Aventuras en la Marca del Este, un retroclón español de la caja básica de D&D.

El Clan del Lobo Gris, aventureros proscritos, los últimos de su clan.

Estas son las crónicas de nuestras aventuras, con este magnífico sistema.

jueves, 2 de noviembre de 2023

Gente extraña, rutas extrañas

 


Buenas,

Seguimos con los rolatos de “El Anillo Único Segunda Edición”. Seguimos en Bree y alrededores, convirtiéndose en héroes locales, antes de salir a explorar Eriador. El rolato lo hace Óscar, desde el punto de vista de un curioso petirrojo.

Lo dicho con anterioridad, si puede que juegues las aventuras del módulo para Primera Edición “Bree”, será mejor que no siguas leyendo porque se te vas a spoilear tú solo.

Vamos con el rolato:

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PRÓLOGO I

Nos enferma lo desconocido, pero el conocimiento puede resultar venenoso”.

Alywin de Lindon.-

 

PRÓLOGO II

Comienzos del otoño del año 2.965TE, debería empezar a refrescar y las expediciones aprietan el paso para volver a sus hogares en invierno, o al menos llegar a sus destinos… Nuestros héroes se separaron, Norindel viajó a Rivendel para visitar a su padre, herrero en las forjas de Elrond y reconfortar así su corazón, dañado por la visión que tuvo al sentarse en el Trono de Piedra. Durthor viajó hasta el oeste, a las Montañas Azules, en su vertiente norte, en busca de un clan enano, los Karkarak, para devolverles una ancestral caja que había encontrado en la guarida del trol. En Bree, Jarno intentó averiguar todo lo que pudiera del tal “Gorlanc” y de Gror el enano, mientras se veía algunas noches con Ramnulf, el cual vivía en la espesura al norte de Bree, practicando la artesanía de los bollos de miel, especialidad beórnida, y vigilando a los viajeros sospechosos.

A primeros de septiembre los cuatro se volvieron a juntar, la cerveza corrió en El Poni Pisador, y de esa noche salió una canción, “El trol pisotón” y la reafirmación de que tenían que seguir atentos a los rumores. Quince días después, en conjunto, habían averiguado varias cosas: alguien había estado preguntando por ellos los últimos meses, en Bree y alrededores, pero no era un enano, si no un sureño de oscura tez y ropas..., por otra parte, Haleth, una conocida montaraz suya pasó por Bree de camino a Rhudaur y les dijo que, si querían saber más de Gorlanc que se reunieran con Mallor “Capabrea”, un compañero montaraz que quizá les pudiera esclarecer algo. A través de ella se concertó una cita, el día del equinoccio de otoño, el 23 de septiembre, Mallor se reuniría con ellos en la Posada Abandonada, a un día a caballo al este de Bree…

... ... ...

Un pequeño petirrojo surca el cielo en esta mañana de finales de verano en las cercanías de Bree, al animal le hace gracia ver el caminar de un pequeño grupo, bastante pintoresco por cierto, por un lado un noble elfo que intenta camuflar su condición a través de una capucha, un enano que va siempre farfullando de, ¿de qué? pues de cosas de enanos, de que si no, y dos hombres, el más bajo se le ve preocupado pues en su conversación habla del enfado de su mujer por volver a ausentarse con sus amigotes de nuevo y dejar de atender sus deberes familiares, el otro le escucha atento mientras acaricia el cuello de su caballo, el pequeño pájaro se posa sobre el hombro del hombre más alto, este sonríe y saca de su zurrón unas migajas de pan, que el pequeño pájaro devora, tras ello el pequeño animal lanza un gorgojeo  a modo de agradecimiento y retoma el vuelo.


El pequeño pelirrojo se ha posado en el alféizar de la ventana de la Posada Abandonada, en ella el animal se cobija reclamando los últimos rayos de sol de la tarde. A través de la ventana el animal observa a los cuatro aventureros, al parecer esperan la llegada de algún otro viajero, dentro de la posada hay más personas, un grupo de hombre de distintos lugares y un pequeño grupo de enanos que viajan con ellos, posiblemente comerciantes que van a Bree para hacer negocios con sus mercancías.

El pequeño pajarito duerme al cobijo de la ventana, pero un ruido le sobresalta, son varios de los aventureros que han salido al exterior y parecen buscar algo o a alguien, al poco tiempo el hombre más alto encuentra algo inesperado y horrendo, pues el cadáver de un hombre se encuentra en el interior del pozo, este hecho entristece y preocupan a los que el pájaro ya considera como sus amigos o al menos un divertido entretenimiento. 


El enano ha encontrado un cuchillo, posiblemente del montaraz al que han hallado asesinado, la hoja del arma esta fría, un frío sobrenatural que reafirman las sospechas de lo sucedido, pero aún no tienen pruebas de que o quien ha podido arrebatar la vida al hombre.

A la mañana siguiente el pelirrojo se despereza y sacude su pequeño cuerpo, haciendo mover todas las plumas y haciendo caer las diminutas gotas de rocío que se aposentaban en el animal, su pequeño gorgojeo llama la atención del hombre alto que le dedica un —"Buenos días amiguito" mientras le ofrece unas migajas de pastel de miel.

Seco y con la tripa llena el pajarito retoma en vuelo siguiendo a sus amigos, que a su vez siguen a la comitiva de mercaderes que se dirigen a Bree, es testigo del acercamiento y el intento por parte de estos de sacarles información a los mercaderes sin tener mucho éxito.

Estos, a regañadientes, admiten la compañía de los cuatro amigos, pero con la condición de que al día siguiente desaparezcan. Los amigos del petirrojo tratan de hablar con los mercaderes en el campamento, pero solo reciben caras largas por respuesta.

 

El día siguiente los cuatro amigos se separan para seguir a los mercaderes en sigilo y así espiarles. El petirrojo contento por la diversión, sigue sobre todo al humano alto y salvaje. Esa tarde sorprende a todo el mundo con fieros aullidos de lobos que bajan del norte. Los guerreros aferran las armas para el inminente combate, pero bestias, hombres y enanos por igual, son sorprendidos por un frío espectral y un ente malévolo hace presencia ante todos ellos. El petirrojo se refugia del frío entre el follaje de un castaño, viéndolo todo con pavor.

Cuando la situación parecía totalmente desesperada una cálida luz envuelve los corazones de los aventureros y del pequeño petirrojo, que había quedado petrificado, pues son cánticos élficos y una nueva comitiva de estos seres de los bosques hace dispersarse a la entidad y pone en fuga al gran lobo y sus secuaces, parece que esta noche será segura, pero el miedo se ha aferrado a los huesos y a los nervios igual que ese frío sepulcral.

El día siguiente, los aventureros optan por seguir con el sigilo e intentar sacar información de los viajeros desde las sombras del bosque, siempre con el recuerdo de la terrorífica criatura que los acecho la tarde anterior.

El petirrojo recobra fuerzas con los rayos de sol del nuevo día, hambriento revolotea por el bosque cercano al camino, persigue a un gordo insecto que desea como desayuno, y es entonces cuando un pequeño sollozo distrae al animal y salva la vida al molesto insecto volador, el pájaro ha descubierto a una niña al lado del camino, está desesperada y ruega ayuda.

Berelas

La mujer que acompaña a los comerciantes, un hombre, un enano y un muchacho joven salen al encuentro de la niña, parece que van a prestarle ayuda, se sorprenden al ver que de la maleza sale primero el aventurero más bajo y tras de él un par de minutos después el hombre alto, quizás tenga alguna miga para saciar el pequeño estómago del pajarillo, el caso es que todos se adelantan y se dirigen junto a la niña a una casa cercana.

Desde el rincón de una ventana el animalillo es testigo de cómo la mujer primero y el hombre alto después examinan a la madre y a la hermana de la niña, la mirada de ambos es de preocupación, el hombre alto no lo piensa dos veces y sale corriendo lo más velozmente que sus enormes zancadas le permiten con expresión de gran preocupación en el rostro.

Por el contrario, la mujer pide que la dejen a solas con las enfermas, es entonces, cuando ésta sola, deja resbalar en uno de sus dedos un aro dorado engastado por siete piedras, la mujer se concentra y las fuerzas sobrenaturales hacen presencia, mientras ella parece ayudar a las enfermas, el malévolo ente frío reaparece buscando una presa, desafortunadamente el hombre de Bree irrumpe en la sala y es atacado por el ente. Tras unos agonizantes minutos esa maldad helada desaparece no sin antes haber dejado mella en el hombre de Bree y en el joven que acompañaba a la mujer.


Pero no todo es malo, pues el hombre alto ha regresado en compañía del noble elfo, para descubrir la milagrosa recuperación de madre e hija y sortear de ese modo el frio aliento de la muerte.

Con más preguntas que respuestas los aventureros se dirigen a Bree, han de conseguir ese objeto maldito, pese a que gracias a él se han salvado dos vidas, pero si cambiase de manos a otras menos clementes podría traer mucha desgracia a este mundo.

El pequeño pelirrojo se hizo amigo del hombre alto, y no era extraño verlo revolotear a su alrededor, por eso fue testigo desde una viga en el interior del Poni Pisador de la conversación de los aventureros y la extraña mujer que viajaba con los comerciantes, ésta les hablo de pactos con un mago, de obligaciones y arrepentimiento, entre los nombres que se pronunciaron, un tal Grór salió a relucir, parecía que este no era desconocido para los amigos del pajarillo.

Aprovechando la seguridad y discreción que les proporcionaba la noche, decidieron marchar con la mujer fuera de Bree, pues destruir el anillo no era tarea fácil y contenía gran riesgo tanto para ellos como para las gentes de la localidad. Al parecer los amigos tenían intención de viajar a la casa de un elfo, cerca de las lejanas montañas... pero la primera noche a la intemperie hizo que la “sombre fría” volviera a aparecer, así que los amigos, tras defenderse, no sabían bien donde ir.

Sin un rumbo fijo, el hombre de Bree se acordó de una granja cercana, una granja que tenía una forja propia, una forja donde poder destruir el anillo con cierta seguridad, pero esta empresa no sería tan sencilla.

Tras unas horas caminando se llegó a la granja, convencieron a los dueños de esta que les prestasen la forja y en agradecimiento les invitaron a pasarse por Bree y de este modo proteger a los inocentes del mal que sabían que llegaría al iniciar el proceso de destrucción del anillo. 

 

Sin equivocarse lo más mínimo, cuando el elfo tomó el martillo y tras el primer impacto con gran fuerza en el reluciente y pequeño objeto, el mal se materializó.

El hombre de Bree y el elfo se enfocaron en destruir el anillo, mientras tanto el hombre alto protegía al resto del grupo luchando en solitario contra el maléfico ente.

Tras una lucha encarnizada al final el objeto fue destruido, pero quedaba el tema de Grór y sus secuaces.

El compañero enano de los aventureros se quedó en Bree para vigilar los pasos de los maleantes, los aventureros preocupados por la seguridad de este regresaron a Bree, pudo ser una decisión poco medida y racionalizada ya que pronto se lamentaron pues a la llegada del grupo, los estaban esperando.

Los maleantes les exigieron el objeto maldito, pero este había sido destruido a fuego y yunque. Los hombres iniciaron un salvaje ataque, les arrebatarían la vida a los aventureros si éstos no eran capaces de defenderse, todos lucharon con valor, pero las heridas arrastradas del combate anterior con el demonio helado hizo mella en ellos, el gran hombre blandiendo su lanza de un lado a otro término hincando la rodilla en el suelo, las fuerzas le abandonaban y la desesperación por no poder proteger a sus amigos se reflejaba en su rostro antes de que sus ojos se cerraran. La situación era crítica, el hombre de Bree y el elfo se defendían como podían de cada embestida pero los números no les favorecían y solo un milagro podría salvarlos, el elfo fue el siguiente en caer, el pequeño ave sintió como parte de la armonía de la naturaleza que les rodeaba se rompía cuando el elfo exhalo su último aliento con un hachazo en las tripas...

Cuando ya estaba todo perdido el hombre de Bree desesperado y con el corazón roto al ver a sus compañeros inertes en el suelo, se lanzó contra los villanos en un acto de locura, fue entonces con todo perdido, cuando se abrieron las puertas de Bree y la ansiada ayuda llego para terminar con la contienda, el guía de la caravana, más el niño y dos guardias de Bree.

La mujer asistió a el hombre alto que parecía recuperar fuerzas. Pero en los ojos de todos estaba la figura del elfo, de aquel que acabó con el mal del anillo a costa de su propia vida, el pequeño pelirrojo posado en la frente del elfo, parecía derramar una lagrima, al contacto de la pequeña y húmeda gota con la piel de éste, una brillante luz salió del interior del elfo, una luz que sólo veía el animalillo una luz que se elevó al cielo y escoltada por el ave se perdió en el infinito para reunirse con las estrellas.

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EPÍLOGO

Ese otoño, Gorlanc en su pequeña fortaleza creyó que podría reclamar todos los secretos y tesoros de Eriador. Pensaba que los dúnedain no eran más que forajidos y vagabundos que iban dando traspiés a ciegas por las ruinas de sus antiguos reinos. Creía que no habría nadie en el Norte que pudiera oponérsele, que las fuerzas de Arnor y Angmar se hicieron añicos la una contra la otra, y que no dejaron ningún poder importante en el Norte, al igual que Gondor y Mordor parecía, a sus ojos, destinadas a destruirse entre sí.

Pero no contaba con la fuerza de Rivendel...

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Durante los siguientes meses se escucharon rumores. Historias alocadas de luces que resplandecían en el cielo del norte, de una hueste de elfos que atravesaba los bosques, armada para la guerra.

Ese otoño, Gandalf fue visto varias veces en la Comarca y en Bree, apresurado, de acá para allá, como si tuviera algún recado importante. Los fronteros y los guardianes de Bree estuvieron especialmente ocupados ese invierno, pues unos hombres particularmente desagradables y agresivos cruzaron las fronteras sin permiso mientras huían hacia el sur.

Realmente, al norte, en una pequeña fortaleza, tras un corto asedio, el grupo variopinto de Gorlanc, compuesto por ladrones y saqueadores de tumbas, nunca tuvo esperanza de salir victorioso, especialmente sin el Anillo de las Siete Joyas, así que finalmente la fortaleza cayó ante el poderío de un grupo compuesto por montaraces del Norte y elfos de Rivendel dirigidos por Glorfindel, Elladan y Elrohir.

Pero en la oscura noche invernal había sombras que escapaban a todo control y discernimiento...

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Y así llegamos al final de la segunda parte de esta “Trilogía de Bree”. Ya estamos jugando la tercera y última parte.

Y, ahora queda actualizar el estado actual de los PJs tras finalizar esta aventura, incluyendo al elfo muerto y a su sucesor… ¡otro alto elfo, Naelorin! (que no se diga que los jugadores no son originales...):

Aventureros de Sombras sobre Eriador V.4.

 

Marcados saludos.-

martes, 22 de agosto de 2023

De viejos huesos y cueros

 


Buenas,

Pues vamos con el segundo rolato de El Anillo Único Segunda Edición. Los personajes siguen por las cercanías de Bree, así que voy a aprovechar el suplemento para Bree de Primera Edición, que no usé. El rolato lo hace Pepe, desde el punto de vista de su personaje Jarno, contándole, casi como un cuento, lo sucedido con Tomás y el trol, a su hijo Pietro.

Si puede que juegues las aventuras del módulo para Primer Edición Bree, será mejor que no siguas leyendo porque se te pueden desvelar cosas que arruinen tu diversión y las del resto de la mesa. Allá vamos:

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PRÓLOGO

El mundo no está en tus libros y mapas, está ahí fuera”.

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Eran los primeros días del otoño. Prendieron la chimenea y Jarno encendió su pipa. —Cuéntamelo de nuevo papa —dijo Pietro mientras se sentaba en el suelo cerca del fuego. Jarno exhaló el humo y comenzó a contar la historia con una sonrisa —Todo empezó en el Poni Pisador cuando el joven Tomás entró muy asustado gritando que había visto un fantasma en el cementerio. La posada estaba atestada de gente y quedaron estupefactos ante la entrada de Tomás. Su tío, Timeo, había muerto apenas dos días antes, y algunos pensaron que el joven había perdido la cabeza. No pocos salieron hacia el cementerio, pero con especial premura Norindel Ramnulf y Durthor. —Jarno dio una calada a la pipa. —¡Seguro que el elfo corrió más rápido que ninguno! —gritó emocionado Pietro —No lo sé hijo —contestó Jarno —ya que me lleve al joven Tomás a un pequeño salón, alejándolo de todos para intentar tranquilizarlo. Estaba realmente asustado y balbuceaba cosas como que su tío poseía un antiguo mapa con runas que solo él podría descifrar y que conducía a un tesoro. Decía que el mapa le pertenecía ahora a él. Y pienso que realmente había perdido la cabeza porque el hecho de que se encontrara a un fantasma en el cementerio era porque ¡quería desenterrar a su tío para coger ese mapa! Al parecer el viejo Timeo había sido enterrado con él.

 


Tras pensar detenidamente en las palabras del joven, atisbe veracidad en ellas, salvo en lo de que realmente solo el sabría descifrar el mapa. Calmé en lo que pude a Tomás y saliendo por la puerta trasera de la posada nos dirigimos al cementerio.

—¿Te encontraste con el elfo papa? —pregunto ansioso Pietro. —Claro —prosiguió calmado Jarno —Cuando llegué al cementerio allí estaban los tres, junto a la tumba de Timeo, la cual había sido excavada y su cuerpo había desaparecido. Ramnulf descubrió unas grandes huellas de lo que parecía un ser enorme el cual había estado merodeando por el cementerio —¡El fantasma! —gritó Pietro —¡Jajajaja! —rio Jarno —¡No!, claro que no, todo el mundo sabe que los fantasmas no dejan huellas. Llegamos a la conclusión de que debía de tratarse de un ser enorme y por las huellas dejadas además parecía muy rápido. El beórnida empezó a seguir el rastro, pero supimos que sin nuestros caballos jamás le alcanzaríamos.

Todos salvo él volvimos a buscar nuestras monturas. Durthor acompañó al joven Tomás a su casa, a por una mula, ya que insistía en venir con nosotros y conseguir ese tesoro que decía le pertenecía.

 


Casi al amanecer nos encontramos con Ramnulf que nos había dejado pistas para seguir su rastro y gracias a sus habilidades seguimos durante días el rastro de la bestia. No era fácil. Era más rápida de lo que pensábamos y descubrimos que solía avanzar de noche. Varias veces fueron las que perdimos el rastro cerca de las Quebradas del Sur y solo gracias a una montaraz que nos ayudó pudimos retomar de nuevo la pista.

—¿Cómo son las Quebradas papa? —preguntó Pietro —Es un lugar en el que no te gustaría estar hijo —contestó Jarno —La tristeza y la pesadumbre se apoderan de ti y entre la niebla puedes oír y casi ver sombras del pasado. De hecho, la niebla es tan densa que en un momento dado nos encontramos caminando solos ¡había dejado de ver a los demás y no supe en qué momento! Ninguno perdimos la calma y volvimos a juntarnos. Ramnulf pensaba que ya estábamos cerca de la bestia… y al poco tiempo llegamos a una pequeña cueva. En la entrada se encontraba un viejo e inmenso trol. Parecía dormido a tenor de sus grandes ronquidos, casi como los tuyos —¡Yo no ronco papa! —protestó Pietro —¡Jajajaja!, ya lo se hijo, era solo para ver si seguías atento. Como te he dicho el gran trol casi tapaba toda la entrada de la cueva —Prosiguió Jarno con su historia —y mientras pensábamos que hacer, Tomás, cosas de la juventud, trepó por la abertura de la cueva sin que nos diéramos cuenta. Fue una mala decisión ya que en ese momento el trol abrió un ojo y agarró a Tomás por el tobillo, lo zarandeó y lo estampó contra el suelo.

 


Tras ello el enano y el beórnida saltaron feroz y valientemente contra el trol mientras Norindel intentaba mantenerle a raya con su arco. El trol con su gran cachiporra daba terribles golpes. El suelo temblaba cuando fallaba y lo golpeaba con fuerza. A pesar de que Durthor y Ramnulf pelearon de una forma brava no fue hasta que siguieron mis consejos, cuando derrotaron al trol. Una vez el enemigo había caído escuchamos los gritos de Tomás. Tenía rota una de sus piernas. Tras entablillársela registramos la guarida del trol. Allí vimos varios esqueletos roídos ¡el trol se había dado un festín con ellos! Por suerte el cadáver del pobre Timeo aún estaba intacto. Tras dar digna sepultura a Timeo nos repartimos el tesoro que guardaba el trol y acordamos con Tomás repartir a partes iguales el tesoro de su tío.

Como bien dijo Tomás encontramos el mapa. Resultó ser un antiguo mapa enano, rodeado de runas que solo se podían ver si el mapa se exponía al humo. De no ser por Durthor y Norindel jamás habríamos descubierto esas runas. Una vez identificadas conseguimos descubrir cual era el lugar exacto donde de escondía el tesoro “El Túmulo Negro” en los pantanos de Moscagua. —Jarno se preparó otra pipa. Miro a Pietro y vio que lo miraba embelesado. Encendió la pipa y prosiguió su relato.

 


—Pusimos camino hacia allí. Era casi otra semana de marcha y teníamos además que cuidar de Tomás, ya que su pierna estaba rota.  Siguiendo las indicaciones del mapa avanzamos hacia el norte. Pero parecía ser que no solo nosotros andábamos tras el tesoro. Una noche, mientras todos dormían y yo hacia la guardia, un curioso cuervo logró arrebatar con su pico el mapa del zurrón de Durthor mientras dormía. Parecía que iba a levantar el vuelo con el mapa en su pico, pero en ese momento saque una de las gemas que conseguimos en la cueva del trol y logre llamar su atención. El cuervo sucumbió a su curiosidad y al brillo de la gema y soltó el mapa cambiándolo por la gema.

Fue a la mañana siguiente cuando Norindel dedujo que el cuervo cumplía órdenes de alguien que quería hacerse con el mapa.

Días después llegamos a un lugar entre los pantanos en el que las rocas formaban lo que parecía un adusto y antiguo trono. Se percibía la tristeza en el ambiente. Fue Norindel el que decidió sentarse en él. Pareció soñar durante unos instantes y cuando se levantó, sabía que dirección debíamos de tomar, pero en su rostro y sus ojos se dibujaba una gran tristeza.

Siguiendo las indicaciones del elfo llegamos al fin al Túmulo Negro. Una gran piedra circular sellaba la entrada. Durthor y Ramnulf movieron la piedra y gracias a la cuerda y el garfio del enano pudimos descender al interior de la cueva.

 


Varias tumbas y algún cadáver nos aguardaban, así como una trampilla que descendía aún más a lo que parecía otra sala con un rio subterráneo. Sin duda habíamos encontrado el tesoro que perseguía Tomás y que celosamente había guardado Timeo. Norindel no quería profanar aquel lugar por lo que en una sabia decisión ascendió de nuevo por la cuerda hasta la superficie. Instantes después oímos sus gritos de ayuda. —¿Corriste a ayudarlo? —Interrumpió Pietro —Claro, es lo que te iba a contar ahora —dijo Jarno, antes de proseguir su historia —Nada más escuchar los gritos de socorro del elfo trepé por la cuerda tan rápido como pude y pude ver que Ramnulf seguía tras de mí. Al llegar a la superficie me encontré que el elfo se encontraba rodeado por media docena de hombres malos apuntándole con arcos. Junto a ellos pude reconocer al padre de Tomás, que estaba pálido y asustado. El líder era un enano de aspecto fiero y sobre su hombro descansaba un cuervo, ¡Si!, el mismo cuervo que se llevó la joya y trato de robarnos el mapa.

Los malos, Pietro, pretendían encerrarnos dentro. Mire hacia la abertura de la cueva, pero aun Ramnulf no había conseguido trepar. Dando muestra de su maldad, empujaron al padre de Tomás dentro del túmulo. La cosa no pintaba bien. Trate de hablar con ellos, convencerles que no queríamos nada de lo que había en ese túmulo. Grór, que así se llamaba aquel enano, buscaba venganza, ya que el viejo Timeo había matado en aquel túmulo a su hermano gemelo, y reclamaba para si el tesoro.

Fue difícil buscar las palabras adecuadas para convencer a aquel rudo enano de que su venganza no le traería ningún bien, por fin y a cambio de una parte del tesoro del trol, accedió a dejarnos salir a todos con vida.

Todos volvimos sanos a Bree y a Tomás se le quitaron las ganas de perseguir más fantasmas. —concluyo Jarno —¡Wauh! —exclamó Pietro —Es una pena que aquel cuervo se llevase la joya —dijo con la cara entristecida. Jarno sonrió y rebusco en sus bolsillos. De uno de ellos saco un gran rubí y se lo mostró a Pietro. Este lo miro boquiabierto. —Bueno es hora de que vallamos al Poni Pisador a buscar a tu madre. Le regalaremos esta gema ¿qué te parece? —Pietro solo atino a aplaudir.

 


Camino de la posada Pietro pregunto —¿Por qué dejasteis que el enano y los malos os quitaran parte del tesoro? —Cuando seas mayor lo entenderás —contestó con media sonrisa Jarno.

Jarno no le había contado a Pietro, como tampoco le contó que casi termina aplastado por uno de los enormes pies del troll en la pelea con el monstruo, que Grór había amenazado a su familia y que, sin lugar a dudas, el vengativo enano, no se hubiese conformado con encerarlos en el túmulo, sino que hubiese cumplido sus amenazas poniendo en peligro a Pietro y Beatriz. A veces ni el mayor de los tesoros compensa el tesoro que es una familia. Además, Grór había mencionado que servía a “su maestro” un tal Gorlanc... tendría que investigar sobre ello...

 

Aquella noche Jarno y Pietro regalaron a Beatriz el rubí del trol y Jarno disfrutó como nunca de su gran tesoro que era su pequeña familia.

... ... ...

EPÍLOGO

La historia del viejo Timeo, de Tom y del viejo trol pasa de boca en boca y se hace popular en Bree, unos jóvenes hobbits que estaban de visita en Bree, llevan la historia a la Comarca, y así con el paso del tiempo se hace famosa un poema satírico hobbit… este poema, más de cincuenta años después será recitado por el hobbit Samsagaz Gamyi a la vista de los tres trols petrificados en el Bosque de los Trols:

 

El Trol solitario en su piedra sentado

un hueso mascaba amarillo y pelado.

Llevaba ya tiempo mondando y puliendo

pues no había alimento que dar al colmillo.

¡Y dale al colmillo! ¡Sacándole brillo!

Vivía en un cerro en su cueva apartado

y no hallaba carne que dar al colmillo.

 

Y allí que llegaba Tom con sus botazas

y al Trol preguntaba: "¿Qué es eso que mascas?

Parece la tibia de mi tío Timba

que aún debería seguir en su tumba.

¡Tumbado en su tumba! ¡Tumba catacumba!

Son ya muchos años que Tim nos dejara;

pensé que estaría tranquilo en su tumba".

 

El Trol dijo: "Bueno; yo robé ese hueso;

mas ¿qué hacen los huesos en un agujero?

Ya estaba tu tío bien muerto y bien frío

antes que conmigo su tibia topara.

¡Tibia de su pata! ¡Tibita tan flaca!

Puede compartirla con este trol viejo

pues a él ya no le hace ni pizca de falta".

 

Y Tom dijo: "Escucha, te daré una tunda,

no creas que vas a salir con la tuya,

robando a mi gente huesos de un pariente.

¿Serás tan decente de darme ese hueso?

¡Me das ese hueso! ¡Hueso patitieso!

Por más que esté muerto es aún cosa suya.

¡Haz pues el favor de pasarme ese hueso!"

 

"Tu tío, tu tía", el Trol se reía.

"¡También a ti voy a morderte las tibias!

Tu carne grasienta de perlas me sienta

y tanto me tientas que el diente te hinco.

¡El diente te hinco! ¡De un brinco te trinco!

Estoy ya cansado de pieles y tibias;

está decidido: ¡los dientes te hinco!"

 

Mas cuando juzgaba su cena ganada

se halló con las manos cogiendo la nada.

El Trol no discurre y Tom se le escurre

mientras se le ocurre patearlo y que aprenda.

"¡Le doy, y que aprenda! ¡Preparen la venda!

En las posaderas certera patada

hará que por siempre la lección aprenda".

 

Pero son bien recios, cual piedra, los huesos

y carnes de un trol que usa rocas de asiento.

¡Sería igual fiasco patear un peñasco!

Las nalgas (¡qué chasco!) de un trol nada sienten.

¡Las nalgas no sienten! ¡Los cuentos no mienten!

El trol ríe oyendo de Tom los lamentos

pues (bien se da cuenta) sus dedos sí sienten.

 

Desde su retorno anda Tom algo cojo,

y el pie sin la bota le causa aún enojo;

al Trol la noticia ni aflige ni alivia,

él rumia la tibia que birló al finado.

¡Finado pelado! ¡Timba deshuesado!

Su viejo trasero ni se puso rojo,

y él rumia la tibia que birló al finado.

... ... ...

 

Y así finaliza el rolato de esta aventura que inspiró un poema... Pronto seguiremos con nuestros héroes por la zona de Bree, ya que las sombras acechan... (Gorlanc, Sabina, Zoril, etc.).

Y, tras el rolato, estado actual de los PJs tras finalizar esta aventura:

Aventureros de Sombras sobre Eriador V.3.

 

Marcados saludos.-