Aventuras en la Marca del Este, un retroclón español de la caja básica de D&D.

El Clan del Lobo Gris, aventureros proscritos, los últimos de su clan.

Estas son las crónicas de nuestras aventuras, con este magnífico sistema.

domingo, 13 de septiembre de 2026

Cuando arde el hogar 1

 


Buenas,

Seguimos con la campaña de Dragonlance Quinta “La Sombra de la Reina de los Dragones”. El rolato lo hace Antonio desde el punto de vista de su mago elfo Elesseryn. Alerta SPOILER: si vas a jugar esta campaña, no lo leas, te la vas a reventar entera...

... ... ...

PRÓLOGO:

Hoy calla la espada,
hoy duerme el escudo.
La tierra ha recibido
a Ispin Verdescudo.

No lloréis por el hombre
que cayó en el camino;
llorad por los que quedan,
sin su voz, sin su abrigo.

Compartió nuestro fuego,
nuestra mesa y nuestro vino;
y aunque el mundo era oscuro,
él nunca temió al destino.

Ahora el viento se lleva
su nombre entre los pinos.
Pero mientras haya amigos,
Ispin no estará perdido.

Descansa, viejo amigo.
Que los dioses te guíen.
Nosotros seguiremos andando…
aunque ya no estés con nosotros.

Elegía por Ispin Verdescudo.

... ... ...

Las horas siguientes transcurrieron entre las calles de Vogler, los muelles y las celebraciones del Festival del Martín Pescador. Los héroes pasearon por el pueblo, tratando de disfrutar de la hospitalidad de sus gentes mientras se preparaban para despedir a su viejo amigo Ispin.

Aquella misma tarde llegó el momento del funeral. En el muelle, frente a las aguas del Vingaard, Ispin fue amortajado y colocado cuidadosamente en una pequeña barca. Antes de entregarlo a la corriente del río, Becklin pronunció unas palabras en su honor, recordando al hombre que había sido compañero de armas, viajero y amigo de tantos que estábamos allí reunidos.

Después, en silencio, la barca fue empujada hacia las aguas. La corriente comenzó a llevársela poco a poco, alejándola del muelle y de Vogler, hasta convertirla en una pequeña silueta que desapareció río abajo.

Pero el funeral no sería el último recuerdo que tendrían de Ispin. Aquella noche, el pueblo decidió celebrar su vida. La tristeza dio paso a las risas y la taberna se llenó de historias y anécdotas sobre el viejo aventurero. Algunos recordaban sus hazañas, otros sus torpezas, y más de uno tenía alguna historia que contar sobre las innumerables situaciones en las que Ispin había conseguido meterse.

Fue allí donde Becklim nos presentó a Garrote, la comandante de los mercenarios, compañera de Ispin. La mercenaria no había acudido sola. Aprovechamos para poner a ambas al día de los peligros que rodean Vogler, esas extrañas criaturas que nos enfrentamos no muy lejos de aquí.

Fue durante aquella cena cuando apreciamos a una elfa misteriosa, sentada sola junto a la pared. Su presencia no parecía encajar del todo con el ambiente alegre de la taberna. Mientras los demás bebían, reían y compartían recuerdos de Ispin, ella permanecía apartada, observando en silencio. Alguno de nuestros compañeros intentó entablar conversación con ella, pero la elfa no parecía tener demasiado interés en hablar con nosotros, solo pudimos obtener que su nombre era Leedara. Sin embargo, después de insistir se pudo convencerla de que tocase algo de música con la flauta que traía y cantase algo para los presentes. Y entonces ocurrió algo inesperado, la música llenó la taberna.

Su voz era realmente hermosa, aunque las palabras resultaban incomprensibles para muchos de nosotros. Cantaba en una lengua que ninguno conocíamos, una lengua antigua que hacía que aquella canción pareciera provenir de un tiempo muy lejano. Durante unos instantes, las conversaciones se apagaron y todos escuchamos en silencio, no era simplemente una buena canción, había algo en ella que resultaba extraño. Melancólico. Hermoso y, al mismo tiempo, difícil de explicar.


 

Creo que fue Stormwood quien, al terminar la interpretación, se acercó para agradecerle la música, sus manos se rozaron, y el temor apareció en mi compañero, posteriormente nos hizo un comentario que no olvidaríamos fácilmente, su piel estaba fría, fría como la de un muerto.

Aquello hizo que las dudas se multiplicaran. ¿Quién era realmente aquella mujer? Conocía a Ispin ¿Era una antigua compañera de aventuras? ¿Quizá una amante? ¿O tal vez una enemiga que había venido a despedirse de él y mostrarle su respeto por última vez? No teníamos respuestas. Leedara seguía siendo un misterio, y por el momento, parecía decidida a que así continuara. Abandono la posada sin que nos diésemos cuenta y partió del pueblo sin una palabra más.

Después de aquel extraño encuentro, la noche continuó entre risas, recuerdos y brindis por el compañero perdido. También conocimos aquella noche a un noble  llamado Bakaris el Joven, hijo del hombre más rico del pueblo. Este no tardó demasiado en demostrar que la humildad no era precisamente una de sus virtudes. Petulante y deseoso de convertirse en el centro de atención, comenzó a hablar de Ispin con desprecio, tratando de deshonrar la memoria del difunto. No tuvo demasiado tiempo para continuar, los presentes se encargaron rápidamente de que Bakaris abandonara la taberna, y poder continuar a la manera de Ispin con la despedida.

El amanecer siguiente nos llevó hasta Muroespina, la antigua fortaleza situada a la entrada de Vogler y residencia de Becklin, nos había invitado a desayunar y así poder enseñárnosla a petición de Valeria y yo mismo. De camino nos encontramos con su ayudante, Darret, que se dirigía a comprar unos bizcochos para el desayuno que nos estaba preparando. Aquella pequeña muestra de hospitalidad no sería la última que recibiríamos de la caballero. Una vez en la fortaleza, Becklin nos hizo un regalo inesperado, nos entregó el escudo de Ispin. El viejo aventurero había querido que nosotros lo tuviéramos, y ahora aquella pieza quedaba en nuestras manos como último recuerdo suyo. Valeria fue quien lo tomó. A simple vista parecía un escudo, pero había algo extraño en él. Su aspecto no era el de un escudo corriente y yo esperaba poder disponer de tiempo para estudiarlo con detenimiento y descubrir si escondía alguna propiedad que todavía desconocíamos.

En lo alto de la fortaleza conocimos además a un personaje bastante peculiar. Un gnomo inventor, llamado Than, parecía estar construyendo algún tipo de artefacto que, a primera vista, solo podía describirse como una catapulta de personas. Aunque, a decir verdad, parecía que todavía estaba trabajando en la parte más importante del invento: cómo conseguir que quien fuera lanzado aterrizase con vida.

Aquella mañana comenzaron oficialmente las fiestas del Martín Pescador. El ambiente del pueblo volvió a llenarse de música, juegos y competición. Entre las distintas actividades tuvo lugar el tradicional concurso de pesca, en el que finalmente se alzó con la victoria la propia alcaldesa, Raven. Tuvimos entonces la oportunidad de conocerla mejor, una mujer muy respetada por los habitantes de Vogler, y aprovechamos para agradecerle la hospitalidad que el pueblo nos había ofrecido desde nuestra llegada.


 

Pero el acontecimiento principal estaba todavía por llegar. La recreación de la batalla de Colina Alta. La guarnición de Vogler representaría al ejército de los Solamnia, donde pertenecía el caballero Vogler, quien daba nombre al pueblo. Frente a ellos se encontrarían los mercenarios de Garrote, que representarían al ejército invasor. Todo estaba preparado para ser una representación divertida de una batalla legendaria. Las armas serían de madera y nadie debía resultar herido.

Además, como era tradición, existía un campeonato muy particular: el premio a la muerte más absurda o graciosa. En las últimas ediciones, aquel peculiar galardón había terminado en manos del bueno de Ispin.

Mis compañeros decidieron participar en el bando de Vogler. Yo, en cambio, acepté la invitación de Becklin para ejercer de juez junto a la alcaldesa Raven, y todo debería haber sido feliz, divertido, una celebración para recordar a los héroes del pasado y, al mismo tiempo, para honrar la memoria de Ispin.

Pero la traición se adueñó del campo de batalla.

Sin previo aviso, algunos de los soldados mercenarios dejaron de utilizar armas de madera, las armas reales aparecieron entre sus manos, y lo que hasta ese momento había sido una representación se convirtió en una auténtica matanza. Los mercenarios comenzaron a atacar y a matar aldeanos. El caos se extendió por el campo de batalla. Los gritos sustituyeron a las risas y las celebraciones se transformaron en una lucha desesperada por sobrevivir. Nadie tenía claro qué estaba sucediendo. Pero los Verdescudo sí tenían claro una cosa, aunque aquello fuera una recreación, ellos nunca habían abandonado sus armas, y ahora tendrían que utilizarlas.

Las flechas comenzaron a volar por encima del campo de batalla, hiriendo a combatientes sin distinguir entre bandos. Varios mercenarios cargaron directamente contra nosotros. Stormwood reaccionó transformándose en un enorme oso pardo y se lanzó con toda su fuerza contra uno de los mercenarios que avanzaba a caballo. Brottor, oculto detrás de un carromato, encontró el momento adecuado para disparar su ballesta y consiguió herir a otro de los atacantes. Yo alce mis manos y el fuego brotó de ellas, alcanzando y dañando a un tercero. Rayna lanzó su grito de batalla y se arrojó contra los mercenarios, mientras Valeria encaraba a otro de los enemigos.

La batalla había dejado de ser un juego. Darret que había venido con nosotros y Umi que apareció desde la espesura, cayeron al suelo, vencidos por las heridas. Pero ninguno de los demás retrocedimos, uno a uno, conseguimos derribar a los mercenarios que nos rodeaban. La furia de la batalla comenzaba a apoderarse de nosotros y, cuando estábamos a punto de poner fin a las miserables vidas de aquellos hombres, algo mucho más grande apareció ante nosotros.

Un semiogro. Gragonis, segundo al mando de la compañía mercenaria.


 

El comandante de los mercenarios había entrado finalmente en combate, acompañado por un par de soldados más. Durante un instante, todo pareció detenerse, entonces volvió a sonar el grito de guerra de Rayna que se arrojó con su gran hacha contra él, con un golpe del que no podría recuperarse. Fuego y metal siguieron dañándolos, todos concentramos nuestras fuerzas sobre el nuevo enemigo. La lucha fue dura. Mucho más dura que cualquier combate que hubiéramos imaginado cuando comenzó aquel día de fiesta.

El semiogro era una criatura formidable y sus golpes podían acabar con cualquiera de nosotros, pero los Verdescudo ya habían aprendido algo en Vogler: juntos éramos mucho más difíciles de derrotar. Golpeamos, esquivamos, conjuramos y resistimos. Y finalmente, tras un último y desesperado esfuerzo, el semiogro cayó ante la espada de Valeria y los últimos mercenarios fueron derrotados junto con él. Habíamos vencido. Aunque la muerte reinaba en la ladera

Poco después aparecieron la alcaldesa Raven, Becklin y Garrote. Las tres llegaban exhaustas, agotadas por la batalla y por el horror que acababan de presenciar. Garrote, especialmente, estaba fuera de sí. La traición había tenido lugar dentro de sus propias tropas. Aquellos hombres habían servido bajo su mando y, sin embargo, habían vuelto sus armas contra sus propios compañeros y contra los habitantes de Vogler.

Entre los numerosos cuerpos de los traidores conseguimos encontrar a uno que todavía permanecía con vida. Era nuestra oportunidad de descubrir qué había sucedido realmente. Lo llevamos a la posada y allí fue interrogado donde poco a poco comenzó a emerger la verdad.

Al parecer, Gragonis había recibido un pago para provocar un motín y hacerse con el control de la unidad mercenaria, arrebatándole el mando a Garrote. El plan había sido cuidadosamente preparado. Los implicados en la conspiración se encontraban todos en el campo de batalla y habían participado en la traición. La situación, sin embargo, parecía estar controlada. Los mercenarios que permanecían en su acuartelamiento no estaban implicados y, según lo descubierto durante el interrogatorio, permanecían leales a Garrote. Al menos por el momento.

El misterio de quién había pagado al ogro y cuáles eran sus verdaderas intenciones seguía sin resolverse. Pero una cosa estaba clara, lo que había sucedido en Vogler no había sido un simple enfrentamiento entre mercenarios.  Alguien había querido provocar el caos, y alguien había estado dispuesto a pagar por ello.

El Festival del Martín Pescador había comenzado como una celebración y había terminado dejando tras de sí muertos, traición y demasiadas preguntas.

Formamos un pequeño grupo junto a un cazador local para investigar lo sucedido y decidimos acudir al bosque, al lugar donde, según las palabras del mercenario superviviente, el semiogro se había reunido con alguien para organizar y fomentar el motín. Se adentraron entre los árboles siguiendo las indicaciones que habíamos conseguido durante el interrogatorio. Durante un buen rato no encontramos nada que pudiera aclarar nuestras dudas. Sin embargo, tras buscar con detenimiento, conseguimos descubrir algunos rastros. Huellas y señales de que varias personas habían pasado recientemente por aquel lugar. El rastro parecía continuar hacia el interior del bosque, y decidimos seguirlo.

Durante un par de horas se avanzó con cautela, cada vez más lejos de Vogler. Y entonces, al alcanzar una posición alta desde la que se podía contemplar el terreno que se extendía delante, se encontraba un ejército enorme. Cientos de soldados, tal vez miles, ocupaban el terreno hasta donde alcanzaba la vista. Filas de tropas, tiendas y estandartes se extendían ante nosotros.

Pero hubo algo que nos llamó especialmente la atención. Entre las tropas ondeaba un estandarte que hacía mucho tiempo que no se veía, cinco dragones de distintos colores formaban una estrella. Mala señal. No necesitábamos saber mucho más.

Aquello superaba con creces nuestras fuerzas y, si aquel ejército tenía Vogler como objetivo, el pueblo no estaba preparado para defenderse.

No se perdió tiempo. El grupo de exploradores regreso rápidamente al poblado para alertar a Raven, Becklin, Garrote y al resto de los habitantes.

Pero apenas habíamos tenido tiempo de asimilar lo que habíamos visto cuando una nueva sorpresa llegó a las puertas de Vogler. Un emisario de aquel ejército se había presentado ante el pueblo. No venía a negociar, traía un mensaje. Exigía que Vogler proporcionase alojamiento y alimento para todo el ejército, nadie podía abandonar el pueblo. Si sus habitantes se negaban a obedecer, las consecuencias serían claras. Vogler sería destruido. El ultimátum estaba sobre la mesa. Cinco soldados se quedarían vigilando que se cumpliesen sus exigencias desde lo alto del acantilado que protegía el pueblo.

Un enorme ejército se encontraba a pocas horas de las puertas del pueblo.


 

Y los Verdescudo comprendieron que la batalla que acababa de comenzar no era una simple disputa entre mercenarios. Aquello era algo mucho más grande. La guerra había llegado hasta Vogler. Y antes de ejecutar cualquier plan debíamos acabar con los vigías...

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EPÍLOGO:

Kansaldi Ojos de Fuego examinó en silencio el plano extendido ante ella.

Vogler sería la punta de lanza. Más allá, Kalaman. Y entre ambas, a uno y otro lado del río, se extendían vastas tierras salvajes que apenas ofrecerían resistencia al avance del Ejército del Dragón. La ciudad parecía preparada para resistir. Aún quedaban mercenarios leales al pueblo y la entrada era estrecha, fácil de defender. Pero Kansaldi no había llegado hasta allí para dejarse intimidar por una simple empalizada.

Tenía tres cosas que convertirían aquella conquista en un asunto breve. Un ejército. Una extraña máquina de los gnomos. Y un dragón.

Tres armas suficientes para quebrar la voluntad de cualquier ciudad que osara alzarse contra Takhisis.

Solo había una sombra sobre aquella certeza. Las constantes disputas entre el nigromante Lohezet y el clérigo Belephaion comenzaban a agotar su paciencia. Dos hombres poderosos, demasiado ocupados en alimentar sus propios rencores como para comprender que la guerra que se avecinaba no tendría piedad con los débiles ni con los necios.

Kansaldi volvió la mirada hacia Vogler en el mapa. Pronto y después, Kalaman.

El Ejército del Dragón Rojo avanzaría como una marea de sangre y fuego, y nada que los mortales pudieran reunir sería suficiente para detenerlo. No fracasaría. No ante su señor, Lord Verninaard. Y mucho menos ante su diosa. Takhisis.

Por un instante, los ojos de Kansaldi parecieron reflejar el resplandor de un fuego que todavía no había comenzado a arder. —Que empiece la conquista.

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En breve la segunda parte de “Cuando arde el hogar” con el desenlace y la suerte de Vogler y su “asedio”. Y como de costumbre las fichas de los personajes en el estado que estén conforme acaben la aventura rolatada:

Héroes de la Saga Verdescudo V.3.0

 

Marcados saludos.-

viernes, 14 de agosto de 2026

Preludios de Guerra

 


Buenas,

Y comienza la campaña de Dragonlance Quinta “La Sombra de la Reina de los Dragones”. El primer rolato corresponde a Brottor el enano pícaro de Sergio. Aquí os dejo con el rolato, si vas a jugar esta campaña oficial, mejor no lo leas, porque aunque hemos metido cambios, te la vas a spoilear...

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PRÓLOGO:

Nadie sabe con certeza si fue la enigmática rueca del Destino, un caprichoso soplo de la fortuna o la voluntad silente de los Viejos Dioses de Krynn lo que guio los pasos de aquellos viajeros. Cinco almas solitarias, unidas por el legado del recordado Ispin Verdescudo, y un monje impulsado por los oscuros susurros de una profecía, cruzaron sus caminos bajo el techo de El Arpa Dorada. Sin embargo, las estrellas ya habían hablado: en aquel instante, las hebras de sus vidas se entrelazaron de forma irrevocable, forjando el nudo que ataría la suerte de toda Ansalon ante las sombras emergentes de la Guerra de la Lanza.

Fue en una de las temidas Noches del Ojo, cuando las tres lunas de Krynn alinearon su poder sobre el firmamento, donde Valeria sostuvo la luz que guio a Elesseryn a través del fuego y las sombras de su primera prueba en la Púa. Pero el destino no otorga tregua a los héroes. Al despuntar el mediodía, una emboscada de abominaciones nacidas de la oscuridad quebró la calma, amenazando con sofocar la llama de su leyenda antes de que el primer capítulo pudiera ser escrito...

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Bajo la mirada fija de las tres lunas de Krynn, donde el destino susurra y la penumbra no tiene fin, se alza la Compañía Verdescudo, de leyenda y de valor, lista para plantar cara a la sombra y al terror.

Por el recuerdo del viejo Ispin y bajo un mismo tejado, en El Arpa Dorada su pacto fue sellado. Cinco almas errantes y un monje en busca de luz, unieron sus senderos para cargar con la cruz.

Criaturas de la noche emboscaron su andar, buscando su llama incipiente apagar. Pero el acero crujió y la fe no cedió: el primer capítulo con sangre se escribió.

Hoy marchan juntos por las tierras de Ansalon, escudo del débil, coraje y corazón. En la Guerra de la Lanza su nombre resonará, ¡y la historia de los Verdescudo nunca se apagará!

Primer Cantar de la Compañía Verdescudo.

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La llegada a Vogler:

El sol aún no había borrado la sangre de la hierba cuando la compañía dio por terminada la escaramuza contra aquellas extrañas criaturas reptilianas. El silencio regresó al camino, roto solo por el lamento del viento y el peso de una nueva tragedia. Ante ellos yacían los cuerpos sin vida de los caballeros de Solamnia caídos en combate. Valeria, imbuida del honor de su orden y conocedora de los usos sagrados de la caballería, asumió el mando del momento. Con voz solemne, guio al grupo y les indicó la forma correcta de cavar las fosas, disponer las armas y honrar las almas de los caídos según los antiguos preceptos solámnicos, asegurando que su último descanso mantuviera la dignidad de la espada.

Una vez cumplido el sagrado deber, el polvo del camino del este volvió a aferrarse a las botas de la compañía mientras los últimos destellos del sol tiñeron de púrpura el cielo de Ansalon. Detrás quedaba la escaramuza; por delante, a tan solo día y medio de marcha, aguardaba el pueblo pesquero de Vogler.

Brottor ajustó los correajes de su armadura de cuero. Sus ojos de pícaro, habituados a buscar el doble fondo de las cosas, se fijaron en tres figuras que avanzaban en dirección opuesta. Al cruzarse, un par de sílabas sueltas, un deje arrastrado y una postura sutil no pasaron desapercibidos para él: jerga de ladrones. Con una sonrisa de camaradería criminal, se adelantó para intercambiar noticias.

—Kalaman es un hervidero —masculló uno de los bribones, escupiendo al suelo—. Está atestada de refugiados. Todos huyen de una guerra que devora el este. Y corren rumores... rumores de que los dragones han vuelto.

El grupo se tensó. El elfo Elesseryn apretó el puño, mientras Rayna sostenía la cabeza de su hacha, recordando las escamas de las criaturas que habían combatido horas antes.

—Si vais hacia el este, mantened los ojos abiertos —advirtió Brottor con gravedad—. Esos rumores tienen garras. Nosotros ya hemos sangrado por ellas.

Se separaron cuando la noche caía, montando el que sería su último campamento antes de llegar a su destino.

Stormwood amarga la noche de Brottor en una posada

 

El amanecer trajo consigo algo más que el olor a gachas y té ahumado. Mientras el monje enano Umi apagaba las brasas, un silencio místico envolvió a dos de sus compañeros. Valeria, la escudera de Solamnia, y el druida Stormwood compartían una mirada de absoluto asombro.

—Hemos tenido el mismo sueño —anunció Valeria, su voz habitualmente firme temblando sutilmente—. Paladine se ha mostrado ante mí.

—Y Chislev ha caminado en mis visiones —añadió Stormwood, extendiendo la palma de la mano.

En sus manos descansaban dos medallones que juraban no tener al acostarse. Brottor, escéptico por naturaleza, tomó el artefacto de Valeria. Sus dedos expertos sopesaron el metal; la filigrana era perfecta, un diseño sagrado y limpio, una obra humana inequívoca de los tiempos anteriores al Cataclismo, cuando los verdaderos dioses aún escuchaban las plegarias. El pícaro arqueó una ceja y se lo devolvió. Su escepticismo era duro de roer, pero el brillo en los ojos de la paladín y el druida delataba una experiencia mística innegable. Los viejos dioses, al parecer, estaban despertando.


 

Al mediodía, las colinas del norte revelaron una presencia inquietante: un campamento militar. Estandartes rojos con un hacha negra ondeaban al viento.

—El Regimiento Acorazado —dijo Rayna con un gruñido—. Mercenarios. Su capitana es una de las antiguas camaradas de armas del viejo Ispin, Ridormir "Garrote" Ironsmile.

Evitando el campamento, la compañía descendió finalmente hacia Vogler. El pueblo se asentaba sobre una península fortificada por la propia naturaleza, rodeada por acantilados que desafiaban las aguas del río Vingaard. Cruzaron un angosto desfiladero, bajo la sombra de una antigua fortaleza solamnica medio derruida y devorada por el tiempo. La empalizada de entrada estaba desierta, sin guardias, pues todo el asentamiento vibraba con la música y el bullicio del Festival del Martín Pescador.

Al llegar a la Plaza Mayor, la festiva algarabía contrastó con el peso de sus corazones. Preguntaron por el velatorio de su buen amigo e inmediatamente los señalaron hacia los muelles: la posada del Cangrejo de Latón.

El grupo se dividió. Elesseryn y Brottor, buscando respuestas a los misterios que los acechaban, se dirigieron directos a la taberna. Mientras tanto, Umi, Rayna, Stormwood y Valeria decidieron sumergirse en las celebraciones locales, buscando un último momento de ligereza antes del duelo.


 

En la penumbra del Cangrejo de Latón, el elfo y el pícaro se presentaron ante la posadera como amigos del finado.

—Buscamos a la Caballero de Solamnia que nos envió las misivas —solicitó Elesseryn con elegancia.

—Ah, la señora Becklin Uth Viharin reside arriba, en la vieja fortaleza del desfiladero —respondió—. Pero no os preocupéis, bajará a cenar aquí mismo esta noche.

Las horas pasaron. Cuando el sol comenzó a retirarse, las puertas de la posada se abrieron de par en par para dejar pasar al resto de la comitiva. El ambiente lúgubre se rompió de golpe. Rayna, Stormwood y Umi venían cantando, arrastrando los pies y con las mejillas encendidas por el exceso de alcohol del festival. Solo Valeria mantendría la compostura, aunque miraba de reojo y con resignación a sus compañeros.

—¡Contemplen! —exclamó Umi con una carcajada ebria, dejando caer sobre la mesa una generosa sarta de chorizos—. ¡El gran trofeo de la cucaña! ¡Ningún humano trepa como un enano de las colinas!


 

Para hacer tiempo antes de la cena y dejar que los vapores del alcohol se asentaran, volvieron a separarse. Elesseryn y Brottor caminaron entre las redes de los muelles, intentando sonsacar a los pescadores noticias frescas sobre Kalaman, aunque solo obtuvieron silencios y miradas evasivas. Por su parte, la delegación más pintoresca —Umi, Valeria, Stormwood y Rayna— paseó por el sector oeste del pueblo, intrigados por los secretos de una imponente casa solariega que dominaba la zona. Su curiosidad quedó saciada rápidamente. La casa era la morada una rica familia de antiguos nobles caballeros y no escondía ningún misterio.

Finalmente, la noche reunió a los seis compañeros alrededor de una mesa robusta en el Cangrejo de Latón. Fue entonces cuando una figura acorazada y de porte noble se aproximó a ellos. La Caballero de Solamnia se presentó y les agradeció haber acudido a la llamada.

—Ispin os apreciaba de verdad —dijo la mujer, compartiendo la mesa con ellos—. Mañana le daremos el último adiós que merece un auténtico viajero. Su cuerpo será depositado en una barca y, tal como dicta la tradición de los ríos, lo entregaremos al fuego y al Vingaard.

El ambiente se volvió denso cuando la compañía decidió que era el momento de hablar de los peligros reales que acechaban los caminos. Informamos a la caballero de Solamnia que tres de sus compañeros habían sido atacados y muertos por aquellas criaturas reptilianas en el camino. Los rostros de los aventureros reflejaban una honda preocupación; le explicamos que creíamos firmemente que esas criaturas podían atacar Vogler en cualquier momento. Dado que eran extremadamente peligrosas y que la empalizada de entrada se encontraba desguarnecida, les sugerimos que sería una excelente idea empezar a preparar la defensa del pueblo lo antes posible y, dada la gravedad de la situación, solicitar la ayuda del Regimiento Acorazado acampado en las colinas.

Los seis aventureros brindaron en silencio por el amigo caído y por el incierto destino que les aguardaba. Sabían que el funeral de mañana no solo sería una despedida, sino el sombrío preludio de una tormenta que amenazaba con devorar toda Solamnia.

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EPÍLOGO:

Bajo el cielo plomizo de un Ansalon herido, donde el viento aúlla canciones de un tiempo perdido, marchan los Verdescudo, con la mirada al frente, crujiendo la bota en la estepa, entre el frío y la vertiente.

Páramos de ceniza, ríos de sangre y desolación, allá donde la guerra ha puesto su marca de destrucción, donde los recuerdos son sombras y la esperanza es un don, vagan estos guerreros, con el alma en la canción.

Pero el peligro acecha en la inmensidad del cielo, una sombra alada, un grito que siembra el anhelo: ¡Un Dragón! Una bestia de aliento de fuego y de mal, se abalanza sobre ellos, con su garra mortal.

El metal se encuentra con la escama, el grito con el rugido, en un baile de muerte, donde el valor es el único nido. Valeria y Rayna blanden su acero, todos invocan la luz, el monje busca el equilibrio, bajo la oscura cruz.

La batalla es feroz, la tierra tiembla a sus pies, entre llamaradas y gritos, el miedo es un revés. Pero la Compañía Verdescudo no cede en su empeño, su espíritu es inquebrantable, su valor es el dueño.

Cuarto Cantar de la Compañía Verdescudo.

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Seguiremos con las venturas y desventuras en Vogler del grupo. Pronto más.

Y ahora fichas de los personajes en el estado que estén conforme acaben la aventura rolatada:

Héroes de la Saga Verdescudo V.2.0

 

Marcados saludos.-