Aventuras en la Marca del Este, un retroclón español de la caja básica de D&D.

El Clan del Lobo Gris, aventureros proscritos, los últimos de su clan.

Estas son las crónicas de nuestras aventuras, con este magnífico sistema.

domingo, 10 de abril de 2022

La Ira del Guardián, Parte 6

 


Buenas,

Y vamos con el sexto rolato de la campaña oficial de Symbaroum La Ira del Guardián (primera parte de la Crónica del Trono de Espinas). Ya acabamos el segundo acto y con este rolato comenzamos el tercer y último acto de la campaña, “Medianoche en Fuerte Espina”.

El rolato lo hace Pepe, desde el un punto de vista muy original... ahí lo dejo...

El próximo rolato será el último de esta campaña (primera parte de una mucho más grande que cambiará todos los cimientos de la ambientación), finalmente creo que nos llevará unas 22-23 sesiones acabarla entera.

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PRÓLOGO I:

«Bajo esta oscuridad el cielo me parece muerto, no necesito ayuda. Los cuervos son mis consejeros».

Katranja, exploradora vajvodea.-

 

PRÓLOGO II:

«Los gatos parecen conducirse según el principio de que nunca hace daño pedir lo que uno quiere».

Holdara de la casa Holtall, diplomática ambria.-

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Hambre, sed, oscuridad… estoy encerrado. Llevo días así. ¿Dónde está esa humana? La puerta se abre. Luz. Varios humanos entran. Registran la instancia y dan conmigo. Junto con otros libros y redomas, sacan mi jaula de aquel cuartucho y me llevan a una habitación en una posada.

Estoy débil, hambriento y muy dolorido. De no ser por eso me hubiese escapado. El trasgo me cuida. La mujer rubia también es amable, pero el trasgo tuerto sabe cómo tratarme. Me alimenta. Me limpia. Me relajo.

Al cabo de unas horas me vuelven a alimentar. Parece que pronto volveré a tener fuerzas y escapare, ¡pero no!, tal y como esa humana a la que llamaban Anadea hizo cuando me compro en esa feria de animales cerca del enorme edificio redondo, el trasgo me pone un collar. Me vuelve a alimentar, esta vez con un manjar que ya había probado. Es delicioso, pero al igual que la otra vez, me relaja, aunque sé lo que pasara a continuación…

…es de noche cuando nos adentramos en el bosque. A pesar de que me siento extrañamente relajado mi instinto me hace buscar ese manjar que me han hecho probar y sé que lo encontraré en alguna parte del bosque. Mientras lo busco con ahínco, el trasgo me lleva con una correa y los demás le siguen. La humana rubia y el humano con la capa comentan que han hablado con alguien en la ciudad y buscan algo llamado los Salones de las Mil Lágrimas. No sé qué pinto yo en todo esto. Solo quiero encontrar ese manjar…

Despierto. De nuevo me alimentan. ¿Cómo diablos tienen ellos ese manjar? Quiero más. Sigo atravesando el bosque. Siempre vigilado. Siempre atado por ese trasgo. En el fondo me cae bien. Pero quiero mi libertad. Quiero mi manjar. Antes de oscurecer nos topamos con bárbaros de un clan antiguo, casi extinto. La jabalí que acompaña al trasgo, los despista mientras el resto de los humanos permanecen escondidos. A la noche dormimos. Estoy cansado. Mañana intentare escapar.

 

Aluin, hijo de Sarvola

Sigo atado. De nuevo brilla el sol. Seguimos atravesando el bosque. A media mañana se encuentran con un joven humano. Su aspecto es inofensivo. Los niños humanos no viajan solos por el bosque. Los humanos parecen tranquilos. De repente algo del muchacho parece asustar mucho a la humana rubia amable. Ese miedo parece poco a poco contagiar al resto, incluso al trocalengo… y se despiden temerosos y extrañados del muchacho. Yo sigo atado. Buscando el manjar. Solo deseo comerlo.

Se hace de nuevo la noche. Me han alimentado. Estoy más relajado. Si no estuviese atado escaparía, me adentraría en el bosque, los dejaría atrás y seria libre para buscar lo que más deseo, pero no me quitan ojo de encima. Estamos en unas ruinas. Se ha unido otra humana, la más fea que he visto en mi vida. Estamos acampados en unas antiguas ruinas. El trasgo, junto con la humana amable, parecen encontrar algo entre la arena y las piedras, un saquito. No huele a comida. Pueden hacer lo que quieran con él. De repente la noche se ilumina. Miles de luces empiezan a rodearnos. La humana amable los mira ensimismada, ¡pero! ¿cómo puede ser tan tonta?, hasta yo mismo se lo peligroso de esas luces. Por suerte el resto parecen saberlo también. El hombre de la capa y el trocalengo empiezan a alejarse de ellas rápidamente. El trasgo me desata y tira de mí y de la humana que sigue contemplando boquiabierta a las luces, mientras que la humana horrorosa mantiene alejada a un par de esas luces que se acercaban peligrosamente. Por suerte las conseguimos dejar atrás.

Al día siguiente el viento es fuerte. Mece el bosque entero. Solo los árboles más fuertes permanecen impasibles ante la ferocidad del viento. Llegamos hasta un pantano. Mi manjar esta al otro lado. Tal vez los torpes humanos se hundan si intentan atravesarlo y pueda escaparme. Mientras discuten si atravesarlo o rodearlo un ser viejo y amorfo aparece y les propone un trato. ¡Mierda! Va a estropear mi plan. El trasgo acepta un trato con el ser que se hace llamar Madre Marjal, pero esta aun no le revela cual será el favor a cambio. ¡Rápido tengo hambre! 

Hoy no hay viento. Pensé que los humanos eran lo más asquerosos, hasta que presencio con mis propios ojos el nacimiento de un ogro desde la mismísima tierra. Los humanos se asustan. El ogro estaba confuso, pero ya su tamaño era tremendo a pesar de acabar de nacer. Los humanos le dejaron comida, la cual el ogro recoge y se pierde en la frondosidad del bosque.

Otro día y sigo atado. Empiezo a sentirme con más fuerzas y harto de esta situación. He recuperado mi instinto y deseo más que nunca volver a ser libre. Pero no me dejan. Al trasgo se le ha caído el saco que encontró días atrás. Nadie salvo el humano con capa y yo nos hemos percatado de ello. Mas adelante vuelvo a tener una pequeña oportunidad, ya que una bárbara fuera de sí y asustada habla con ellos. Ha debido ver mil atrocidades y les avisa de que salgan del bosque. Pero no les distrae lo suficiente para poder romper mis ataduras.

Esa noche los humanos me demuestran su irracional comportamiento. El trasgo, mientras todos duermen parece querer cortarle el cuello al hombre de la capa. El resto de humanos tampoco entendió el comportamiento del trasgo. El humano con capa pasa la noche en lo alto de un árbol. En cierta manera le envidio.

 


No sé si los humanos las han visto o no, pero hadas llevan observándonos durante todo el día de hoy. Cuando cae la noche, el humano con capa vuelve a dormir en la copa del árbol y el trasgo trepa sigilosamente hacia allí. Sinceramente, yo lo hubiese hecho mejor. Me dejan atado y solo. Intento romper las cuerdas. No puedo, pero para mi alegría una pequeña hada, salida de la maleza intenta ayudarme. ¡Ya era hora! Pero la humana rubia y amable parece verlo. Arroja un cuchillo al hada. La noble hada intenta desesperadamente liberarme, pero esa humana, la cual ya no me gusta tanto, acaba con su vida. ¡la desgarraría la garganta si me fuera posible!

El deseo es atroz. ¡Quiero esas malditas setas! Y el bosque es inmenso, pero gracias a la propia naturaleza… ¡por fin doy con ellas! Como deseoso. Los humanos también parecen contentos de que lo haga, pero están esperando algo más, ¿tan hermoso es verme comer? .... de repente un torbellino parece imbuirnos y trasladarnos a otro lugar ¡nooo mis setas! Al menos comí todas las que pude.

El torbellino parece trasladarnos a un misterioso túnel descendiente. Los humanos parecen haberse olvidado de mí. Les seguiré entre las sombras y tal vez me vengue de alguno de ellos…

 


Los humanos llegan a una sala en la que un gigantesco elfo, casi el doble de grande que ellos, está meditando. A su espalda y a cada lado hay dos puertas. A ambos lados del elfo dos elfos más pequeños, encapuchados lloran sobre un cuenco.

Tras minutos de espera e incertidumbre los elfos hacen llamar a otra elfa, que parecía tener relación con los humanos. Esto es lo que verdaderamente parece que buscaban los humanos, repuestas de esa elfa a sus preguntas. Hablan de mi anterior dueña, Anadea, de su pertenencia a un anillo de hierro. Hablan del triste destino de los elfos. Hablan de pactos a cambio de su ayuda por acabar con una secta en la ciudad, hablan de un hombre malo Erlaber Ambreagos, de Eox un dios moribundo y de cómo curar su herida mortal. Tras las conversaciones y ante la preocupación de la humana que en su momento fue amable conmigo por el regreso a la ciudad un nuevo torbellino se abre y los humanos desaparecen

¡Al diablo con ellos! ¡Qué les den! Espero no volver a verlos. Ahora mi única preocupación es buscar esas setas de nuevo, ya en libertad….

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De nuevo en Davokar un fuerte viento, que parecía que arrancaría los árboles más jóvenes del suelo, les recibió. Fenyek propuso acampar, ya que la noche estaba próxima, y de paso refugiarse de ese viento y mañana poner rumbo a Fuerte Espina. Aquella noche Darda soñó con un juicio de mantosnegros y su preocupación por Tanis aumentó. Apenas pudo dormir. Mientras a Fenyek, lo que le preocupaba era ese maldito nombre… Erlaber Ambreagos, ¿porque le sonaba tanto? Abrazó a Kverula, miró a Kiryn que volvió a pasar la noche en la copa de un árbol. Tal vez el viento haga el trabajo por él, pensó Fenyek, y el corazón avaricioso de Kiryn seria suyo a la mañana siguiente.

Apenas a media mañana se encontraban en la puerta norte de Fuerte Espina. Estaban más cerca de lo que pensaban. Atravesaron las puertas. En la Plaza del Sapo un pregonero del alcalde vociferaba las ultimas noticias desde el derrumbe. Tan cotidiano evento heló la sangre de todos, en especial de Hoptar. Según la fecha que el pregonero decía, era el día vigésimo del mes cuarto. Según sus cuentas en ese día estaban atravesando el pantano de Madre Margal. Todos se miraron entre ellos ¡hacía cuatro días de eso! –Hoptar, ¿estás bien?– Darda miraba ojiplática al trocalengo. Este tenía la mirada perdida, su piel estaba helada como el hielo. Todos se miraban unos a otros perplejos pero el trocalengo no asimiló bien la noticia, algo dentro de él se quebró.

Repuestos, y una vez asimilado tan peculiar viaje, todos se miraron. Yagaba, Fenyek, Darda, Kiryn y el estupefacto Hoptar. Deberían encontrar cuanto antes la curtiduría y a Erlaber Ambreagos, recuperar la cabeza de Eox, el dios moribundo y devolverla a las brujas de Davokar…. O una gran oscuridad caería sobre toda Fuertespina…

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EPÍLOGO I:

(ASÍ HABLÓ AROALEA)

«… y en el albor de los tiempos estaba Wyrhta, el poder que crea.

Donde Nada había reinado de forma suprema, Wyrhta dio vida a Todo;

moldeando aquí y allá, engendrando ahora y entonces,

creó la una y en coro la otra.

Y donde surgió la atracción,

la naturaleza prosperó y se multiplicó…

 

… pero de aquello indómito Wielda apareció, el poder que rige:

el poder de la violencia deliberada, que doblega aquí y allá,

que transforma ahora y entonces según ideas y anhelos;

que cosecha la una y rechaza a la otra.

Con el tiempo el apetito de Wielda creció,

y el alumbramiento fue inevitable…

 

… porque la violencia engendra odio, engendra a Wratha, el poder que reacciona.

Nacida del hambre de Wielda por los designios de Wyrhta, Wratha está en todas partes y en ninguna,

siempre cerca de donde madre encuentra a madre,

siempre aumentando en fuerza el empuje de la violencia.

La llegada del oscuro fruto está predestinada,

tan ineludible como terrible…

 

… y ocurre, ha ocurrido y ocurrirá de nuevo,

que Wratha crece ilimitada, furiosa, ciega en su hambre.

Sucede que a la negrura le crecen carne y espíritu y las más afiladas de las garras,

que el fruto esparce semillas que envenenan a la primera,

con el objetivo de suprimir a la segunda.

Y encones muere Todo».

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Y a continuación el estado actual de los personajes de Symbaroum Salvaje, ya muchos en Rango Legendario:

Héroes de Symbaroum.

 

Marcados saludos.-

lunes, 28 de marzo de 2022

Juicio en Templorrecio

 


Buenas,

Pues en base a la trama religiosa de “La Ira del Guardián” (Sarvola, la tablilla de los hermanos templarios, Kargoi Salamos, etc.), uno de los personajes, Tanis el Manto Negro, se metió de lleno en ella, llegando un punto en que se estaba complicando su continuación en la campaña principal, así pues, decidimos hacer un spin off, en el que centrarnos en él y los “líos” en los que se había metido, y así pues, cambiando de personaje para jugar la campaña principal.

El rolato lo hace Pepe, alternando entre el punto de vista de Tanis y un narrador en tercera persona, Tanis en el presente y recordando el pasado cercano.

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PRÓLOGO I:

«Mi querida Darda,

Acontecimientos oscuros me llevan a separar nuestros caminos. Mi fe se ha tambaleado, pero no de una manera cómo solo tu podrías hacerlo y que aceptaría, sino de una forma a la que solo yo puedo poner remedio.

Mis actos para encontrar de nuevo mi fe me han llevado en levantar ampollas en gente muy influyente y a que mi nombre y actos sean difamados, pero con la ayuda de Prios podre limpiarlo y de paso volver a sentirlo a mi lado.

Jamás haría algo que pudiese hacerte poner en peligro, ya que te amo con locura, y a pesar de que me odies por esto, espero que entiendas que he de alejarme de ti, momentáneamente…. Cuando todo se resuelva volveré a tu lado y ni el propio Prios podrá volver a separarnos, pero si no lo consigo y sufro un fatal destino has de saber que mi último pensamiento será para ti.

Acontecimientos terribles se avecinan sobre la ciudad, lo he presentido, tu alma es buena, ayuda a los inocentes de la oscuridad que se cierne. He pedido que te dejen en tu habitación mi libro con las averiguaciones que posea, algunas de las cuales tú me has ayudado a recabar.

No soy quién para decirte lo que has de hacer, además sé que hagas lo que hagas harás lo correcto.

Por siempre tuyo,

 

Tanis Medianoche».

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Calentó en el fuego la punta del estoque, mientras miraba fríamente al noble. Tenía un aspecto muy desmejorado y apenas llevaba unas horas detenido. El noble miraba fríamente al manto negro –Te has equivocado. Has firmado tu propia sentencia de muerte– El manto negro se acercó a los barrotes –Fuiste muy rápido al sacar de la ciudad a tu familia– le dijo mientras acercaba su rostro al suyo. Casi sin tiempo para reaccionar apretó la punta al rojo de su estoque en la mano del noble. Este grito de dolor. En esos instantes el manto negro entro en la mente del noble. “¿Dónde está tu familia?” Esas palabras resonaron en ambas mentes. Una visión se dibujó en la mente del manto negro mientras sus ojos se volvían completamente azules, una granja en una aldea cercana… el noble ni siquiera se dio cuenta. El dolor en la mano se lo impidió…

 


La fina lluvia nos recibió en las cercanías de Templorrecio. Desde la colina ya divisábamos sus murallas. Thomar detuvo su caballo. Instantes después detuve el mío. –Pronto acabara hermano– me dijo solemne Thomar. –No le tengo miedo– conteste –Lo que ocurra será la voluntad de Prios– Justo cuando volvió a poner a cabalgar su caballo, contesto –Como debe ser–. Deje que se adelantase, y también que pasase delante mío el carruaje donde Lestra y Emundi pasaron conversando todo el camino. Solo entonces espoleé a mi caballo, pero tuve que detenerlo casi al instante, una punzada de dolor recorrió mi pecho. La herida era muy reciente, a pesar de los cuidados de aquella anciana, de hecho, solo Prios sabe cómo aun he llegado hasta aquí. Mis pensamientos viajaron a lo ocurrido hace dos días, tal vez si no pienso en la herida no duela…

 

…el manto negro abandono la posada, dejo el medallón en la habitación de la persona que más amaba y, a la que abandonaba la posada, una sensación de desasosiego le invadió, tal vez no volvería a verla… pero pronto desapareció debía llegar lo antes posible a aquella granja. Subió al carromato y salió por la puerta oeste de Fuertespina… a esa misma hora su amada lo hacía por la puerta norte con la intención de adentrarse en Davokar… tras una noche sin dormir siguiendo huellas, las de un carromato escoltado por cuatro jinetes, tal y como le había informado aquel guardia, preguntando por el paradero de la aldea en Brezoscuro, dobló el Bosque de la Herradura y pudo ver el humo de las chimeneas. No era tiempo de descansar. Preguntó en la única y austera taberna local por un carromato llegado hace poco, en un lugar así no debería haber pasado inadvertido. Y así fue. Solo pudieron dirigirse a la granja que estaba abandonada. Los tenía. Tenía su mayor prueba y con ello la posibilidad de limpiar su nombre, recuperar la fe y condenar a Salamos…

 

Las puertas de la ciudad se levantaban frente a nosotros. Thomar cabalgaba a mi lado. –Gracias por facilitar las cosas. Ha sido un honor escoltarte hasta aquí– sus palabras me trajeron de nuevo a la realdad, me sacaron de mis recuerdos y con ello volvió el dolor –Pase lo que pase en el juicio siempre serás un hermano. Solo has cumplido tu cometido. Ahora solo queda que Prios de su veredicto– contesto asintiendo. Las puertas se abren y entramos en la ciudad. El dolor es atroz. Vuelvo a recordar para no sentirlo…

 


…escondido en la linde del bosque el manto negro observaba la granja. Mercenarios del Sol custodiaban el granero, dos, y tres la entrada a la casa adyacente a este. Escabulléndose por detrás de una casa auxiliar llego hasta un lateral de la casa principal, junto a una ventana. Dentro otro más y su capitán. Casi sin tiempo a pensar una estrategia y distraído mirando el interior, de detrás de la casa apareció un nuevo mercenario que patrullaba, sorprendiéndolo y dando la alarma. Pronto se vio rodeado. Rezó a Prios y este envió a dos gigantescos y marmóreos guardaespaldas. En un abrir y cerrar de ojos uno de los enviados de Prios partió en dos a dos de los mercenarios. El manto negro se defendía eficazmente en el lateral de la casa. Los dos mercenarios que custodiaban el granero acudieron a la batalla. Tras atravesar la ventana para entrar en el ahora vacío interior de la granja, sintió como el estoque del capitán penetraba entre sus costillas. Dolor, pero se puso en pie. Tomó durante un segundo la iniciativa. Parecía tener el control. Afuera los enviados de Prios no tardarían en acabar con los mercenarios y el capitán parecía sufrir y defenderse a duras penas. Era su momento. Trato de cruzar la estancia y llegar a la puerta que comunicaba con el granero. Ahí estaban las criaturas, su prueba, de ellos dependería su vida…y ese fue su error. El capitán de los mercenarios se zafó de las criaturas marmoleas, ágilmente cruzo la estancia y se interpuso en su camino. Con una agilidad felina no solo le impidió el paso, sino que cuando quiso darse cuenta el manto negro, el estoque del capitán atravesaba su cuerpo. Dio unos titubeantes pasos hacia atrás. Solo Prios sabe cómo aún se tenía en pie. A su espalda los enviados de Prios se desvanecieron, las fuerzas le abandonaban, todo empezó a hacerse borroso. El manto negro se arrodillo. Su destino se volvió oscuro…

 

Miro la imponente catedral ante mí. En los últimos días me había imaginado en este mismo lugar, pero conduciendo un carro, sin dolor, y escuchando como dos criaturas se removían y gruñían en su interior. Nada más lejos de la realidad, lo único común de la ficción y la realidad es que, en ambas avanzo con la cabeza bien alta, pues Prios me guía. Descabalgo. Lestra me espera. Acaba de bajar del carruaje…

 

…el manto negro abrió los ojos. Seguía vivo. Alguien había cosido y vendado sus heridas, pero el dolor era punzante. Se incorporo de la cama. Descubrió que aún se encontraba en la aldea, pero en otra granja. Salió de la habitación, y se encontró en un salón en la que una anciana estaba en una rueca. Sorprendida de que estuviese en pie le insto a descansar. El manto negro se negó. Tras averiguar que llevaba un día inconsciente el anciano matrimonio le conto que le encontraron desangrándose en la granja, ya vacía. No se atrevieron a preguntar, y menos cuando vieron que el manto negro se fijó en los símbolos sobre la jamba de la puerta que les delataban como adoradores de los Muchos Dioses, que había ocurrido allí. El manto negro callo. Esos símbolos le recordaron a Darda, su amor. Agradeció los cuidados. Donó una importante suma de dinero por ellos al matrimonio y tras recuperar su montura se disponía a partir. En ese momento tres jinetes aparecieron en la aldea. Tres mantos negros. Thomar estaba a la cabeza. Le instaron a acompañarlos hasta Templorrecio. El futuro del manto negro seguía oscureciéndose…

Thomar, manto negro

 

Pasaron e hicieron un alto en Fuertespina. Durante el trayecto Thomar se presentó como la persona que defendería al noble en el juicio que se celebraría en Templorrecio. Una vez en el monasterio de Fuertespina el manto negro recibió una buena noticia. No iba a estar solo en ese juicio, su mentora había venido para defenderle. Le acompañaría en esos duros momentos. Su alma se alivió por unos momentos…

…mientras, en la oscuridad de Davokar, Darda dormía junto a Fenyek, Kiryn y Hoptar. Esa noche soñó con Tanis, con su amado….

 

Lestra

-Ante todo, gracias, por estar aquí en este momento– le digo mientras miro a los ojos de Lestra –puede que me encuentre aquí por mi inflexibilidad, por querer jugar en la misma mesa que gente mucho más influyente, por mi rigidez puede que me parta, pero el camino a seguir ante lo que se aproxima, tal vez sea el ser firme. Mis dudas en esa firmeza me hicieron tener dudas en la fe…- guardo silencio ya que es mentira que haya sido la primera vez que mi fe se tambaleo, Darda hizo que se tambalease, pero en esa ocasión tenía la seguridad de que hacia lo correcto. Lestra espera paciente a que continue hablando -¿Qué si no la fe en Prios puede poner una luz de esperanza ante lo que nos acecha?– consigo continuar diciendo –Has sido, desde la perdida de mis padres, todo lo que tengo, y tus enseñanzas han hecho de mí el hombre que soy. Siento si no he sabido actuar de la manera más inteligente en mis últimas decisiones, pero acatare y defenderé hasta las últimas consecuencias las mismas, y no dejare que ni tu nombre ni tu reputación se manchen– tras un momento de silencio y ante la impaciente mirada de Thomar desde las puertas de la catedral escucho la voz de Lestra –Entremos. Tu juicio empezará pronto-.

... ... ...

En el templo estaban ya reunidos todos los asistentes. El Gran Padre, la Curia, los curiosos espectadores que no querían perderse el juicio y por supuesto los acusados. El juicio no comenzó bien para el manto negro, que, tras presentar sus acusaciones de ocultar a entes corruptos en su casa, su propia familia, contra Kargoi Salamos, escuchó como el noble le acusaba de conspirar contra la iglesia y de asaltar ilegalmente su casa. Pronto quedo de manifiesto que el Gran Padre se inclinaba ligeramente a creer al noble y el manto negro se dio cuenta que sin la prueba principal iba a tener muy difícil apoyar sus acusaciones…

 

Camino entre la multitud que se ha congregado. Camino tranquilo, con la cabeza alta. Tras de mi escucho los lamentos e improperios de desesperación de Kargoi Salamos. Tiene miedo a la muerte. Tiene miedo a la hoguera.  

Prios ha dictado su sentencia. Cuando doblo la ultima calle veo ante mi la hoguera. Kargoi rompe a llorar…

 

El juicio continúa. Se acusa al manto negro de no haber terminado de dilucidar el caso de condena al asesino Angar de Styrgia por la muerte de Nicomo Lanseli. El manto negro se defiende diciendo que una lindorna hizo el trabajo por él. Muestra sus cicatrices. Las acusaciones continúan contra él. Malas amistades, las cuales asaltaron la propia casa del noble, una carta del padre Elfeno en el que se le acusa de perder el norte ayudando a un hereje de Fuertespina, pero una que saca de si al manto negro y es la que le acusa de tener una relación sentimental con la aprendiza de una hereje, Darda. El juicio empieza a ponerse oscuro para él…

 

Kargoi sigue maldiciendo, perjurando y suplicando mientras le atan al poste. A sus pies la leña y la brea está preparada. Me mira con odio, con desesperación, me mira como quien mira a un loco. Le devuelvo una mirada tranquila. Prios dicto su sentencia…

 

El manto negro hace un último alegato. Admite haber entrado en la casa del noble, admite el haberle extorsionado, pero pregunta cuál es la razón por la cual Kargoi aceptó la extorsión, que razón tan fuerte le hizo sucumbir a la propuesta de levantar la mano sobre el padre Sarvola. La respuesta del noble es evasiva y algo incoherente, pero es noble, y lazos le unen al Gran Padre y, tras relatar su pasado glorioso, se siente intocable. Tras el relato del noble, el manto negro solo le hace una pregunta, tranquilo tras parecer estar pensándola durante un tiempo, incluso concentrándose en ella: “¿Escondiste a tu familia corrupta en el sótano de tu casa?”. La respuesta del noble contundente y firme, negándolo, pero un atisbo de desesperación se dibuja en su rostro. El mantengo se sienta, parece por unos momentos satisfecho. El Gran Padre se dispone a dictar sentencia…

 


Las antorchas están encendidas, solo quedan unos instantes para que el veredicto de Prios se cumpla. A mi cabeza vienen las palabras del Gran Padre: “Solo existen dos culpable o dos inocentes. Si ambos son inocentes que se fundan en un abrazo de perdón y el noble quedará como siervo de Prios en el mismo Templorecio y el manto negro será recluido de por vida encargado de formar a nuevos hermanos en las artes de la magia y el combate en el monasterio de los Titanes. Si ambos son culpables serán condenados a la hoguera. La luz de Prios guía mi juicio”.

Mientras aprietan mis manos al poste miro a mi izquierda a Kargoi. Si rostro desencajado dista mucho del rostro afable de ayer cuando se acercaba a mí con intenciones de perdón y ganas de abrazarme, sino que se asemeja más a la cara de cuando me negué a abrazar a un traidor y un mentiroso. Incluso el Gran Padre se sorprendió y tuvo que acatar la sentencia de Prios.

Encienden mi hoguera. Mantengo la cabeza alta mientras escucho las últimas palabras desesperadas e inconexas de Kargoi. Vuelvo a sentir la mano de apoyo de Lestra en mi hombro el día del juicio y sus palabras “Siempre tan inflexible Tanis…”. Las llamas prenden. Mi pensamiento va hacia mis padres el ultimo día que los vi con vida. Las llamas empiezan a devorarme. No grito. Antes de que la oscuridad me lleve mi último pensamiento es para Darda. Me reconforta. La cabeza alta. No siento el dolor. No siento el calor de las llamas. Darda me abraza. La oscuridad me invade. No grito. Ahora estoy con Prios…

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EPÍLOGO I:

«Donde hay poca justicia es un peligro tener razón».

Farket de Qôrvando, poeta de Alberethor.-

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Y actualizamos el estado de los todos los personajes de Symbaroum Salvaje a estas alturas de la campaña:

Héroes de Symbaroum.

 

Marcados saludos.-