interpuse en su camino, Karlio cometió el error de cruzar aceros conmigo, rechacé su ataque fácilmente y mi contestación no se hizo esperar. Mi hoja entró desde su entrepierna izquierda para salir de su cuerpo por el hombro derecho, Karlio cayó al suelo en dos direcciones distintas, una última flecha de Dakeyras arrebató la vida del último de los contrincantes, o no es así... Pasos, muchos pasos, como de diez o más se acercaban a toda prisa, quién sabe si la guardia o, más probablemente, otra tanda de asesinos...




Dakeyras levantó una alcantarilla y me hizo señas para introducirme en ella, “me fio de este hombre”, está claro que él había visto algo que a mí se me había escapado, me lancé a su interior, pero perdí la concentración por un segundo, un segundo que me costó caer de bruces entre las aguas fecales de la ciudad, herido solo en mi orgullo, miré hacia arriba con la esperanza de que mi compañero no hubiera visto tal torpeza por mi parte, una figura enjuta apareció entre la oscuridad de las cloacas.


-Rápido venid conmigo si queréis salvar la vida- este tipo había llamado a Dakeyras a escapar por las alcantarillas desde unas rejillas al píe de la pared del callejón.


Cloc, cloc, cloc, ese sonido nos acompañó, claramente el individuo necesitaba muletas o unos bastones para moverse, eso es lo que creía Dakeyras. La realidad era mucho más impactante pues se trataba de miembros de madera, ambas piernas seccionadas eran de palo, y con todo una muleta le ayudaba a andar, de ahí el triple “cloc cloc cloc” con cada paso. Este hombre bajito habrá tenido que sufrir una terrible desgracia, pensé.


Finalmente, tras recorrer las laberínticas alcantarillas llegamos a una puerta que guardaba su escondrijo, las escaleras bajaban empinadas, sin barandilla, abajo se veía una sala diáfana, olía a una mezcla de alcantarilla y productos químicos (cloroformo, éter, etc.). Había tarros con cosas extrañas flotando ¿fetos?, botes, calaveras como pisa papeles, componentes alquímicos colgados por toda la estancia... También había un trasgo, su ayudante al parecer, Manaroo. Él se presentó como Balliostro, era muy bajo (1,58m o menos), calvo, con vendas por todo el cuerpo, lo que le hacían parecer un leproso. Capucha tapando su destrozada cara. Le faltaban ambos píes y andaba apoyado en un cayado. Era médicus, estuvo a punto de entrar en la Ordo, pero se enamoró de una chica, Sianna, se casaron, olvidándose de la Ordo.




Era Médicus del pueblo y era feliz, porque también investigaba, eso llamó la atención de los Mantos Negros. Le investigó Nicomo, le atrapó y torturó, también a su mujer e hija (de apenas dos años), las cortó en trozos y se las comió delante de él... luego empezó con él, tras deformarle la cara y el torso, se comió sus pantorrillas y gemelo derecho. En ese momento llegaron más Mantos Negros y escapó, gracias a los conocimientos de medicina, sobrevivió. La historia que nos contaba era espeluznante.

-Nicomo Lanseli es un caníbal, se comió mis dos piernas, y parte de mi cara... he visto como mirabais la ejecución ¡Quiero que despedacéis a ese demonio! Ese tipo... Lanseli... No es humano, sino un demonio. Mira mis piernas, ¡mi rostro! ¡Él me destrozó, me desfiguró…! ¡Me devoró! ¡A mí familia también!-, poco a poco respiró tranquilizándose, -Obviamente tengo algo que ofreceros a cambio, yo tengo ojos y oídos por todo Kurun, y hace algo más de una semana vi como una mujer muy bella partía junto con otra también, pequeñita y guapa, junto a una niña y un bebe. En un carro... os diré hacía dónde, si matáis a Nicomo Lanseli y a su verdugo por mí.


Tras la descripción de su desgracia y como hombre de honor no podía pasar por alto las súplicas de este hombre que, momentos antes, nos salvó la vida, pues fue él, el que puso sobre avisó a Dakeyras y le indicó la ruta de escape por las cloacas. A pesar de todo yo tenía una cita con mi padre y no podía asistir de esta guisa, lleno de restos de barro, heces y mal olor, me dispuse a marchar con la promesa de regresar al alba, Dakeyras si hizo noche en compañía de Balliostro y su criado trasgo.


Me dirigí a la posada y a asearme de la nauseabunda inmundicia en la que momentos antes me había impregnado en las cloacas, la solución fue darme un baño en el río, y de esa guisa llegué al León Rampante, me cambié con la única muda que poseía, modesta, pero al menos limpia, por suerte, al menos, llegué a la cita a tiempo.


Con amabilidad y buenos modales, cené con mi padre, al menos la amabilidad que me ofrece mi padre cuando no hay nadie más delante es algo, fría, pero algo. Hablamos de cómo había ido este año que me he distanciado de la que hasta entonces era mi casa, al relatar como me enfrente a la gran bestia del río y como la hice huir, en una misión en Davokar bajo las órdenes del Ordo, me pareció vislumbrar en los ojos de mi padre un atisbo de orgullo, como me miraba antes del cambio, este orgullo se hace patente cuando mi invita a visitar madre y a mi añorada Ysolda, hermana ya queda menos para estrecharte entre mis brazos...


DAKEYRAS


Tras las primeras luces del alba compruebo que mi nuevo compinche ha vuelto al escondrijo de Balliostro. Puede ser un tipo estirado, un tanto racista, cosa que no me extraña tras el encuentro con su padre en el mercado, pero bueno, parece “hombre de palabra" no sé aún si fiarme totalmente de él, pues su padre parece tener un acuerdo con el odiado Maximilian, pero el hecho es que esta aquí, para ayudarme en la búsqueda de mi pequeña familia. Parece que para él la familia es muy importante, eso me da confianza, pero a la vez siembra en mí la semilla de la duda, pues ¿de qué parte se pondrá si por desventura nos enfrentamos a las fuerzas conjuntas de Maximilian y el Conde de Styrkia?


Planeamos el próximo movimiento para asaltar la casa del Manto Negro Nicomo con ansias de carne humana, es increíble pero mis habilidades no dan el fruto deseado callejeando por la ciudad, pero la información de Angar es precisa, y su disposición para la tarea total, no sé qué cenó con su padre, pero parece acudir a mí con fuerzas renovadas.


El plan está trazado, cenaremos con el Manto Negro, nos autoinvitaremos, y espero que no seamos nosotros la cena del infame Nicomo Lanseli.


Hemos vigilado su casa, tenemos puerta delantera y trasera controladas. Incluso una ruta de escape. Valoramos muchos cursos de acción, pero nos decidimos por el directo...


Nos plantamos en la entrada de la casa de nuestro anfitrión, un siervo nos abre la puerta y, tras la autorización de su amo, entramos en su hogar. Escudándonos en cuando nos conocimos en la campiña cerca de Pozohondo, y en cuando hablamos hace unos días en el patíbulo, logramos convencerle para “charlar”. Todo parece normal, la conversación en principio banal, se dirige en un momento hacia el caso del proscrito Balliostro, la expresión de los ojos de Angar en un momento dado me indican duda en mi compañero, ¿será el Manto Negro inocente de las acusaciones? Tengo que asegurarme antes de actuar, con la excusa de ir a la letrina, me escabullo y registro la casa, en la segunda planta, en un despacho, encuentro documentación donde Maximilian le pide ayuda para localizar a mi mujer e hija, no hay tiempo que perder, tengo que proteger a mi familia de este monstruo... Al regresar a la mesa Nicomo Lanseli se ha ausentado, pues suyos era los pasos que escuché y me pusieron en alerta.


Angar me indica por la puerta por la que desapareció, nos aventuramos escaleras abajo con una excusa a uno de los mayordomos. Nicomo nos invita a entrar en esa estancia de tortura y muerte, allí nos espera su vasallo y verdugo, un gran can negro y él mismo, preparados para la lucha. Rápidamente nos envuelve la violencia, mi objetivo está claro, y mis flechas vuelan como halcones hacia el mantonegro corrupto, desgarrando carne y haciendo brotar ríos de sangre, me embriaga una extraña ansia de sed al ver brotar el líquido escarlata, una tras otra las flechas impactan en Nicomo, que pese a tratar de embrujarnos con algún sortilegio corrupto termina refugiándose tras un pilar.


En un momento dado, recuerdo que Angar también está en el combate, miro por encima de mi hombro, hacia los sonidos metálicos que proceden de mi espalda, ese Angar lucha como un titán, me recuerda por un segundo a un gran amigo que perdí recientemente, de hecho y tras ver cómo eliminaba al verdugo, el espanto me sobresalta pues ha pecado de confianza y ha dejado que el enorme perro salido de los infiernos se abalance sobre él, desde mi perspectiva da la sensación de que le va arrancar la garganta de cuajo, pero con un asombroso movimiento, se zafa del ataque y desde el suelo y con el mango del mandoble aplasta el cráneo del animal. Nicomo aprovecha esta distracción para huir a otra habitación, le sigo y entre penumbras atisbo al bastardo, una última flecha acaba con su vida, atravesándole la garganta. Me dispongo a investigar la estancia, cadáveres colgados adornan la infame habitación (los mismos que viera decapitar en el cadalso hace pocos días), a su vez gritos de alarma procedentes de la planta de arriba, Angar haciendo acopio de fuerzas sale como una exhalación del sótano para acallar las voces incriminatorias, recojo del suelo la espada del Manto Negro como prueba para el pobre Balliostro, y que cumpla su palabra, también me invade la duda de si Angar podrá acallar a los dos siervos del Manto Negro.


Parece increíble y pese a la dificultad lo hemos conseguido, sin más muertos. Y parece que nuestra identidades quedarán en el anonimato, no conseguiremos el honor de que se conozca a los héroes que liberaron este mundo del Manto Negro caníbal y corrupto, pero el consuelo de hallar a mi familia sana y salva me reconforta. Acudimos a Balliostro, y tras pasar allí una noche nos preparamos para partir (mmm esa noche tengo pesadillas, oscuras, no duermo, intranquilo, y en ese duermevela, por primera vez me planteo si Balliostro ha podido utilizarnos y ser él el corrupto... ¡No!, ¡tonterías! Me ha dicho dónde está mi querida Valeria...).




Están en Hirot ¡qué imbécil soy! ¿Dónde si no?, mi carta ha llevado a mi querida, y mucho más ingeniosa que yo, mujer a lugar seguro donde mi escrito dará veracidad a su testimonio, y granjeará protección para ella y para el resto. Allí tengo viejos aliados, que si se presenta como mí mujer le darán cobijo...


No obstante parto junto a Angar hacía los peligrosos yermos de Nueva Berendoria, en tres días llegamos a Hirot y los recuerdos se agolpan en mí mente. Allí me reencuentro con ellas, Broegan las ha cedido una de las muchas casas vacías tras la maldición, no se puede decir que en Hirot haya carestía de vivienda. Valeria y Galda están actuando como costurera y partera respectivamente... En fin, abusaremos unos días de su hospitalidad y la de Jarl Broegan, bien merecido lo tenemos...


... ... ...


EPÍLOGO:


Una paloma surca los cielos llevando consigo la esperanza de que llegue el mensaje que porta a su destinataria en Yndaros.





Carta de Angar a Ysolda

(Utilizando un código personal que solo ella conoce, y que usaban de niños

y que sería incomprensible para cualquier otro que leyera la carta)


... ... ...


Bueno y hasta aquí el rolato de esta sesión y el comienzo de una nueva temporada. Según mis cálculos, la próxima también será cortita y sin mucho nexo con la trama que se abrirá poco a poco (aunque saldrá un tema que ya salió en las primeras aventuras) y tras esta, tengo la intención de que visiten cierta colina lodosa que afecta la mente de aquellos que en ella buscan tesoros...


Si el Manto Negro Nicomo era o no culpable de canibalismo, se decidió con una carta cogida por uno de los jugadores al azar y guardada a buen recaudo en una caja al principio de la partida. Si era Negra, sería “el malo”, si era Roja sería “inocente”, si era un Joker sería lo que los jugadores quisieran que fuera... Además, yo sí lo sabría al mirarla, pero ellos decidirían si lo quería saber (jugadores, que no PJs) o no... lo que salió si irá viendo reflejado en las partidas, de momento me lo guardo :) (los jugadores decidieron saberlo).



Y, como siempre tras un rolato, el estado actual de los PJs, muertos incluidos:




Marcados saludos.-