Aventuras en la Marca del Este, un retroclón español de la caja básica de D&D.

El Clan del Lobo Gris, aventureros proscritos, los últimos de su clan.

Estas son las crónicas de nuestras aventuras, con este magnífico sistema.

miércoles, 21 de enero de 2015

Crónica Walküre: El último mensaje del Dammerung





Buenas,

Hoy ponemos aquí el “rolato” de la última misión a Walküre, narrado desde el punto de vista del excéntrico Brian McGregor (personaje de Antonio). Como curiosidad decir que la misión se desarrolla principalmente en la Luna, la mía anterior “¿Conoces a Zorro Rojo?”, también, y esto sucedió preparándolas dos narradores distintos sin saber que el otro también preparaba una en la Luna, así pues, la tercera que vamos a jugar “Días Peligrosos” también es en la Luna... Nuestra particular “Trilogía Lunar” xDDDD

...

Era una fría tarde a las afueras de Zúrich, las montañas, desnudas antes, ahora visten de verde, las hojas vuelven a crecer, mientras paseo junto a mi fiel Edward por el bosque cercano a mi residencia, los pájaros revolotean sabiendo que pronto llegara el buen tiempo, y las ardillas, las dulces ardillas juegan entre los árboles. Lanzo un palo para jugar con mi fiel compañero pero me mira diciendo que eso no va con él, es listo el amigo. La armonía se vio truncada al sonar el móvil, parece que la gente de Oberón me necesita, y bueno, ellos pagan mis facturas y parece que el jefe tiene algo pensado.

Acudo a la hora prevista elegantemente vestido con mi kilt, sporran y chaqueta Argyll, y grata sorpresa de volver a encontrarme con los compañeros del último trabajo, O’Conner y Berg charlan mientras un enano esta tranquilamente sentado trasteando su tablet y otro tipo intenta ligar con la secretaria. Tras unos minutos de buen ambiente en que el compañero sueco se interesa por mi perro, la secretaria nos indica que la acompañemos para ir a la reunión.

Montamos al ascensor y empezamos a ascender, podre ver a mis amigos de la sexta planta pero extrañamente paramos en la tercera, la secretaria sale y el resto la siguen. ¿En la tercera? no tiene sentido. Todos están fuera, parados mirándome, pero… en la tercera??? Ains… les sigo.

En la entrada de la Sala de Reuniones está el Sr. Joubert despidiéndose de Sra. Kollwitz, y nos invita a pasar. Dentro una gran sala dominada por la mesa central y una mujer sentada en una de las sillas, el gran ventanal que cubre la pared nos enseña la deprimencia de la ciudad, el tráfico, el ruido, tanta gente... y en las otras paredes un pequeño mueble bar y varios cuadros, sin nada especial salvo un paisaje, una llanura verde y un cielo nuboso, algo se ve en el fondo, ahí están, les estábamos esperando. Son muchos pero nosotros luchamos por un ideal, por nuestra tierra. Robert Bruce nos da palabras de aliento, por Wallace, por nosotros, una única voz, una única garganta, un único grito, la ira y rabia de tantos años acumulada estalla, cargamos, corremos hacia ellos con una furia que no esperaban, espero al último momento para sacar mi claymore, a mi lado mi amigo irlandés O’Cooner con una espada en cada mano es el primero en llegar y destrozar las filas inglesas, de un fuerte golpe cae mi adversario y seguimos hacia adelante...

-Señor McGregor, por favor, tome asiento para que podamos empezar la reunión.
Menudo aburrimiento, al parecer el trabajo que nos tienen preparado es escoltar a la doctora Krumm ahí presente a unas conferencias sobre el cambio climático que se desarrollaran en la Luna, y velar por su seguridad durante su estancia. Además contaremos con la ayuda de John McNeall y Sigmund, que grata sorpresa es hermano, de Sigfrid Von Isenhart. También se nos unirá Effi, una estudiante y ayudante de la doctora y su secretario Carstem Milman. Parece que una célula del grupo terrorista Masada tenía información sobre varias personas relacionadas con el partido nazi, la doctora Krumm entre ellas, y aunque la Gestapo desarticulo esa célula y puso fin a la amenaza, la Sra. Kollwitz quiere que se proteja a su amiga por tranquilidad.

Resumen... volvemos a la jodida luna.

Me encanta volar, pero como piloto, como pasajero es cansino, tres días para preparar y camino a las Galápagos con un par de escalas. Durante los vuelos voy conociendo un poco a los nuevos compañeros, resulta que el pequeñín es un genio de los ordenadores y el americano un tipo con labia, un buen conseguidor, seguro que aportaran cosas buenas.

Miro al secretario, no me gusta, tan servicial, tan pegado a la doctora, maniaco obsesivo enamorado de la jefa, duerme ahora pero no te quitare el ojo de encima, no me fio. Es más, ¿por qué no amenizar el viaje?, me levanto de mi asiento y cojo mi mochila, saco la gaita de mi abuelo y la empiezo a montar, esto alegrara a la gente seguro. ¿Que toco?, algo clásico que todos conozcan, ya se... pero antes de empezar con los acordes mi amigo irlandés ha debido de emocionarse y vertido algo de su whisky mojando la gaita. Jaja, la de alcohol que habrá  bañado estos palos. Me dirijo al aseo para limpiarla un poco y un par de tipos se me quedan mirando, uno incluso hace el amago de echar mano a una cartuchera. Parece que tenemos ratas en el avión. Informo a mis compañeros y John comenta que él se encarga, se coloca la camisa y se dirige hacia una de las azafatas. Unos minutos de charla y vuelve con dos papeles, uno con los datos de los pasajeros y otro con el teléfono de la chica. Sigmund empieza a buscar y cotejar con diferentes bases de datos y resulta que las ratas son de la Gestapo, es normal su presencia en vuelos pero no que sean del grupo Antiterrorista. Nos prestan mucha atención, demasiada para el gusto de Ian.

Ascensor y a la lanzadera camino a la tierra de los selenitas. Durante el trayecto consigo hablar con el capitán y puedo disfrutar de parte del viaje en la cabina, mucho mejor, este es mi lugar y no en los asientos de ahí atrás. Pasajero, que palabra tan vacía, ganado que no es dueño de su destino.

Alquilamos un par de vehículos y vaya, problemas, parece que nos están siguiendo nos dirigimos primero a la sede de Oberón para retirar nuestras valijas con el equipo más “sensible” y seguimos para el hotel. Hotel decente, jardincito, buen trato, agradable si no fuese por el coche que hay afuera observándonos y la tarjeta de bienvenida que tenía la buena doctora en su habitación, una foto de un atentado con coche bomba que cometió Jericó en Singapur y un mensaje que dice “Este será tu destino”. Revisando huellas encontradas y las cámaras de seguridad identificamos a una mujer que la Gestapo conoce como Sonia y es miembro de la célula Jericó de Masada. Ya me jodería ser responsable de la seguridad de esta señora jaja, espera... mierda. Por suerte Edward tiene buen olfato para detectar explosivos. A dormir.

Soy el primero en despertar, cuidar de un animal tiene sus obligaciones, ducha rápida y al salir veo que Berg ha hecho guardia toda la noche en la puerta de la doctora, eso es dedicación, me gusta este chico. En el patio sigue el coche aparcado sin quitarnos ojo, en el desayuno se lo comentaré. Camino a la habitación dos señoritas jóvenes se despiden de Ian y Sigmund mientras guardan algo en la cartera, vaya vaya, resulta que el ruido de anoche no era la tele.

Logramos identificar a nuestros observadores como miembros de la Gestapo, pero si habían cerrado el caso de la doctora ¿qué hacen aquí? O’Conner tiene un mal presentimiento, y creo que intentara aclararlo por la vía rápida. Antes de tomar ninguna decisión Sigmund hace un par de llamadas tirando de contactos y nos dice que esta noche tendrá una respuesta.

Cuando Edward me dice que ha olfateado el coche y no hay nada, tomamos camino del centro de convenciones. Charla tranquila para tener unos pasajeros relajados, ausentes de la preocupación del coche que nos sigue, decido contarles una idea de Edward para solucionar el problema de oxígeno en la Luna y no tener que estar en cúpulas, y es de lo más sencillo, traer el oxígeno de la Tierra, total dejar sin oxígeno de 5.000 metros para arriba no causaría ningún problema y haría más habitable esta roca muerta. La doctora queda asombrada ante tal idea y me dice que lo estudiará. Estaría bueno que mi perro solucionase esto. Estaría curioso que la idea funcionase y fuese de poniente para dar conferencias exponiendo la idea, con lo vergonzoso que es siempre con las cámaras.

El día va tornando a su fin sin novedades, que visto el tema es bueno, unas cuantas charlas, la ayudante tuvo que ir a por unos documentos al hotel que necesitaba la doctora, el baboso de su secretario siempre encima, y mucha gente aburrida hablando en una roca sin aire de cómo salvar la tierra de la era glacial que se cierne. Vuelta al hotel donde seguimos teniendo nuestros voyeur, pero Effi no está, y la doctora nos dice que no la mando por ningunos papeles. Preguntamos en recepción y nos dicen que si paso por allí, pregunto cómo ir a un local llamado Cybergeisha Desenchufada y un taxi la recogió.

Ian, Berg y yo iremos a ver si la encontramos, mientras John y Sigmund, tendré que pensar un apodo pues se me hace largo, bueno, ellos quedaran cuidando de nuestra pajarita.  Ya conozco el camino pues estuve hace poco, un antro en una zona conflictiva, aparco un poco alejado y caminamos las dos calles que nos separan. Antro en toda su expresión, oscuridad y ruido, un par de whisky y unas palabras bonitas son suficiente para ganarnos las confianza de la camarera, no ha visto a Effi, pero quizá tenga que ver algo Nicky “el Viejo”, un cliente para nada agraciado entro preguntando si una chica había ido buscándole, y francamente duda si pagando conseguiría compañía femenina. Ya se fue, pero suele para también por el McGrady's, un bar irlandés de mucho mejor ambiente. Vaya, dos visitas en la luna y ya conocemos los antros y garitos de esta roca. Está cerca así que daremos un paseo.

Cerca del irlandés un rastapredicador con su pequeño sequito de aduladores, aquí sigue aún el tío pesado. O’Conner sale disparado hacia ellos, los ojos inflados en odio, con las dos espadas en las manos siembra de cadáveres estos campos, la sangre inglesa es derramada, uno tras otro van cayendo a su paso mientras Alex con su martillo de guerra los aplasta sin compasión y el dulce sonido de la gaita anuncia la libertad y victoria, el orgulloso ejercito de Eduardo  se pensara otra vez el volver a estas tierras. La entrada en la taberna es espectacular, la gente canta y da gritos de alegría, enlazados brazos unos con otros, unas pintas de cerveza para celebrar y disfrutar el momento. El tabernero le señala, un hombre gordito solo en una mesa, es Nicky "El Viejo”. Ian radiante con la sangre de nuestros enemigos resbalando por su piel pregunta por la joven y nos confirma mientras se hunde de miedo en la silla que había quedado con él para venderle unos documentos pero no se presentó a la cita.

Una noticia en la tele llama nuestra atención, el asesinato de una joven por aquí cerca, pasaremos a ver. Vemos gran barullo formado, la policía tiene rodeado el lugar y parece que hay alguien tirado en un callejón. Por aversión de Ian hacia la autoridad Berg y yo nos acercamos a observar, pero un mal presentimiento se empieza a hacer presente. Suena el celular y las noticias se confirman, la doctora también ha visto en la tele y vienen hacia aquí, además traen noticias de que hace la Gestapo vigilándonos. Salimos del tumulto y como no podía ser de otra forma el buen irlandés ha decidido consultarlo por su cuenta pues está dentro del coche de las ratas preguntando pistola en mano. La Gestapo ha decidido usar a la doctora Krumm como cebo para capturar al comando Jericó de la organización Masada.



La doctora reconoce el cuerpo, es su ayudante, un tiro en la nuca. Sigmud accede a las cámaras de las calles y podemos observar la escena, un negro bastante grande llama a la chica cuando se dirigía al pub, entran en el callejón y poco después sale solo con el maletín que llevaba. Parece que la ayudante no era trigo limpio y quiso sacarse un dinero extra vendiendo el trabajo de su jefa, pero alguien se adelantó a la venta y lo tomó. Analizamos el portátil de la doctora y sorpresa sorpresa tiene un par de virus, uno que mandaba datos a un apartamento aquí en la luna y otro más complicado anclado en un archivo que tenía en el mail y mandaba datos a un servidor web de la Fundación von Sebonttendorff, que está asociada a la antigua Soiciedad Thule.

El mail infectado tenía información del hallazgo de un barco hundido hará 15 años que era usado como laboratorio de recombinación genética, y era dirigido por un tipo que murió hace 30. Parece que topamos con algunos experimentos secretos, y quizá sea esto lo que llevo la muerte de la señorita Nieman. Del otro virus y el apartamento, parece que ha sido alquilado por un miembro de Masada, así que ya tenemos localizados a los de la tarjeta de bienvenida.

Qué hacer con esta información… instintivamente cruzo mirada con Ian, lo tenemos claro, ¿por qué hacer el trabajo sucio cuando otro lo puede hacer por nosotros? Bajamos al hall del hotel y nos dirigimos al hombre que se cree de incognito leyendo el periódico. “Queremos hablar con tu jefe, sabemos dónde está la célula Jericó”. Es fácil y sencillo, ellos quieren eliminar Jericó y nosotros sabemos dónde están, un par de horas después una explosión sacude el barrio, parece que ya no hay célula Masada.

Un peligro eliminado, ahora debemos hacer frente al asesino. Decidimos usar el portátil de la doctora para organizar otra venta, el asesino se enterara por el virus y le podremos tender una emboscada. Ian, Alex y John se encargaran mientras Sigmud y yo nos quedamos en el hotel protegiendo a la doctora, ya tienen una cita. Por seguridad cambiamos de habitación, nos quedamos en la del secretario mientras este está solo en la de la doctora, accedemos a las cámaras de seguridad del hotel y las ponemos en directo por la tele mientras esperamos noticias de la emboscada.

Pasa el tiempo sin novedad, la doctora tumbada en la cama, Sigmud trasteando con su ordenador y yo jugando con Edward, hasta que en un momento se pone nervioso y empieza a ladrar a la puerta, mierda alguien viene, por la tele vemos un hombre blanco y grande que se acerca hacia la puerta con una tarjeta de apertura en la mano. Sigmud intenta bloquear la cerradura, yo desenfundo y la doctora rueda debajo de la cama. No nos da tiempo, la puerta se abre y dos balas impactan en mi pecho, duele pero el chaleco absorbió el golpe, disparo pero mis balas no son capaces de penetrarle, muchos disparos, Sigmud apunta a la cabeza y le roza la oreja su disparo, esto le enfurece y sigue disparando, intenta protegerse con la puerta del aseo, nosotros pegados a la pared, siguen los disparos, Edward salta a por él y le muerde en el brazo del arma y tira de él, está perdido, nunca podrá volver apuntarnos, y un segundo tiro de gracia atraviesa el cráneo del asesino. La amenaza esta neutralizada.

Pronto vuelven nuestros compañeros, la venta no salió como pensaban, el asesino no salió a impedirlo pues estaba aquí con nosotros, y bueno, las negociaciones con el vendedor acabaron por las malas.
La doctora no está en situación emocional para ninguna conferencia, decide volver a la Tierra. Sabía decisión. Estar en la Luna es cosa de locos. Camino al ascensor lunar, otra oportuna llamada de Oberón, debemos permanecer en esta piedra muerta un tiempo más al menos, hay un encargo aquí que nos espera. La doctora no hará el viaje sola hasta Zurich, en cualquier caso ya no es responsabilidad nuestra, bye bye Doctora!

Maldita piedra muerta, no sé lo que cobramos pero seguro que es poco.


EPÍLOGO:
En algún lugar sobre el Pacífico:
La azafata se dirige sonriente al distinguido caballero que tienen por pasajero: -“Disculpe señor Lerner, tiene una llamada. Puede atenderla en la línea 2.”-
-“Gracias. ¿Sí?”-
-“La misión ha sido cumplida. Sin embargo se ha producido una fuga de información, pero me encargaré de ella inmediatamente.”-
-“Eso espero. No podemos permitirnos que nuestro trabajo salga a la luz antes de tiempo."-
-“Por supuesto, señor”-

NEUE ZÜRCHER ZEITUNG
Mittwoch 22. Maibaum 2075
INTERNATIONAL
Trágico accidente de tráfico.
En la pasada madrugada la reconocida doctora Agnes Krumm de la Universidad de Kiel, falleció al salirse de la calzada el vehículo en el que se dirigía a su lugar de trabajo. La policía de Kiel investiga las causas del accidente, aunque fuentes de la investigación atribuyen a la espesa niebla existente en el momento del accidente la causa más probable del fatal desenlace.

La doctora Krumm había regresado recientemente de la conferencia internacional sobre cambio climático que la Sociedad de Naciones había convocado en la Luna...

...

Esto es todo, muy pronto: “Días Peligrosos” :)

Marcados saludos.-

viernes, 9 de enero de 2015

Prólogos de la última misión




A continuación los prólogos de la siguiente misión que vamos a jugar con Walküre, dirigida por Sergio:

Prólogo 1:

Belakang Padam, Isla de Batam, Archipiélago de Riau, Indonesia (1º, 4 min, 56 seg N, 104º, 3 min, 4 seg, E).
Buque de investigación oceanográfica Dammerüng.

La noche es cálida, el cielo está despejado y el mar tranquilo. Si no fuese por la humedad sofocante este sería sin duda el mejor destino que ha tenido el sargento Bruno Kittel desde que se alistó como infante de marina de la Kriegsmarine.
El sargento y su pelotón de marines están a cargo de la protección del Dammerüng mientras realiza diversos estudios sobre el fondo marino y corrientes submarinas en los estrechos de Malaca y Singapur. Aunque Kittel y sus hombres fueron enviados como precaución ante un ataque de alguna de las numerosas bandas de piratas que operan en la zona, hasta ahora la misión ha transcurrido sin problemas. Durante dos meses el Dammerüng ha recorrido la zona y los científicos han podido realizar su trabajo con tranquilidad. Por lo menos hasta hace dos semanas.

Aquel día los sensores del buque detectaron una anomalía a casi 1000 metros de profundidad. Al enviar uno de los sumergibles para investigar se descubrieron los restos de lo que parecía ser un viejo carguero.
El doctor Baermann, a cargo de la misión, decidió que era un buen lugar para probar alguno de los nuevos robots sumergibles autónomos. La sonda llegó al carguero sin problemas y recorrió exitosamente las bodegas y cubiertas del buque hundido.
Al llegar a una de las bodegas las cámaras de realidad virtual mostraron un espectáculo dantesco. El barco era una tumba. Se podía ver lo que parecían celdas con los restos de sus desgraciados ocupantes dentro todavía, y una especie de laboratorio, con instrumental avanzado y un complejo equipo de computadoras.
Después de varios intentos, los científicos habían recuperado algunos huesos y lo que quedaba de los soportes informáticos del laboratorio. Desde entonces los técnicos y científicos a bordo del Dammerüng habían intentado obtener algunos datos que aclarasen que había sucedido en el misterioso buque hundido.

Finalmente el Dammerüng había recalado en el puerto de Belakang Padam para aprovisionarse. Mientras Kittel termina la inspección de la zona de popa recibe una llamada de radio del soldado Khaler.
- “Señor, aquí Khaler, desde el puesto 2. He llegado a relevar a Kast, pero no lo he encontrado en su puesto.
Maldita sea, piensa Kittel. Kast es especialista en comunicaciones y el doctor Baermann ha aprovechado sus conocimientos en electrónica para tratar de recuperar algo útil de los soportes informáticos del buque hundido. Baermann se ha saltado continuamente el rango de Kittel y ha dispuesto del soldado Kast sin consultar con él, con la excusa de que él es quien dirige la expedición. Y lo peor, es que el soldado Kast disfruta con la excusa perfecta que ha encontrado para saltarse las rutinas de entrenamiento y las guardias.
- “Tranquilo Khaler, seguro que el doctor se lo ha llevado al laboratorio para que ayude a sus cerebritos con la chatarra que recuperaron del fondo del mar. Sigue con tu guardia, yo iré a hablar con el doctor Baermann.
A sus órdenes, señor.
Mientras el sargento Kittel se dirige al laboratorio, piensa en la discusión que le espera con el doctor Baermann y el rapapolvo que le va a caer al soldado Kast.

Este es el último pensamiento del sargento, justo cuando el Dammerüng se convierte en una bola de fuego que ilumina el puerto.


Prólogo 2:

NEUE ZÜRCHER ZEITUNG
Montag 1. April 2075
INTERNATIONAL

Próxima cumbre en la Luna sobre cambio climático.

A falta de una semana para que comience en Tubular Core la cumbre auspiciada por la Sociedad de Naciones y que tratará de reunir a las mayores eminencias científicas del planeta para poner en común opiniones y estudios sobre el enfriamiento global, las polémicas declaraciones del Secretario de Medio Ambiente del gobierno de los EEUU han provocado reacciones encontradas en los representantes de varios gobiernos que ya habían confirmado su asistencia...


Marcados saludos.-

miércoles, 7 de enero de 2015

PJ de Walküre: John McNeall


Buenas,

Otro PJ más a la lista de Walküre, en este caso el de David, John McNeall, de clara inspiración en Templeton Peck "Fenix" del Equipo A.

Este sábado jugamos a Walküre, y David no estuvo en la anterior y no tenía PJ, así que aquí está:


Marcados saludos.-

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Crónica Walküre: ¿Conoces a Zorro Rojo? PARTE 2




Segunda parte, y final, de la crónica de la primera misión a Walküre, rolatada por el personaje de Mario, Bl4ckm00N.

...

Una vez alunizamos en la impresionante estructura que conformaba el astropuerto lunar nos dirigimos en una aerotaxi hasta Nueva Jamaica. Las edificaciones metálicas, estructuras de neón y habitantes diferían bastante de lo que acostumbrábamos a ver en nuestro planeta Tierra, al menos de las ciudades de las que tenía registro visual.

Decidimos que tendríamos que buscar un alojamiento para pernoctar y descansar durante los siguientes días. Tras una breve negociación entre los de origen más y menos acomodado del grupo acabamos en un pequeño motel de Nueva Jamaica, su nombre Marley’s Motel, su distintivo un gigantesco neón con una estrella musical del siglo XX. Tres habitaciones, Turner y yo compartiríamos la ruinosa estancia en aquel tranquilo, o eso me parecía, tugurio.

Los primeros créditos invertidos nos sirvieron para identificar los garitos más famosos, por la razón que fuese, de Nueva Jamaica, La Arena, Templo a la Luna, McGrady’s, Tiempo Líquido, Cybergeisha Desenchufada, La Antesala, El Underdomo, Malos Tiempos, El Cascabel y Kung Pub.

Ésta era nuestra mejor pista pues preguntando por “Jean Luc” o “Zorro Rojo” no encontramos más que negaciones de cabeza y encogimientos de hombros.

Nos dividimos en tres equipos para investigar de forma más efectiva, Turner y McGregor por un lado, O’Conner, Berg y Von Isenhart por otro, y yo me quedaría en la habitación del hotel hackeando el sistema de cámaras de seguridad de tráfico con el fin de encontrar algún registro gráfico de Jean Luc.

Mi búsqueda se aventuraba complicada, tras acceder a los sistemas de vigilancia de la policía de tráfico de The Core comencé a procesar los vídeos registrados en las fechas que conocíamos en las que Jean Luc había viajado a las Islas Galápagos y, presumiblemente, a La Luna.
El procesamiento pesado de los vídeos y comparación pictográficas con imágenes de Jean Luc me llevaría varias horas que se me presentaban interminables en aquella oscura y solitaria habitación de motel tenuemente iluminada por la pantalla de mi ordenador.

En el mismo momento a varias manzanas de distancia pude observar por las cámaras de vigilancia del sector Quebec-Delta-3 como Turner y McGregor caminaban entre calles plagadas de putas, chaperos y chulos intentando hacer algo de negocio, camellos de poca monta ofreciendo cualquier sustancia que pudieras imaginar y mendigos borrachos acurrucados en las esquinas y callejones. Al torcer una de estas esquinas, desaparecieron del alcance visual de las cámaras que estaba controlando, y tras adentrarse unos veinte metros se vieron sorprendidos por cinco figuras amenazantes que se cruzaron en su camino.
Los matones que empuñaban pistolas y machetes y vestían las tan comunes chupas de cuero de delincuente, consideraron a Turner y McGregor presas fáciles y fuente de ingresos extra, y estaban muy dispuestos a darles una paliza y robarles todo lo que llevaban. El escocés loco como él solamente está se abalanzó en un movimiento más parecido al de un combatiente de esgrima a la vez que desenfundaba su arma y apoyaba el cañón en la frente de uno de ellos mientras que profería calmadamente algunos palabros en un idioma ininteligible.
Los matones gritaban nerviosos en su pseudolingua similar al inglés terrestre, no se habían imaginado tan rápida y decidida reacción de sus víctimas. Turner carraspeó su garganta y se dirigió enérgicamente al que parecía el jefecillo de los cinco intentando negociar una salida sin bajas en aquella desesperada situación. Las palabras del americano, y algunos créditos, parecieron surgir efecto, tras unos breves pero interminables segundos los matones decidieron bajar las armas a la vez que el loco escocés. Volvieron a salir del callejón a paso ligero y se dirigieron calle adelante hacia un bar llamado Cybergeisha Desenchufada.

Desde las cámaras de tráfico del sector Sierra-Charlie-3, observé como un numeroso grupo de Neorastafaris se congregaba alrededor de una palestra improvisada, en un puesto de información pintado con grafitis, desde la cual un enorme negro vestido con ropajes de mil colores estaba aleccionándoles en una clase de charla pseudo religiosa.
A sus pies cuatro extremadamente musculados neorastafaris vigilaban a los oyentes a modo de seguridad del orador portando subfusiles.

A paso normal y por la acera contraria el grupo formado por el irlandés, el sueco y el estirado aristócrata alemán caminaban hacia el pub McGrady’s, simple coincidencia o deseo de hidratarse con un whisky decente por parte del O’Conner. Las palabras sobre el Dios Luna llegaron a oídos del irlandés que vio exacerbado su particular sentido religioso y se sintió en la necesidad de reafirmar su fe en un acto de constricción delante de aquellos apócrifos. En su mente surgió la frase que tantas veces se le había sonado en su mente― “Hoy es un buen día para morir” ―y no lo dudó ni un solo instante.

El violento enfrentamiento no tardó en hacerse realidad tras las primeras palabras que pudieron parecer ofensivas al orador y su público. Desde mi visión multiangular pude comprobar la gran capacidad letal de mis nuevos compañeros. Las balas perforantes comenzaron a volar en ambas direcciones. La multitud enloquecida ante la situación violenta corría en todas direcciones. O’Conner literalmente volaba con un espectacular salto gracias a sus ciberpiernas y se situaba entre la seguridad armada del predicador. Dos de ellos cayeron rápidamente, además de algunos inocentes seguidores religiosos debido al fuego cruzado. Los dos guardaespaldas que seguían vivos se habían ya preocupado en llevarse en volandas al religioso protegiéndole de los disparos y lo introdujeron en un vehículo que esperaba a pocos metros de distancia.

La contienda transcurrió en algo más de treinta segundos aunque mí privilegiada posición de observador me parecieron apenas tres segundos. Mis tres compañeros dejaron atrás a los cuerpos malheridos en medio de la plaza al oír las sirenas de la policía que se aproximaban por una de las calles cercanas, escabulléndose por uno de los callejones que parecía desembocar al McGrady’s.

La pareja formada por Turner y McGregor entraron en el bar Cybergeisha Desenchufada de decoración muy tecnificada y cierto aire japonés. Estaba literalmente repleto de biombos de bambú, paredes pintadas con motivos japoneses, dragones, samuráis, onis, etc. El ambiente parecía una combinación extraña entre un bar de alterne, un local de psico-experiencias sensoriales y un espacio bohemio para el intercambio de ideas peregrinas muy frecuentado por los hackers y tecnófilos de The Core.

En la barra una exuberante negra maquillada como una geisha hacía las veces de camarera, de encargada y de madame del negocio. Tras unas cuantas copas se atrevieron a preguntar por Jean Luc. Unas cuantas conversaciones infructuosas, unos créditos malgastados en invitaciones a copas, hasta que al final dieron con la tecla adecuada. Nuestro malogrado amigo Renard tenía alquilado un almacén a unas cuantas manzanas del local. Al fin teníamos una pista que parecía acercarnos a nuestro objetivo.

Verdadero whisky corrió en el McGrady’s, el generoso Von Isenhart compró una botella de un gran reserva de más de 20 años para el deleite de los invitados a la ronda. Un viejo caballero muy agradecido por tal invitación no pudo dar más pistas a mis compañeros que preguntaran en el bar llamado Cybergeisha Desenchufada por ese tal Jean Luc Renard por el que venían preguntando.

Justo al llegar al Cybergeisha Desenchufada se encontraron saliendo por la puerta al resto del grupo. Las pistas parecían claras. Jean Luc utilizaba ese almacén situado en el límite del sector Quebec-Delta-3 y encastrado entre los niveles 2 y 3 de Nueva Jamaica para esconder algo, y debían dirigirse hasta allí para descubrir qué era.

El almacén no parecía muy grande desde el exterior, aproximadamente cuatrocientos metros cuadrados de planta cuadrangular y quince metros de altura, y no se diferenciaba mucho de los que estaban en la misma calle salvo por la salvedad de que en uno sus laterales lindaba con un oscuro y estrecho callejón. En ese momento desaparecieron de la vista de las cámaras de tráfico. Mi preocupación se fijó en controlar cualquier vehículo sospechoso o patrulla de policía que pudiera circular por la zona.



En ese callejón había un estrecho pasadizo que daba a una puerta trasera. Forzar la cerradura no fue complicado. El almacén estaba únicamente iluminado por unas pequeñas chispas producidas por algunos aparatos electrónicos al fondo del local. Sigilosamente se movieron por su interior para descubrir que Renard había estado trabajando en un ingenio militar, un robot andador que despertó en ese mismo instante considerándoles intrusos y enemigos. Sus sistemas de detección y ataque se activaron comenzando a disparar a los miembros del grupo que se movieron a parapetarse con cualquier objeto voluminoso que pudieron encontrar. Después de la sorpresa inicial el robot apenas ofreció resistencia y no fue un duro rival cayendo abatido ante el fuego pesado de mis cinco compañeros.

Una vez el robot fue abatido comenzaron a tener conciencia del interior del oscuro almacén que olía mucho a humedad. Prácticamente estaba diáfano, con el techo plano a tres metros y goteando agua. Todo estaba lleno de aparatos tecnológicos, cachivaches mecánicos, prensas, herramientas desparramadas, cables pelados echando chispas, varios ordenadores encendidos con la pantalla en negro y textos en letras verdes. A la izquierda, justo en frente de la puerta de atrás que daba al callejón había una litera y una nevera del siglo pasado. Al fondo un pequeño cubículo con lo que parece un baño, el fluorescente del baño parpadeaba y era lo único que daba luz al almacén. Pero lo que más llamó la atención es un enorme servidor en el centro del almacén con varias consolas de navegación conectadas a él. En el enorme monitor central parpadeaba y fluctuaba una imagen, el zorro rojo con la A, el símbolo que ya nos mostró Bantua. Una de las consolas tenía los LEDS encendidos, en la pequeña pantalla de la consola ponía lo que parecía un mensaje antiguo.

> Datos Recibidos
> Transmisión Completa
> Activado Protocolo Mnemosine2.0.

A todos nos pareció claro que podríamos obtener alguna pista más acertada de lo que hacía Jean Luc aquí si conseguíamos desenchufarla.

En ese preciso instante vi aparecer a través de las cámaras de tráfico dos berlinas de color negro y cristales tintados que se detuvieron en seco delante de la puerta del almacén bajándose seis hombres de porte militar y vestidos de riguroso negro. Uno de ellos abrió el maletero de uno de los vehículos sacando una ametralladora pesada H&K G30, 7mm Gauss de facturación alemana y colocándola cuidadosamente en un trípode sobre el capó. Avisé por teléfono de la llegada de los inesperados invitados. Debían salir lo antes posible de ese almacén.
Uno de los nazis que había salido del primer vehículo gritó hacia el interior del almacén que querían la consola y que si se la entregaban les perdonarían la vida. En ese instante el brutal estruendo de la percusión de la ametralladora producido por los pesados proyectiles disparados contra la puerta de chapa del almacén que quedó como un queso gruyer les forzó a decidir rápidamente su siguiente paso.

La puerta trasera parecía la mejor opción. Una vez en el callejón O’Conner se catapultó con sus ciberpiernas hacia la espalda de uno de los atacantes mientras que el francotirador Von Isenhart se deshacía con su preciso disparo de otro de los enemigos. Berg salió por la puerta delantera sorprendiendo a los alemanes que estaban protegidos detrás de los vehículos disparando su arma de forma certera acabando con la vida de dos de ellos. Mientras tanto McGregor arrancaba con el mayor cuidado posible los cables de la consola con el objetivo de salir corriendo de allí lo antes posible. Turner le esperaba con la puerta trasera del almacén abierta. Lograron forzar la cerradura del almacén contiguo y entrar en él. Su objetivo era poder salir por la puerta del almacén y sorprender así a sus atacantes. La contienda acabó con los atacantes alemanes muertos y sin ninguna baja por nuestro lado.

La noche no acabaría tan rápido, por las cámaras de tráfico conseguí ver varios coches de policía que se acercaban con las sirenas encendidas a alta velocidad en dirección al almacén de Jean Luc. Apenas teníamos veinte segundos antes de que aparecieran al final de la calle. Comuniqué este contratiempo a Turner para que salieran de allí lo antes posible. Rápidamente se introdujeron en los dos vehículos que habían traído los nazis justo cuando las luces azules y rojas de la policía comenzaban a reflejarse en los cristales de los edificios. Mientras tanto O’Conner huía en otra dirección de un gran salto a un nivel superior del complejo de The Core.

El sonido de los motores arrancados y olor a rueda quemada al acelerar a fondo y levantar el pie del embrague. Los dos vehículos salieron disparados por la calle ignorando el semáforo que acababa de ponerse en rojo. Tres coches de la policía les seguían a apenas cincuenta metros. Por el altavoz resonaba la voz de uno de los agentes requiriendo que detuvieran el vehículo, en caso contrario se verían obligados a utilizar la fuerza y acto seguido así lo hicieron. El copiloto del primer vehículo policial sacó medio cuerpo por la ventanilla del coche y empuñó una escopeta de gran calibre disparando directamente contra el cristal trasero del vehículo conducido por McGregor que resultó seriamente dañado reduciendo un poco la marcha mientras que el vehículo que estaba a la cabeza lograba dejarles atrás y perderse por el entramado de calles.

Tras ser alcanzado por el primero de los disparos de la doble escopeta y mientras el policía recargaba su arma, McGregor despertó al espíritu de gran piloto que lleva dentro y puso todos los sentidos en salvar a su copiloto Turner y a su perro imaginario, Edward, que viajaba con ellos en el asiento trasero. Unas cuantas calles más, unos derrapajes al límite al girar en una intersección, y por fin consiguieron dejar atrás a sus perseguidores.

Abandonaron el vehículo a un par de manzanas del motel en el que ya esperaban junto a mí, Berg, Von Isenhart y O’Conner con nuestro equipaje en la mano. Emocionados me enseñaron la consola que habían conseguido arrancar del almacén de Renard y decidimos dirigirnos a la oficina que Oberón A.G. había establecido en la Luna en una de las zonas más exclusivas de The Core.

El reloj de la cafetería situada enfrente marcó las 5 en punto. Restaban tres horas para la apertura del local y el café caliente servido por una rubia camarera pechugona, ya entrada en los cuarenta, y con cara de no aguantar ni un solo comentario jocoso, nos debería ayudar a no caer rendidos después de las últimas intensas horas. El amanecer artificial nos sorprendió a todos mientras comentábamos en voz baja cómo había sucedido la operación para Oberón A.G., las pocas pistas que teníamos sobre el destino de nuestro amigo Renard y las ganas que teníamos de volver a La Tierra.

Por el cristal de la cafetería observamos cómo una delicada señorita de poco menos de veinte años se abría los cierres metálicos del local desde una pequeña consola situada a la derecha de la puerta. Pagamos nuestros desayunos, del que Berg había hecho buena cuenta acabándose la bandeja de bollería que nos habían dejado en la barra, y cruzamos la calle casi sin mirar. Entramos como seis poseídos y nos dirigimos al mostrador dónde la señorita se encontraba encendiendo su terminal informático. Nos presentamos como agentes de Oberón A.G. y después de unos minutos teníamos gestionado nuestros billetes de vuelta a La Tierra en el siguiente crucero espacial a primera hora de la tarde. O’Conner, siguiendo sus instintos más personales, no perdió el tiempo y sutilmente concertó un vis-á-vis con la señorita a la hora de la comida en el restaurante en el que habíamos estado por la mañana.

El viaje de vuelta me pareció mucho más rápido que el de ida. Debía ser la tensión acumulada o las horas sin dormir que recuperé durante gran parte del viaje hasta el Ascensor Espacial. El único sobresalto ocurrió un día antes de llegar a la estación orbital. Escuchamos murmullos que se hacían cada vez más fuertes y personal de la tripulación corriendo por los pasillos. Nos asomamos a uno de los grandes ventanales para deleitarnos la vista con una obra maestra de la ingeniería aeroespacial. A lo lejos la Walküre, moviéndose en el espacio, muy lejos, pero con un rumbo que podría coincidir con el de nuestra astronave, finalmente la Walküre giró levente hacia su babor y se alejó de nuestro rumbo. Tres días después de embarcar en el astro puerto de la Base Tranquilidad nos encontrábamos en una sala de reuniones de la oficina central de Oberón A.G. situada en la ciudad helvética de Zúrich. En ella nos recibió Monsieur Bantua con una amplia sonrisa y deseoso de tocar ese dispositivo que había pertenecido a Renard y que tanto nos había costado conseguir y traer desde nuestro satélite lunar.

Estuvimos esperando más o menos una hora en una de las salas magnas de las lujosas oficinas de Oberón A.G.. Al cabo de un tiempo Monsier Bantua entró en la sala de nuevo y nos felicitó personalmente a cada uno de nosotros por el indiscutible éxito de la misión. Además nos explicó que los técnicos del laboratorio entre los que se encuentra el hermano de Von Isenhart, habían podido extraer la información de la consola.

“Al parecer desde esta consola, enchufada al servidor, se ejecutó remotamente Mnemosine2.0, el programa se lanzó a la Malla y se perdió en un conglomerado de Filipinas. Esta especie de proto-Inteligencia Artificial carecía de informes concretos de Oberón, según han podido averiguar. Tendremos que estar vigilantes, pero parece que la I.A. creada por Renard “duerme” o ha desaparecido.”

Su satisfacción era palpable y prosiguió realizándonos una oferta para formar parte de Oberón A.G. como agentes de campo. La oferta consistía en un sueldo inicial al mes de 2.000 créditos complementado con un coche de gama media o media alta, y una vivienda a elegir entre un ático dúplex en el centro de Zúrich que solicitamos O’Conner, Turner y yo, otro ático dúplex en un elitista edificio con vistas a la Basteiplatz en el distrito financiero. Berg, McGregor y su perro solicitaron una vivienda unifamiliar con jardín a unos 30 kilómetros al norte de Zúrich.

No habían pasado ni diez días desde la muerte de nuestro amigo Jean Luc Renard y a mí me parecía una eternidad. Tenía el presentimiento que las situaciones a las que nos íbamos a enfrentar los próximos meses nos llevarían al límite poniéndonos a prueba a cada uno de nosotros.

“Alert filter_JLR TRUE DETECTION”― La rutina de filtrado en la Malla que había preparado para detectar cualquier movimiento de Renard me había arrojado fuera de mis pensamientos súbitamente. En ese preciso instante recibí una comunicación UltraIRC encriptada que decía ―“Amigo, me alegra que hayáis entrado en Oberón... Yo… estaré por ahí, observando. Au revoir.”

Una extraña sensación me volvió a recorrer el cuerpo y unas tremendas nauseas me forzaron a correr medio tambaleándome hasta el lujoso baño del apartamento para vomitar lo poco que había ingerido el día anterior.

Unos días antes, en la Luna, en el almacén abandonado en aquella lúgubre calle de The Core, en la base de Renard. En un pequeño cubículo en el subsuelo, hay un ordenador, de repente se enciende. En la pantalla de la computadora comienza a ejecutarse una línea de comandos.

> Activado protocolo Mnemosine2.5
> Enviando datos a servidor remoto
> 15% .. 30% .. 60% .. 90%
> Transmisión Completa
> Ejecución a distancia
> Mnemosine3.0 /ACTIVADA”

Poco a poco la pantalla pasa del negro al blanco y comienza a dibujarse la cabeza de un zorro, en color rojo.



Marcados saludos.-