Aventuras en la Marca del Este, un retroclón español de la caja básica de D&D.

El Clan del Lobo Gris, aventureros proscritos, los últimos de su clan.

Estas son las crónicas de nuestras aventuras, con este magnífico sistema.

martes, 22 de agosto de 2023

De viejos huesos y cueros

 


Buenas,

Pues vamos con el segundo rolato de El Anillo Único Segunda Edición. Los personajes siguen por las cercanías de Bree, así que voy a aprovechar el suplemento para Bree de Primera Edición, que no usé. El rolato lo hace Pepe, desde el punto de vista de su personaje Jarno, contándole, casi como un cuento, lo sucedido con Tomás y el trol, a su hijo Pietro.

Si puede que juegues las aventuras del módulo para Primer Edición Bree, será mejor que no siguas leyendo porque se te pueden desvelar cosas que arruinen tu diversión y las del resto de la mesa. Allá vamos:

... ... ...

PRÓLOGO

El mundo no está en tus libros y mapas, está ahí fuera”.

... ... ...

Eran los primeros días del otoño. Prendieron la chimenea y Jarno encendió su pipa. —Cuéntamelo de nuevo papa —dijo Pietro mientras se sentaba en el suelo cerca del fuego. Jarno exhaló el humo y comenzó a contar la historia con una sonrisa —Todo empezó en el Poni Pisador cuando el joven Tomás entró muy asustado gritando que había visto un fantasma en el cementerio. La posada estaba atestada de gente y quedaron estupefactos ante la entrada de Tomás. Su tío, Timeo, había muerto apenas dos días antes, y algunos pensaron que el joven había perdido la cabeza. No pocos salieron hacia el cementerio, pero con especial premura Norindel Ramnulf y Durthor. —Jarno dio una calada a la pipa. —¡Seguro que el elfo corrió más rápido que ninguno! —gritó emocionado Pietro —No lo sé hijo —contestó Jarno —ya que me lleve al joven Tomás a un pequeño salón, alejándolo de todos para intentar tranquilizarlo. Estaba realmente asustado y balbuceaba cosas como que su tío poseía un antiguo mapa con runas que solo él podría descifrar y que conducía a un tesoro. Decía que el mapa le pertenecía ahora a él. Y pienso que realmente había perdido la cabeza porque el hecho de que se encontrara a un fantasma en el cementerio era porque ¡quería desenterrar a su tío para coger ese mapa! Al parecer el viejo Timeo había sido enterrado con él.

 


Tras pensar detenidamente en las palabras del joven, atisbe veracidad en ellas, salvo en lo de que realmente solo el sabría descifrar el mapa. Calmé en lo que pude a Tomás y saliendo por la puerta trasera de la posada nos dirigimos al cementerio.

—¿Te encontraste con el elfo papa? —pregunto ansioso Pietro. —Claro —prosiguió calmado Jarno —Cuando llegué al cementerio allí estaban los tres, junto a la tumba de Timeo, la cual había sido excavada y su cuerpo había desaparecido. Ramnulf descubrió unas grandes huellas de lo que parecía un ser enorme el cual había estado merodeando por el cementerio —¡El fantasma! —gritó Pietro —¡Jajajaja! —rio Jarno —¡No!, claro que no, todo el mundo sabe que los fantasmas no dejan huellas. Llegamos a la conclusión de que debía de tratarse de un ser enorme y por las huellas dejadas además parecía muy rápido. El beórnida empezó a seguir el rastro, pero supimos que sin nuestros caballos jamás le alcanzaríamos.

Todos salvo él volvimos a buscar nuestras monturas. Durthor acompañó al joven Tomás a su casa, a por una mula, ya que insistía en venir con nosotros y conseguir ese tesoro que decía le pertenecía.

 


Casi al amanecer nos encontramos con Ramnulf que nos había dejado pistas para seguir su rastro y gracias a sus habilidades seguimos durante días el rastro de la bestia. No era fácil. Era más rápida de lo que pensábamos y descubrimos que solía avanzar de noche. Varias veces fueron las que perdimos el rastro cerca de las Quebradas del Sur y solo gracias a una montaraz que nos ayudó pudimos retomar de nuevo la pista.

—¿Cómo son las Quebradas papa? —preguntó Pietro —Es un lugar en el que no te gustaría estar hijo —contestó Jarno —La tristeza y la pesadumbre se apoderan de ti y entre la niebla puedes oír y casi ver sombras del pasado. De hecho, la niebla es tan densa que en un momento dado nos encontramos caminando solos ¡había dejado de ver a los demás y no supe en qué momento! Ninguno perdimos la calma y volvimos a juntarnos. Ramnulf pensaba que ya estábamos cerca de la bestia… y al poco tiempo llegamos a una pequeña cueva. En la entrada se encontraba un viejo e inmenso trol. Parecía dormido a tenor de sus grandes ronquidos, casi como los tuyos —¡Yo no ronco papa! —protestó Pietro —¡Jajajaja!, ya lo se hijo, era solo para ver si seguías atento. Como te he dicho el gran trol casi tapaba toda la entrada de la cueva —Prosiguió Jarno con su historia —y mientras pensábamos que hacer, Tomás, cosas de la juventud, trepó por la abertura de la cueva sin que nos diéramos cuenta. Fue una mala decisión ya que en ese momento el trol abrió un ojo y agarró a Tomás por el tobillo, lo zarandeó y lo estampó contra el suelo.

 


Tras ello el enano y el beórnida saltaron feroz y valientemente contra el trol mientras Norindel intentaba mantenerle a raya con su arco. El trol con su gran cachiporra daba terribles golpes. El suelo temblaba cuando fallaba y lo golpeaba con fuerza. A pesar de que Durthor y Ramnulf pelearon de una forma brava no fue hasta que siguieron mis consejos, cuando derrotaron al trol. Una vez el enemigo había caído escuchamos los gritos de Tomás. Tenía rota una de sus piernas. Tras entablillársela registramos la guarida del trol. Allí vimos varios esqueletos roídos ¡el trol se había dado un festín con ellos! Por suerte el cadáver del pobre Timeo aún estaba intacto. Tras dar digna sepultura a Timeo nos repartimos el tesoro que guardaba el trol y acordamos con Tomás repartir a partes iguales el tesoro de su tío.

Como bien dijo Tomás encontramos el mapa. Resultó ser un antiguo mapa enano, rodeado de runas que solo se podían ver si el mapa se exponía al humo. De no ser por Durthor y Norindel jamás habríamos descubierto esas runas. Una vez identificadas conseguimos descubrir cual era el lugar exacto donde de escondía el tesoro “El Túmulo Negro” en los pantanos de Moscagua. —Jarno se preparó otra pipa. Miro a Pietro y vio que lo miraba embelesado. Encendió la pipa y prosiguió su relato.

 


—Pusimos camino hacia allí. Era casi otra semana de marcha y teníamos además que cuidar de Tomás, ya que su pierna estaba rota.  Siguiendo las indicaciones del mapa avanzamos hacia el norte. Pero parecía ser que no solo nosotros andábamos tras el tesoro. Una noche, mientras todos dormían y yo hacia la guardia, un curioso cuervo logró arrebatar con su pico el mapa del zurrón de Durthor mientras dormía. Parecía que iba a levantar el vuelo con el mapa en su pico, pero en ese momento saque una de las gemas que conseguimos en la cueva del trol y logre llamar su atención. El cuervo sucumbió a su curiosidad y al brillo de la gema y soltó el mapa cambiándolo por la gema.

Fue a la mañana siguiente cuando Norindel dedujo que el cuervo cumplía órdenes de alguien que quería hacerse con el mapa.

Días después llegamos a un lugar entre los pantanos en el que las rocas formaban lo que parecía un adusto y antiguo trono. Se percibía la tristeza en el ambiente. Fue Norindel el que decidió sentarse en él. Pareció soñar durante unos instantes y cuando se levantó, sabía que dirección debíamos de tomar, pero en su rostro y sus ojos se dibujaba una gran tristeza.

Siguiendo las indicaciones del elfo llegamos al fin al Túmulo Negro. Una gran piedra circular sellaba la entrada. Durthor y Ramnulf movieron la piedra y gracias a la cuerda y el garfio del enano pudimos descender al interior de la cueva.

 


Varias tumbas y algún cadáver nos aguardaban, así como una trampilla que descendía aún más a lo que parecía otra sala con un rio subterráneo. Sin duda habíamos encontrado el tesoro que perseguía Tomás y que celosamente había guardado Timeo. Norindel no quería profanar aquel lugar por lo que en una sabia decisión ascendió de nuevo por la cuerda hasta la superficie. Instantes después oímos sus gritos de ayuda. —¿Corriste a ayudarlo? —Interrumpió Pietro —Claro, es lo que te iba a contar ahora —dijo Jarno, antes de proseguir su historia —Nada más escuchar los gritos de socorro del elfo trepé por la cuerda tan rápido como pude y pude ver que Ramnulf seguía tras de mí. Al llegar a la superficie me encontré que el elfo se encontraba rodeado por media docena de hombres malos apuntándole con arcos. Junto a ellos pude reconocer al padre de Tomás, que estaba pálido y asustado. El líder era un enano de aspecto fiero y sobre su hombro descansaba un cuervo, ¡Si!, el mismo cuervo que se llevó la joya y trato de robarnos el mapa.

Los malos, Pietro, pretendían encerrarnos dentro. Mire hacia la abertura de la cueva, pero aun Ramnulf no había conseguido trepar. Dando muestra de su maldad, empujaron al padre de Tomás dentro del túmulo. La cosa no pintaba bien. Trate de hablar con ellos, convencerles que no queríamos nada de lo que había en ese túmulo. Grór, que así se llamaba aquel enano, buscaba venganza, ya que el viejo Timeo había matado en aquel túmulo a su hermano gemelo, y reclamaba para si el tesoro.

Fue difícil buscar las palabras adecuadas para convencer a aquel rudo enano de que su venganza no le traería ningún bien, por fin y a cambio de una parte del tesoro del trol, accedió a dejarnos salir a todos con vida.

Todos volvimos sanos a Bree y a Tomás se le quitaron las ganas de perseguir más fantasmas. —concluyo Jarno —¡Wauh! —exclamó Pietro —Es una pena que aquel cuervo se llevase la joya —dijo con la cara entristecida. Jarno sonrió y rebusco en sus bolsillos. De uno de ellos saco un gran rubí y se lo mostró a Pietro. Este lo miro boquiabierto. —Bueno es hora de que vallamos al Poni Pisador a buscar a tu madre. Le regalaremos esta gema ¿qué te parece? —Pietro solo atino a aplaudir.

 


Camino de la posada Pietro pregunto —¿Por qué dejasteis que el enano y los malos os quitaran parte del tesoro? —Cuando seas mayor lo entenderás —contestó con media sonrisa Jarno.

Jarno no le había contado a Pietro, como tampoco le contó que casi termina aplastado por uno de los enormes pies del troll en la pelea con el monstruo, que Grór había amenazado a su familia y que, sin lugar a dudas, el vengativo enano, no se hubiese conformado con encerarlos en el túmulo, sino que hubiese cumplido sus amenazas poniendo en peligro a Pietro y Beatriz. A veces ni el mayor de los tesoros compensa el tesoro que es una familia. Además, Grór había mencionado que servía a “su maestro” un tal Gorlanc... tendría que investigar sobre ello...

 

Aquella noche Jarno y Pietro regalaron a Beatriz el rubí del trol y Jarno disfrutó como nunca de su gran tesoro que era su pequeña familia.

... ... ...

EPÍLOGO

La historia del viejo Timeo, de Tom y del viejo trol pasa de boca en boca y se hace popular en Bree, unos jóvenes hobbits que estaban de visita en Bree, llevan la historia a la Comarca, y así con el paso del tiempo se hace famosa un poema satírico hobbit… este poema, más de cincuenta años después será recitado por el hobbit Samsagaz Gamyi a la vista de los tres trols petrificados en el Bosque de los Trols:

 

El Trol solitario en su piedra sentado

un hueso mascaba amarillo y pelado.

Llevaba ya tiempo mondando y puliendo

pues no había alimento que dar al colmillo.

¡Y dale al colmillo! ¡Sacándole brillo!

Vivía en un cerro en su cueva apartado

y no hallaba carne que dar al colmillo.

 

Y allí que llegaba Tom con sus botazas

y al Trol preguntaba: "¿Qué es eso que mascas?

Parece la tibia de mi tío Timba

que aún debería seguir en su tumba.

¡Tumbado en su tumba! ¡Tumba catacumba!

Son ya muchos años que Tim nos dejara;

pensé que estaría tranquilo en su tumba".

 

El Trol dijo: "Bueno; yo robé ese hueso;

mas ¿qué hacen los huesos en un agujero?

Ya estaba tu tío bien muerto y bien frío

antes que conmigo su tibia topara.

¡Tibia de su pata! ¡Tibita tan flaca!

Puede compartirla con este trol viejo

pues a él ya no le hace ni pizca de falta".

 

Y Tom dijo: "Escucha, te daré una tunda,

no creas que vas a salir con la tuya,

robando a mi gente huesos de un pariente.

¿Serás tan decente de darme ese hueso?

¡Me das ese hueso! ¡Hueso patitieso!

Por más que esté muerto es aún cosa suya.

¡Haz pues el favor de pasarme ese hueso!"

 

"Tu tío, tu tía", el Trol se reía.

"¡También a ti voy a morderte las tibias!

Tu carne grasienta de perlas me sienta

y tanto me tientas que el diente te hinco.

¡El diente te hinco! ¡De un brinco te trinco!

Estoy ya cansado de pieles y tibias;

está decidido: ¡los dientes te hinco!"

 

Mas cuando juzgaba su cena ganada

se halló con las manos cogiendo la nada.

El Trol no discurre y Tom se le escurre

mientras se le ocurre patearlo y que aprenda.

"¡Le doy, y que aprenda! ¡Preparen la venda!

En las posaderas certera patada

hará que por siempre la lección aprenda".

 

Pero son bien recios, cual piedra, los huesos

y carnes de un trol que usa rocas de asiento.

¡Sería igual fiasco patear un peñasco!

Las nalgas (¡qué chasco!) de un trol nada sienten.

¡Las nalgas no sienten! ¡Los cuentos no mienten!

El trol ríe oyendo de Tom los lamentos

pues (bien se da cuenta) sus dedos sí sienten.

 

Desde su retorno anda Tom algo cojo,

y el pie sin la bota le causa aún enojo;

al Trol la noticia ni aflige ni alivia,

él rumia la tibia que birló al finado.

¡Finado pelado! ¡Timba deshuesado!

Su viejo trasero ni se puso rojo,

y él rumia la tibia que birló al finado.

... ... ...

 

Y así finaliza el rolato de esta aventura que inspiró un poema... Pronto seguiremos con nuestros héroes por la zona de Bree, ya que las sombras acechan... (Gorlanc, Sabina, Zoril, etc.).

Y, tras el rolato, estado actual de los PJs tras finalizar esta aventura:

Aventureros de Sombras sobre Eriador V.3.

 

Marcados saludos.-

martes, 25 de julio de 2023

La Estrella de la Niebla

 


Buenas,

Ale, primer rolato de El Anillo Único Segunda Edición. Es la narración de la aventura que vienen en el básico, así que, si crees que vas a jugarla, no sigas leyendo. El rolato lo hace Antonio, desde el punto de vista de su alto elfo Norindel, explicándole a Bilbo, su patrón, lo sucedido en la aventura.

Bueno, pues allá vamos:

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PRÓLOGO I

En Mithlond, los Puertos Grises, acunado por el suave oleaje marino de mayo, una gaviota levanta el vuelo entre la permeable somnolencia del puerto élfico. No vuela mucho, ya que bordeando el golfo de Lûne llega a las estribaciones sur de las Montañas Azules (o Ered Luin) a disfrutar con el lenguado que acaba de pescar con el pico. Desde el bosque de coníferas que abriga las montañas, un ciervo observa curioso a la gaviota, y parte raudo hacía el noreste hacía las praderas que rodena Elostirion, las Torres Blancas. Desde lo alto de una de las torres, una gran águila observa al cérvido y emprende el vuelo hacia el este, hacia su nido en las Montañas Nubladas. En un cielo preñado de blancas nubes primaverales sobrevuela una tierra salvaje y plagada de ruinas, pero cruza la Comarca y Bree, dos pequeñas islas de civilización en un infinito océano de terreno agreste.

El viaje de la gran águila continua, pero nos quedamos a la sombra de la gran ave, cuando pasa por encima de La Comarca, de Hobbitin, de Bolsón Cerrado, la mañana del día 25 de mayo del 2.965TE, un próspero hobbit, el dueño del hogar, pregunta a un variopinto grupo de aventureros: —“Entonces, ¿habéis resuelto el misterio de la Estrella de la Niebla?”—.

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PRÓLOGO II

Yo también te acompañaré”, dijo Legolas, “pues no temo a los muertos”.

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El viejo y pesado libro es dejado sobre la mesa por Norindel, Bilbo lo escruta con curiosidad pues no es para nada la misión que les encomendó aquel día en la posada de Entibo, recuerda claramente cuáles fueron sus palabras:

—“Hay una antigua torre en las estribaciones más orientales del sur de las Ered Luin, lo que queda de un poderoso castillo de la época de los reyes. Los viajeros hablan de una espeluznante luz azul que a veces puede verse incluso desde el vado de Sarn, como una estrella que brilla sobre las nieblas del río. Es un lugar al que nadie va y, por desgracia, desde hace un tiempo la gente ha empezado a desaparecer en sus alrededores. Acudid a la zona a investigar que está sucediendo.”

“Archivos de la Casa de Hadirion” reza en la portada, el elfo no solo lo dejo en la mesa si no que lo puso delante de sus manos, no necesitaba más invitación para tomarlo y empezar a hojear sus páginas, ávido lector cual soñador, el mundo desapareció a su alrededor mientras la historia que se contaba le transportaba muchos años atrás, a la época de los grandes reyes adunaicos que regían en el valle al sur de Elostrion.

«Aquí se registra la caída de la Casa de Hadirion y su esposa Elwen. Yo, Angnir, senescal y capitán de la guar­dia, escribo este registro para preservar su memoria. Fue en la época de…» ILEGIBLES VARIAS PÁGINAS «Construyeron un asiento de madera, a modo de trono, a la vista de los muros del castillo. Luego ata­ron a nuestro señor Hadirion a él, para atormentarlo y ridiculizarlo. Lo torturaron durante horas... Cuando los orcos le clavaron una corona de hierro en la cabeza, aclamando a Hadirion como el legítimo gobernante de estas tierras, la dama Elwen me convocó y me pidió que demostrara mi reputación como mejor arquero de Arthedain. Elegí una flecha de las que recibí de mi padre, y él de su padre anteriormente. Un dardo blanco emplu­mado y esbelto». «Tensé el arco con todas mis fuerzas y la flecha voló recta, atravesando la mano de un enorme orco que atormentaba a Hadirion y enterrándose profunda­mente en el pecho de mi señor. Rompí mi arco después de tal hazaña…»

El resto de los registros relataban la caída del castillo en diversos fragmentos: enanos traidores permitieron que los enemigos entraran en el castillo sin ser detectados. Quienes sobrevivieron al ataque huyeron bajo tierra y quedaron atrapados, y la dama Elwen desapareció.

 

Tras una hora de intensa lectura, horrorizado por lo último leído, levantó la mirada y la realidad le vino encima, había tenido a nuestros cuatro aventureros en la mesa en completo silencio pues no querían interrumpirle, pero sin ser conscientes que igual que estuvo una hora podía haber estado diez si el libro estuviese en mejor estado.

—Mi señor Bilbo —tomó el elfo la palabra— ese libro lo encontramos en una fortaleza en ruinas a los pies de las Ered Luin, pero deje que le contemos desde el principio. Hace casi una luna que nos reunió y pidió que investigásemos algunas desapariciones que han sucedido en aquella zona, cierto que la ida nos tomó algo mas de tiempo pues la ruta no era clara y tuvimos algunos imprevistos.

Tomamos el Camino Verde hacia el sur, y atravesando la zona de las Quebradas Durthor y yo pudimos contemplar algún espíritu errante, cosa que hiela el corazón, pero rápidamente dejamos atrás pues no es buena idea adentrarse, y tampoco pasar allí la noche, pero aun así tuvimos que hacerlo, por suerte nada nos perturbó, aunque parece que esto ensombreció la faz del bueno de Jarno.

 


Seguimos hasta desviarnos en el camino que lleva a La Comarca, al oeste para cruzar el Baranduin, solo destacar un grupo de asaltantes, posiblemente dunlendinos, pero nos apartamos para no tener problemas con ellos, no teníamos tiempo y si una misión que cumplir, con suerte a la vuelta los encontraríamos, cosa que no fue así. Tras cruzar el rio hicimos una última noche en los que seria territorio civilizado, pues después tocaba desviarnos hacia las montañas. Esa noche ya la vimos muy claramente, el destino que nos indicó, una luz brillaba en lo alto de una desvencijada torre, y debíamos ir atravesando esa tierra árida, con los caballos de la mano.

Cuando nos fuimos acercando a la zona, decidimos que el sigilo era nuestra mejor opción, por lo que dos de nosotros íbamos delante, en silencio inspeccionando el terreno, mientras que el resto nos seguía con los caballos, y fue una gran decisión pues a los pies de las montañas vimos una cueva con cinco hombres armados guardando la entrada, efectivamente eran bandidos, Durthor y Ramnulf bajaron a la entrada a hablar con ellos, no sea que les estemos juzgando antes de tiempo, pero efectivamente no tardaron, cuatro de ellos, en abalanzarse hacia mis compañeros, que prevenidos hicieron muestra de su buen uso del hacha y la lanza, mientras que Jarno y yo desde una posición ventajosa con nuestro arco dimos buen apoyo. Cayeron, pero uno de ellos había salido corriendo dentro de la cueva, seguramente a dar la alarma. Corrimos cueva adentro tras él, no era muy profunda y finalizaba en una escalera que bajaba pegada al acantilado que nos separaba de la fortaleza en ruinas. Otros dos bandidos nos hicieron frente, Ramnulf con su lanza ayudó al enano a enfrentarse a ellos. Jarno había quedado atrás intentando sacar algo de información a los bandidos caídos. Yo con mis flechas intentaba parar al que se alejaba dando la voz de alarma, rápidamente los teníamos encima, y el maldito que salió corriendo corto las cuerdas que sustentaba el rudimental puente que cruzaba el abismo. Se nos había escapado dentro, tras una pequeña puerta que se adentraba en la oscuridad.

 


Sin opciones para cruzar… algo debemos de hacer. La distancia es muy larga para que un humano pueda saltarla, por lo que el enano propone tensar tres cueras y hacer un paso improvisado. Tomo impulso y con una cuerda en la mano salto al otro extremo y la ato a un poste mientras que en el otro extremo hacen lo mismo en el otro lado. Me lanzan dos cuerdas mas y repetimos la operación, y ya tenemos una forma con la que poder cruzar todos. Mis compañeros pueden cruzar con algún esfuerzo —Ramnulf hace un gesto reflejo moviendo el hombro cuando recuerda lo que sucedió, resbaló y cayó buena parte de la ladera, por suerte fue mayor la herida en su orgullo que real, y agradece que el elfo omita esta parte— pero ya estamos al pie de la fortaleza. Con un disparo certero corto el extremo de una cuerda para recuperar por si nos pueda ser necesaria más adelante. No se pudo sacar mucha información de los bandidos, no sabemos cuántos bandidos habría, solo que ahora no se encontraban por allí.

La sala es completamente oscura por lo que sacamos antorchas y linternas, una sala con algo de humedad y poco acogedora, seguramente una antigua sala de la guardia que parece ser usada por los bandidos para pasar las noches, algunos jergones para dormir, pertenencias personales y poca cosa más, salvo la puerta que se adentra en la fortaleza.

Una gran sala inundada hasta la cintura, el aire es insalubre, denso y sofocante, como si un peso nos oprimiera lentamente, muchos sepulcros de los hombres del oeste la llenan, la mayoría rotas, una escalera que sube hacia las torres superiores y un gran pasillo que se adentra hacia adentro donde nos parece ver una pequeña sombra que se pierde dentro tras observarnos.

De repente, por ese pasillo suena una campana y unas extrañas criaturas emergen del agua a por nosotros, espada en una mano y la linterna en la otra luchamos contra ellos, son muchos, el beórnida recibe un fuerte golpe en el pecho que lo deja caído sobre una de las lapidas, Durthor consigue quitarse los muertos vivientes que tenía encima y consigue ayudar a nuestro compañero, mientras Jarno y yo nos mantenemos luchando con los que nos estaban atacando. Finalmente pudimos derrotarlos, aunque alguno consiguió huir. En una de las tumbas estaba este libro, lo tome para que no se destruyera y perdiera el conocimiento que el contiene y quizá diese alguna pista de que sucedió en el pasado.

Dado que ese no era un lugar seguro, decidimos subir las escaleras hasta la parte alta de las torres. No sé cuántos escalones subimos, pero fueron muchos, con algunas heridas, pero reconfortados de salir de esa sala maldita. El ambiente no mejor mucho, una densa niebla que solo era atravesada levemente por la luz en lo alto del Sol y una fría luz azul al frente, colina arriba. Descansamos unos momentos, curamos y tratamos las heridas y di una primera lectura rápida del libro, la antigua fortaleza humana, el asedio de los orcos, la traición de los enanos y el terrible final de Hadirion. Examinando la zona un poco antes de partir hacia la extraña luz, un gran pozo que se hundía en las profundidades y unas extrañas palabras escritas en la pared en la lengua de Mordor, no lo leí en alto para no alterar a mis compañeros, pero esas palabras se me clavaron en el alma, pues ellas traían una maldición del propio Rey Brujo, le vi con mis propios ojos, montado en su negra montura, llevando sus tropas dentro de la ciudad en llamas, y en un momento sentí su mirada fija en mí. Un dolor me saco de la visión, di un par de pasos atrás, la mano en el pecho recupere el aliento y relate a mis compañeros lo que había visto. Debíamos de terminar con el mal que allí yacía.

 


Tomamos camino por la superficie hacia la luz, nos pareció más rápido que estar moviéndonos por el interior de esa ciudad fortaleza que no conocíamos, pero a mitad de camino una aparición ante nosotros, el espíritu de una mujer noble se presentó bajando unas escaleras, por lo que había leído intuimos que podía ser la dama Elwen: —“¿Por qué habéis venido? Aquí no hay nada, solo la muerte. Abandonad este lugar o uníos a mi tormento”.

Venimos a liberarla, le dije, pero no creo que escuchase nada de lo que dijimos, de sus manos aparecieron una espada y una lanza, y se abalanzo hacia nosotros. Era muy rápida, a mi me hizo un duro tajo en el brazo que llevaba la lampara, por suerte éramos cuatro y primero el enano y luego el beórnida consiguieron herir y desvanecer su etérea presencia, transformándose en una luz de vuelta hacia el faro azul que recobró más brillo con su regreso.

El terreno escarpado, rocas y restos, ruinas de lo que fue una espléndida ciudad, extraña y pútrida naturaleza crece aquí, pero debíamos seguir hasta llegar a aquella torre que ya teníamos cerca. Jarno tuvo un encuentro con un enano contrahecho, quizá la sombra que nos espiaba en los subterráneos.

Fuimos subiendo hasta lo que pudo ser el palacio, y de la torre principal, en lo mas alto, la luz azul que era visible en toda la comarca. Con mucho cuidado fuimos subiendo, sabedores que la dama Elwen volvería a visitarnos. Y al llegar a la última planta… allí estaba, erguida y noble, a la izquierda de donde se encontraban los restos mortales del señor Hadirion, un cuerpo momificado atado a un trono de madera podrida, con una corona de metal clavada en la cabeza. En la corona hay una gema azul brillante. Volvieron a aparecer las armas en sus manos y nuevamente se abalanzó hacia nosotros. Ramnulf aun herido y Durthor la hicieron frente, mientras Jarno y yo los esquivamos para ir al cuerpo del rey, debíamos de arrancar esa maldita corona de su cabeza y destruirla, y esperábamos que eso rompiese la maldición.

 


Pudimos evitar sus ataques y finalmente arrancar la corona de la cabeza, y el espíritu de la dama quedo liberado de la maldición, pudimos apreciar su gran belleza y una mirada de alivio y gratitud, y un momento después transformarse en ceniza que fue llevada por el viento, y empezó a disiparse la extraña niebla que cubría todo.

Llegados a este punto tomamos un descanso y comimos algo mientras decidíamos que hacer. Teníamos tres opciones. Seguir investigando las ruinas, volver por donde vinimos o intentar un descenso montaña abajo. El enano, como no, era mas participe de la primera opción, cuando estuvimos en la sala inundada vimos una figura que se adentraba y pensaba que podía ser era un enano, y tenía cierto interés en conocerlos. Evidentemente no habíamos podido aun leer el libro en profundidad donde relata su traición, y fue un acierto que no decidiésemos ese camino. La opción de volver por donde vinimos la descartamos rápido, había un grupo de bandidos que estaría esperándonos en aquella sala, y estando tan cansados y heridos no tendríamos muchas opciones. Así pues, solo nos quedaba bajar con cuidado por la ladera. Nos fuimos ayudando, sujetos a una soga y lo mas despacio que pudimos, pero a mitad de descenso y seguramente por las duras heridas que tenía, el beórnida trastabillo y cayo diez metros rodando abajo. Su pierna izquierda se rompió en el descenso. Necesitaba descanso y que se le volviesen a tratar las heridas. Mientras tanto, Jarno se escabulló hacia detrás de la cueva de los bandidos a recuperar los caballos donde los habíamos dejado escondidos. Tardo casi medio día, no pensaba que nos habíamos alejado tanto, pero el tiempo vino bien a Ramnulf. Finalmente atravesamos el valle hasta el puente del Baranduin y Camino Verde hasta aquí.

Y esa es nuestra historia maese Sotomonte. Conseguimos destruir la maldición y recuperar este volumen que seguro que usted sabe dónde guardar.

Bilbo los miro con orgullo, habían cumplido con lo que se les había encargado y pudieron además rescatar algo de la historia de aquel lugar. Agradecido se despidió aconsejándoles descansar bien pues seguramente pronto les reclamaría.

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EPÍLOGO

El tipo moreno, bajo y fibroso, vestido completamente de negro, aprovechó su poca estatura para esconderse a la alargada sombra nocturna de la empalizada de Bree. Era hábil ocultándose en las sombras. Sabian, pues ese era su nombre, esperó, contó hasta 50 y luego con agilidad felina se encaramó y saltó la valla. Tal y cómo había supuesto los guardias de la puerta ya habían pasado. El camino estaba expedito.

En la noche, a parte de luces ventanas, en Bree destacaba el ruido y las múltiples luces del Poni Pisador y hacía allí se dirigió Sabian. Había seguido a los cuatro tipos que habían acabado con sus planes desde la distancia. Los había perdido un par de veces, pero solo había un sitio al que pudieran dirigirse, por el camino hacia el norte, Bree. Si no estaban aquí, seguramente estarían por las proximidades.

Tendría que investigarlos, ver quiénes eran y por qué se habían entrometido en sus planes, estudiar sus puntos débiles y para quién trabajaban. Ella, Zoril, iba a solicitarle toda esa información seguro, y a Sabian no le gustaba defraudar a Zoril...

... ... ...

 

Y aquí acaba el rolato de esta primera aventura e inicio de campaña a EAU, mi propósito es seguir con ella con varias aventuras en Bree, para subir a los PJs y luego cuando tenga en mis manos “Ruins of the Lost Realm”, darle caña.

Y, como siempre tras un rolato, estado actual de los PJs tras finalizar esta aventura:

Aventurerosde Sombras sobre Eriador V.2.

 

Marcados saludos.-