Aventuras en la Marca del Este, un retroclón español de la caja básica de D&D.

El Clan del Lobo Gris, aventureros proscritos, los últimos de su clan.

Estas son las crónicas de nuestras aventuras, con este magnífico sistema.

miércoles, 21 de enero de 2015

Crónica Walküre: El último mensaje del Dammerung





Buenas,

Hoy ponemos aquí el “rolato” de la última misión a Walküre, narrado desde el punto de vista del excéntrico Brian McGregor (personaje de Antonio). Como curiosidad decir que la misión se desarrolla principalmente en la Luna, la mía anterior “¿Conoces a Zorro Rojo?”, también, y esto sucedió preparándolas dos narradores distintos sin saber que el otro también preparaba una en la Luna, así pues, la tercera que vamos a jugar “Días Peligrosos” también es en la Luna... Nuestra particular “Trilogía Lunar” xDDDD

...

Era una fría tarde a las afueras de Zúrich, las montañas, desnudas antes, ahora visten de verde, las hojas vuelven a crecer, mientras paseo junto a mi fiel Edward por el bosque cercano a mi residencia, los pájaros revolotean sabiendo que pronto llegara el buen tiempo, y las ardillas, las dulces ardillas juegan entre los árboles. Lanzo un palo para jugar con mi fiel compañero pero me mira diciendo que eso no va con él, es listo el amigo. La armonía se vio truncada al sonar el móvil, parece que la gente de Oberón me necesita, y bueno, ellos pagan mis facturas y parece que el jefe tiene algo pensado.

Acudo a la hora prevista elegantemente vestido con mi kilt, sporran y chaqueta Argyll, y grata sorpresa de volver a encontrarme con los compañeros del último trabajo, O’Conner y Berg charlan mientras un enano esta tranquilamente sentado trasteando su tablet y otro tipo intenta ligar con la secretaria. Tras unos minutos de buen ambiente en que el compañero sueco se interesa por mi perro, la secretaria nos indica que la acompañemos para ir a la reunión.

Montamos al ascensor y empezamos a ascender, podre ver a mis amigos de la sexta planta pero extrañamente paramos en la tercera, la secretaria sale y el resto la siguen. ¿En la tercera? no tiene sentido. Todos están fuera, parados mirándome, pero… en la tercera??? Ains… les sigo.

En la entrada de la Sala de Reuniones está el Sr. Joubert despidiéndose de Sra. Kollwitz, y nos invita a pasar. Dentro una gran sala dominada por la mesa central y una mujer sentada en una de las sillas, el gran ventanal que cubre la pared nos enseña la deprimencia de la ciudad, el tráfico, el ruido, tanta gente... y en las otras paredes un pequeño mueble bar y varios cuadros, sin nada especial salvo un paisaje, una llanura verde y un cielo nuboso, algo se ve en el fondo, ahí están, les estábamos esperando. Son muchos pero nosotros luchamos por un ideal, por nuestra tierra. Robert Bruce nos da palabras de aliento, por Wallace, por nosotros, una única voz, una única garganta, un único grito, la ira y rabia de tantos años acumulada estalla, cargamos, corremos hacia ellos con una furia que no esperaban, espero al último momento para sacar mi claymore, a mi lado mi amigo irlandés O’Cooner con una espada en cada mano es el primero en llegar y destrozar las filas inglesas, de un fuerte golpe cae mi adversario y seguimos hacia adelante...

-Señor McGregor, por favor, tome asiento para que podamos empezar la reunión.
Menudo aburrimiento, al parecer el trabajo que nos tienen preparado es escoltar a la doctora Krumm ahí presente a unas conferencias sobre el cambio climático que se desarrollaran en la Luna, y velar por su seguridad durante su estancia. Además contaremos con la ayuda de John McNeall y Sigmund, que grata sorpresa es hermano, de Sigfrid Von Isenhart. También se nos unirá Effi, una estudiante y ayudante de la doctora y su secretario Carstem Milman. Parece que una célula del grupo terrorista Masada tenía información sobre varias personas relacionadas con el partido nazi, la doctora Krumm entre ellas, y aunque la Gestapo desarticulo esa célula y puso fin a la amenaza, la Sra. Kollwitz quiere que se proteja a su amiga por tranquilidad.

Resumen... volvemos a la jodida luna.

Me encanta volar, pero como piloto, como pasajero es cansino, tres días para preparar y camino a las Galápagos con un par de escalas. Durante los vuelos voy conociendo un poco a los nuevos compañeros, resulta que el pequeñín es un genio de los ordenadores y el americano un tipo con labia, un buen conseguidor, seguro que aportaran cosas buenas.

Miro al secretario, no me gusta, tan servicial, tan pegado a la doctora, maniaco obsesivo enamorado de la jefa, duerme ahora pero no te quitare el ojo de encima, no me fio. Es más, ¿por qué no amenizar el viaje?, me levanto de mi asiento y cojo mi mochila, saco la gaita de mi abuelo y la empiezo a montar, esto alegrara a la gente seguro. ¿Que toco?, algo clásico que todos conozcan, ya se... pero antes de empezar con los acordes mi amigo irlandés ha debido de emocionarse y vertido algo de su whisky mojando la gaita. Jaja, la de alcohol que habrá  bañado estos palos. Me dirijo al aseo para limpiarla un poco y un par de tipos se me quedan mirando, uno incluso hace el amago de echar mano a una cartuchera. Parece que tenemos ratas en el avión. Informo a mis compañeros y John comenta que él se encarga, se coloca la camisa y se dirige hacia una de las azafatas. Unos minutos de charla y vuelve con dos papeles, uno con los datos de los pasajeros y otro con el teléfono de la chica. Sigmund empieza a buscar y cotejar con diferentes bases de datos y resulta que las ratas son de la Gestapo, es normal su presencia en vuelos pero no que sean del grupo Antiterrorista. Nos prestan mucha atención, demasiada para el gusto de Ian.

Ascensor y a la lanzadera camino a la tierra de los selenitas. Durante el trayecto consigo hablar con el capitán y puedo disfrutar de parte del viaje en la cabina, mucho mejor, este es mi lugar y no en los asientos de ahí atrás. Pasajero, que palabra tan vacía, ganado que no es dueño de su destino.

Alquilamos un par de vehículos y vaya, problemas, parece que nos están siguiendo nos dirigimos primero a la sede de Oberón para retirar nuestras valijas con el equipo más “sensible” y seguimos para el hotel. Hotel decente, jardincito, buen trato, agradable si no fuese por el coche que hay afuera observándonos y la tarjeta de bienvenida que tenía la buena doctora en su habitación, una foto de un atentado con coche bomba que cometió Jericó en Singapur y un mensaje que dice “Este será tu destino”. Revisando huellas encontradas y las cámaras de seguridad identificamos a una mujer que la Gestapo conoce como Sonia y es miembro de la célula Jericó de Masada. Ya me jodería ser responsable de la seguridad de esta señora jaja, espera... mierda. Por suerte Edward tiene buen olfato para detectar explosivos. A dormir.

Soy el primero en despertar, cuidar de un animal tiene sus obligaciones, ducha rápida y al salir veo que Berg ha hecho guardia toda la noche en la puerta de la doctora, eso es dedicación, me gusta este chico. En el patio sigue el coche aparcado sin quitarnos ojo, en el desayuno se lo comentaré. Camino a la habitación dos señoritas jóvenes se despiden de Ian y Sigmund mientras guardan algo en la cartera, vaya vaya, resulta que el ruido de anoche no era la tele.

Logramos identificar a nuestros observadores como miembros de la Gestapo, pero si habían cerrado el caso de la doctora ¿qué hacen aquí? O’Conner tiene un mal presentimiento, y creo que intentara aclararlo por la vía rápida. Antes de tomar ninguna decisión Sigmund hace un par de llamadas tirando de contactos y nos dice que esta noche tendrá una respuesta.

Cuando Edward me dice que ha olfateado el coche y no hay nada, tomamos camino del centro de convenciones. Charla tranquila para tener unos pasajeros relajados, ausentes de la preocupación del coche que nos sigue, decido contarles una idea de Edward para solucionar el problema de oxígeno en la Luna y no tener que estar en cúpulas, y es de lo más sencillo, traer el oxígeno de la Tierra, total dejar sin oxígeno de 5.000 metros para arriba no causaría ningún problema y haría más habitable esta roca muerta. La doctora queda asombrada ante tal idea y me dice que lo estudiará. Estaría bueno que mi perro solucionase esto. Estaría curioso que la idea funcionase y fuese de poniente para dar conferencias exponiendo la idea, con lo vergonzoso que es siempre con las cámaras.

El día va tornando a su fin sin novedades, que visto el tema es bueno, unas cuantas charlas, la ayudante tuvo que ir a por unos documentos al hotel que necesitaba la doctora, el baboso de su secretario siempre encima, y mucha gente aburrida hablando en una roca sin aire de cómo salvar la tierra de la era glacial que se cierne. Vuelta al hotel donde seguimos teniendo nuestros voyeur, pero Effi no está, y la doctora nos dice que no la mando por ningunos papeles. Preguntamos en recepción y nos dicen que si paso por allí, pregunto cómo ir a un local llamado Cybergeisha Desenchufada y un taxi la recogió.

Ian, Berg y yo iremos a ver si la encontramos, mientras John y Sigmund, tendré que pensar un apodo pues se me hace largo, bueno, ellos quedaran cuidando de nuestra pajarita.  Ya conozco el camino pues estuve hace poco, un antro en una zona conflictiva, aparco un poco alejado y caminamos las dos calles que nos separan. Antro en toda su expresión, oscuridad y ruido, un par de whisky y unas palabras bonitas son suficiente para ganarnos las confianza de la camarera, no ha visto a Effi, pero quizá tenga que ver algo Nicky “el Viejo”, un cliente para nada agraciado entro preguntando si una chica había ido buscándole, y francamente duda si pagando conseguiría compañía femenina. Ya se fue, pero suele para también por el McGrady's, un bar irlandés de mucho mejor ambiente. Vaya, dos visitas en la luna y ya conocemos los antros y garitos de esta roca. Está cerca así que daremos un paseo.

Cerca del irlandés un rastapredicador con su pequeño sequito de aduladores, aquí sigue aún el tío pesado. O’Conner sale disparado hacia ellos, los ojos inflados en odio, con las dos espadas en las manos siembra de cadáveres estos campos, la sangre inglesa es derramada, uno tras otro van cayendo a su paso mientras Alex con su martillo de guerra los aplasta sin compasión y el dulce sonido de la gaita anuncia la libertad y victoria, el orgulloso ejercito de Eduardo  se pensara otra vez el volver a estas tierras. La entrada en la taberna es espectacular, la gente canta y da gritos de alegría, enlazados brazos unos con otros, unas pintas de cerveza para celebrar y disfrutar el momento. El tabernero le señala, un hombre gordito solo en una mesa, es Nicky "El Viejo”. Ian radiante con la sangre de nuestros enemigos resbalando por su piel pregunta por la joven y nos confirma mientras se hunde de miedo en la silla que había quedado con él para venderle unos documentos pero no se presentó a la cita.

Una noticia en la tele llama nuestra atención, el asesinato de una joven por aquí cerca, pasaremos a ver. Vemos gran barullo formado, la policía tiene rodeado el lugar y parece que hay alguien tirado en un callejón. Por aversión de Ian hacia la autoridad Berg y yo nos acercamos a observar, pero un mal presentimiento se empieza a hacer presente. Suena el celular y las noticias se confirman, la doctora también ha visto en la tele y vienen hacia aquí, además traen noticias de que hace la Gestapo vigilándonos. Salimos del tumulto y como no podía ser de otra forma el buen irlandés ha decidido consultarlo por su cuenta pues está dentro del coche de las ratas preguntando pistola en mano. La Gestapo ha decidido usar a la doctora Krumm como cebo para capturar al comando Jericó de la organización Masada.



La doctora reconoce el cuerpo, es su ayudante, un tiro en la nuca. Sigmud accede a las cámaras de las calles y podemos observar la escena, un negro bastante grande llama a la chica cuando se dirigía al pub, entran en el callejón y poco después sale solo con el maletín que llevaba. Parece que la ayudante no era trigo limpio y quiso sacarse un dinero extra vendiendo el trabajo de su jefa, pero alguien se adelantó a la venta y lo tomó. Analizamos el portátil de la doctora y sorpresa sorpresa tiene un par de virus, uno que mandaba datos a un apartamento aquí en la luna y otro más complicado anclado en un archivo que tenía en el mail y mandaba datos a un servidor web de la Fundación von Sebonttendorff, que está asociada a la antigua Soiciedad Thule.

El mail infectado tenía información del hallazgo de un barco hundido hará 15 años que era usado como laboratorio de recombinación genética, y era dirigido por un tipo que murió hace 30. Parece que topamos con algunos experimentos secretos, y quizá sea esto lo que llevo la muerte de la señorita Nieman. Del otro virus y el apartamento, parece que ha sido alquilado por un miembro de Masada, así que ya tenemos localizados a los de la tarjeta de bienvenida.

Qué hacer con esta información… instintivamente cruzo mirada con Ian, lo tenemos claro, ¿por qué hacer el trabajo sucio cuando otro lo puede hacer por nosotros? Bajamos al hall del hotel y nos dirigimos al hombre que se cree de incognito leyendo el periódico. “Queremos hablar con tu jefe, sabemos dónde está la célula Jericó”. Es fácil y sencillo, ellos quieren eliminar Jericó y nosotros sabemos dónde están, un par de horas después una explosión sacude el barrio, parece que ya no hay célula Masada.

Un peligro eliminado, ahora debemos hacer frente al asesino. Decidimos usar el portátil de la doctora para organizar otra venta, el asesino se enterara por el virus y le podremos tender una emboscada. Ian, Alex y John se encargaran mientras Sigmud y yo nos quedamos en el hotel protegiendo a la doctora, ya tienen una cita. Por seguridad cambiamos de habitación, nos quedamos en la del secretario mientras este está solo en la de la doctora, accedemos a las cámaras de seguridad del hotel y las ponemos en directo por la tele mientras esperamos noticias de la emboscada.

Pasa el tiempo sin novedad, la doctora tumbada en la cama, Sigmud trasteando con su ordenador y yo jugando con Edward, hasta que en un momento se pone nervioso y empieza a ladrar a la puerta, mierda alguien viene, por la tele vemos un hombre blanco y grande que se acerca hacia la puerta con una tarjeta de apertura en la mano. Sigmud intenta bloquear la cerradura, yo desenfundo y la doctora rueda debajo de la cama. No nos da tiempo, la puerta se abre y dos balas impactan en mi pecho, duele pero el chaleco absorbió el golpe, disparo pero mis balas no son capaces de penetrarle, muchos disparos, Sigmud apunta a la cabeza y le roza la oreja su disparo, esto le enfurece y sigue disparando, intenta protegerse con la puerta del aseo, nosotros pegados a la pared, siguen los disparos, Edward salta a por él y le muerde en el brazo del arma y tira de él, está perdido, nunca podrá volver apuntarnos, y un segundo tiro de gracia atraviesa el cráneo del asesino. La amenaza esta neutralizada.

Pronto vuelven nuestros compañeros, la venta no salió como pensaban, el asesino no salió a impedirlo pues estaba aquí con nosotros, y bueno, las negociaciones con el vendedor acabaron por las malas.
La doctora no está en situación emocional para ninguna conferencia, decide volver a la Tierra. Sabía decisión. Estar en la Luna es cosa de locos. Camino al ascensor lunar, otra oportuna llamada de Oberón, debemos permanecer en esta piedra muerta un tiempo más al menos, hay un encargo aquí que nos espera. La doctora no hará el viaje sola hasta Zurich, en cualquier caso ya no es responsabilidad nuestra, bye bye Doctora!

Maldita piedra muerta, no sé lo que cobramos pero seguro que es poco.


EPÍLOGO:
En algún lugar sobre el Pacífico:
La azafata se dirige sonriente al distinguido caballero que tienen por pasajero: -“Disculpe señor Lerner, tiene una llamada. Puede atenderla en la línea 2.”-
-“Gracias. ¿Sí?”-
-“La misión ha sido cumplida. Sin embargo se ha producido una fuga de información, pero me encargaré de ella inmediatamente.”-
-“Eso espero. No podemos permitirnos que nuestro trabajo salga a la luz antes de tiempo."-
-“Por supuesto, señor”-

NEUE ZÜRCHER ZEITUNG
Mittwoch 22. Maibaum 2075
INTERNATIONAL
Trágico accidente de tráfico.
En la pasada madrugada la reconocida doctora Agnes Krumm de la Universidad de Kiel, falleció al salirse de la calzada el vehículo en el que se dirigía a su lugar de trabajo. La policía de Kiel investiga las causas del accidente, aunque fuentes de la investigación atribuyen a la espesa niebla existente en el momento del accidente la causa más probable del fatal desenlace.

La doctora Krumm había regresado recientemente de la conferencia internacional sobre cambio climático que la Sociedad de Naciones había convocado en la Luna...

...

Esto es todo, muy pronto: “Días Peligrosos” :)

Marcados saludos.-

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