Buenas,
Y comienza la campaña de Dragonlance Quinta “La Sombra de la Reina de los Dragones”. El primer rolato corresponde a Brottor el enano pícaro de Sergio. Aquí os dejo con el rolato, si vas a jugar esta campaña oficial, mejor no lo leas, porque aunque hemos metido cambios, te la vas a spoilear...
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PRÓLOGO:
Nadie sabe con certeza si fue la enigmática rueca del Destino, un caprichoso soplo de la fortuna o la voluntad silente de los Viejos Dioses de Krynn lo que guio los pasos de aquellos viajeros. Cinco almas solitarias, unidas por el legado del recordado Ispin Verdescudo, y un monje impulsado por los oscuros susurros de una profecía, cruzaron sus caminos bajo el techo de El Arpa Dorada. Sin embargo, las estrellas ya habían hablado: en aquel instante, las hebras de sus vidas se entrelazaron de forma irrevocable, forjando el nudo que ataría la suerte de toda Ansalon ante las sombras emergentes de la Guerra de la Lanza.
Fue en una de las temidas Noches del Ojo, cuando las tres lunas de Krynn alinearon su poder sobre el firmamento, donde Valeria sostuvo la luz que guio a Elesseryn a través del fuego y las sombras de su primera prueba en la Púa. Pero el destino no otorga tregua a los héroes. Al despuntar el mediodía, una emboscada de abominaciones nacidas de la oscuridad quebró la calma, amenazando con sofocar la llama de su leyenda antes de que el primer capítulo pudiera ser escrito...
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Bajo la mirada fija de las tres lunas de Krynn, donde el destino susurra y la penumbra no tiene fin, se alza la Compañía Verdescudo, de leyenda y de valor, lista para plantar cara a la sombra y al terror.
Por el recuerdo del viejo Ispin y bajo un mismo tejado, en El Arpa Dorada su pacto fue sellado. Cinco almas errantes y un monje en busca de luz, unieron sus senderos para cargar con la cruz.
Criaturas de la noche emboscaron su andar, buscando su llama incipiente apagar. Pero el acero crujió y la fe no cedió: el primer capítulo con sangre se escribió.
Hoy marchan juntos por las tierras de Ansalon, escudo del débil, coraje y corazón. En la Guerra de la Lanza su nombre resonará, ¡y la historia de los Verdescudo nunca se apagará!
Primer Cantar de la Compañía Verdescudo.
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La llegada a Vogler:
El sol aún no había borrado la sangre de la hierba cuando la compañía dio por terminada la escaramuza contra aquellas extrañas criaturas reptilianas. El silencio regresó al camino, roto solo por el lamento del viento y el peso de una nueva tragedia. Ante ellos yacían los cuerpos sin vida de los caballeros de Solamnia caídos en combate. Valeria, imbuida del honor de su orden y conocedora de los usos sagrados de la caballería, asumió el mando del momento. Con voz solemne, guio al grupo y les indicó la forma correcta de cavar las fosas, disponer las armas y honrar las almas de los caídos según los antiguos preceptos solámnicos, asegurando que su último descanso mantuviera la dignidad de la espada.
Una vez cumplido el sagrado deber, el polvo del camino del este volvió a aferrarse a las botas de la compañía mientras los últimos destellos del sol tiñeron de púrpura el cielo de Ansalon. Detrás quedaba la escaramuza; por delante, a tan solo día y medio de marcha, aguardaba el pueblo pesquero de Vogler.
Brottor ajustó los correajes de su armadura de cuero. Sus ojos de pícaro, habituados a buscar el doble fondo de las cosas, se fijaron en tres figuras que avanzaban en dirección opuesta. Al cruzarse, un par de sílabas sueltas, un deje arrastrado y una postura sutil no pasaron desapercibidos para él: jerga de ladrones. Con una sonrisa de camaradería criminal, se adelantó para intercambiar noticias.
—Kalaman es un hervidero —masculló uno de los bribones, escupiendo al suelo—. Está atestada de refugiados. Todos huyen de una guerra que devora el este. Y corren rumores... rumores de que los dragones han vuelto.
El grupo se tensó. El elfo Elesseryn acarició el pomo de su bastón, mientras Rayna apretaba el puño, recordando las escamas de las criaturas que habían combatido horas antes.
—Si vais hacia el este, mantened los ojos abiertos —advirtió Brottor con gravedad—. Esos rumores tienen garras. Nosotros ya hemos sangrado por ellas.
Se separaron cuando la noche caía, montando el que sería su último campamento antes de llegar a su destino.

Stormwood amarga la noche de Brottor en una posada
El amanecer trajo consigo algo más que el olor a gachas y té ahumado. Mientras el monje enano Umi apagaba las brasas, un silencio místico envolvió a dos de sus compañeros. Valeria, la escudera de Solamnia, y el druida Stormwood compartían una mirada de absoluto asombro.
—Hemos tenido el mismo sueño —anunció Valeria, su voz habitualmente firme temblando sutilmente—. Paladine se ha mostrado ante mí.
—Y Chislev ha caminado en mis visiones —añadió Stormwood, extendiendo la palma de la mano.
En sus manos descansaban dos medallones que juraban no tener al acostarse. Brottor, escéptico por naturaleza, tomó el artefacto de Valeria. Sus dedos expertos sopesaron el metal; la filigrana era perfecta, un diseño sagrado y limpio, una obra humana inequívoca de los tiempos anteriores al Cataclismo, cuando los verdaderos dioses aún escuchaban las plegarias. El pícaro arqueó una ceja y se lo devolvió. Su escepticismo era duro de roer, pero el brillo en los ojos de la paladín y el druida delataba una experiencia mística innegable. Los viejos dioses, al parecer, estaban despertando.
Al mediodía, las colinas del norte revelaron una presencia inquietante: un campamento militar. Estandartes rojos con un hacha negra ondeaban al viento.
—El Regimiento Acorazado —dijo Rayna con un gruñido—. Mercenarios. Su capitana es una de las antiguas camaradas de armas del viejo Ispin, Ridormir "Garrote" Ironsmile.
Evitando el campamento, la compañía descendió finalmente hacia Vogler. El pueblo se asentaba sobre una península fortificada por la propia naturaleza, rodeada por acantilados que desafiaban las aguas del río Vingaard. Cruzaron un angosto desfiladero, bajo la sombra de una antigua fortaleza solamnica medio derruida y devorada por el tiempo. La empalizada de entrada estaba desierta, sin guardias, pues todo el asentamiento vibraba con la música y el bullicio del Festival del Martín Pescador.
Al llegar a la Plaza Mayor, la festiva algarabía contrastó con el peso de sus corazones. Preguntaron por el velatorio de su buen amigo e inmediatamente los señalaron hacia los muelles: la posada del Cangrejo de Latón.
El grupo se dividió. Elesseryn y Brottor, buscando respuestas a los misterios que los acechaban, se dirigieron directos a la taberna. Mientras tanto, Umi, Rayna, Stormwood y Valeria decidieron sumergirse en las celebraciones locales, buscando un último momento de ligereza antes del duelo.
En la penumbra del Cangrejo de Latón, el elfo y el pícaro se presentaron ante la posadera como amigos del finado.
—Buscamos a la Caballero de Solamnia que nos envió las misivas —solicitó Elesseryn con elegancia.
—Ah, la señora Becklin Uth Viharin reside arriba, en la vieja fortaleza del desfiladero —respondió—. Pero no os preocupéis, bajará a cenar aquí mismo esta noche.
Las horas pasaron. Cuando el sol comenzó a retirarse, las puertas de la posada se abrieron de par en par para dejar pasar al resto de la comitiva. El ambiente lúgubre se rompió de golpe. Rayna, Stormwood y Umi venían cantando, arrastrando los pies y con las mejillas encendidas por el exceso de alcohol del festival. Solo Valeria mantendría la compostura, aunque miraba de reojo y con resignación a sus compañeros.
—¡Contemplen! —exclamó Umi con una carcajada ebria, dejando caer sobre la mesa una generosa sarta de chorizos—. ¡El gran trofeo de la cucaña! ¡Ningún humano trepa como un enano de las colinas!
Para hacer tiempo antes de la cena y dejar que los vapores del alcohol se asentaran, volvieron a separarse. Elesseryn y Brottor caminaron entre las redes de los muelles, intentando sonsacar a los pescadores noticias frescas sobre Kalaman, aunque solo obtuvieron silencios y miradas evasivas. Por su parte, la delegación más pintoresca —Umi, Valeria, Stormwood y Rayna— paseó por el sector oeste del pueblo, intrigados por los secretos de una imponente casa solariega que dominaba la zona. Su curiosidad quedó saciada rápidamente. La casa era la morada una rica familia de antiguos nobles caballeros y no escondía ningún misterio.
Finalmente, la noche reunió a los seis compañeros alrededor de una mesa robusta en el Cangrejo de Latón. Fue entonces cuando una figura acorazada y de porte noble se aproximó a ellos. La Caballero de Solamnia se presentó y les agradeció haber acudido a la llamada.
—Ispin os apreciaba de verdad —dijo la mujer, compartiendo la mesa con ellos—. Mañana le daremos el último adiós que merece un auténtico viajero. Su cuerpo será depositado en una barca y, tal como dicta la tradición de los ríos, lo entregaremos al fuego y al Vingaard.
El ambiente se volvió denso cuando la compañía decidió que era el momento de hablar de los peligros reales que acechaban los caminos. Informamos a la caballero de Solamnia que tres de sus compañeros habían sido atacados y muertos por aquellas criaturas reptilianas en el camino. Los rostros de los aventureros reflejaban una honda preocupación; le explicamos que creíamos firmemente que esas criaturas podían atacar Vogler en cualquier momento. Dado que eran extremadamente peligrosas y que la empalizada de entrada se encontraba desguarnecida, les sugerimos que sería una excelente idea empezar a preparar la defensa del pueblo lo antes posible y, dada la gravedad de la situación, solicitar la ayuda del Regimiento Acorazado acampado en las colinas.
Los seis aventureros brindaron en silencio por el amigo caído y por el incierto destino que les aguardaba. Sabían que el funeral de mañana no solo sería una despedida, sino el sombrío preludio de una tormenta que amenazaba con devorar toda Solamnia.
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EPÍLOGO:
Bajo el cielo plomizo de un Ansalon herido, donde el viento aúlla canciones de un tiempo perdido, marchan los Verdescudo, con la mirada al frente, crujiendo la bota en la estepa, entre el frío y la vertiente.
Páramos de ceniza, ríos de sangre y desolación, allá donde la guerra ha puesto su marca de destrucción, donde los recuerdos son sombras y la esperanza es un don, vagan estos guerreros, con el alma en la canción.
Pero el peligro acecha en la inmensidad del cielo, una sombra alada, un grito que siembra el anhelo: ¡Un Dragón! Una bestia de aliento de fuego y de mal, se abalanza sobre ellos, con su garra mortal.
El metal se encuentra con la escama, el grito con el rugido, en un baile de muerte, donde el valor es el único nido. Valeria y Rayna blanden su acero, todos invocan la luz, el monje busca el equilibrio, bajo la oscura cruz.
La batalla es feroz, la tierra tiembla a sus pies, entre llamaradas y gritos, el miedo es un revés. Pero la Compañía Verdescudo no cede en su empeño, su espíritu es inquebrantable, su valor es el dueño.
Cuarto Cantar de la Compañía Verdescudo.
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Seguiremos con las venturas y desventuras en Vogler del grupo. Pronto más.
Y ahora fichas de los personajes en el estado que estén conforme acaben la aventura rolatada:
Héroes de la Saga Verdescudo V.2.0
Marcados saludos.-





